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El cuarto año de la bancacarrota capitalista

Declaración del Secretariado de la CRCI - 1 de Octubre de 2010

El desarrollo de los acontecimientos internacionales, en especial los de carácter político, siguen confirmando las perspectivas señaladas por nosotros sobre la bancarrota capitalista mundial desde mucho antes de su estallido en julio de 2007. Reivindicamos, fundamentalmente, el alcance revolucionario que hemos otorgado a este proceso, en el sentido ya señalado por Marx: "el desarrollo del sistema de crédito" (y el aún más intenso registrado por el desarrollo del capital ficticio en las últimas décadas), "acelera la crisis (…) y los elementos de la disolución del viejo modo de producción." El agravamiento violento de las contradicciones entre Estados Unidos, Japón y China, por un lado, y la masiva devaluación del dólar y, por lo tanto, de la deuda externa norteamericana, del otro, dejan planteada ahora una dislocación de la economía mundial y una crisis del conjunto del sistema monetario. Esto tiene lugar cuando la crisis ingresa en su cuarto año y luego de una intervención maciza de los principales estados imperialistas para rescatar de la quiebra a los bancos y a los principales pulpos imperialistas. Se equivocan los que aseguran que la nueva etapa de la crisis apunta a un 'rebalanceo' de la economía mundial: la nueva emisión masiva de moneda, por parte de Estados Unidos, equivale a una gigantesca desvalorización de su deuda pública, en perjuicio de China, Japón, Alemania y los llamados emergentes que han acumulado reservas en sus bancos centrales. Por otro lado, una revalorización de la moneda china, el yuan, plantea el desmantelamiento del régimen de protección instalado por el Estado chino frente a la penetración tumultuosa del capital financiero internacional. El desequilibrio monetario internacional no es la causa de la crisis, sino al revés: es el reflejo de la bancarrota capitalista mundial. La sola mención de una declaración de default de hecho, por parte de Estados Unidos, y del ultimátum a China para que libere su sistema financiero, por parte del capital internacional y los estados imperialistas, da una dimensión de la etapa explosiva que se inicia. El final de la recesión norteamericana se ha revelado un mito: la reanudación de la producción después del colapso de finales de 2008 no ha alcanzado los niveles previos a la crisis ni ha tenido lugar en condiciones de normalización de la economía, sino, por el contrario, en medio del hundimiento del sistema hipotecario y de desalojos masivos; del incremento de la desocupación; de subsidios masivos a través del incremento del gasto fiscal y de la emisión monetaria. Es una media verdad la de los economistas keynesianos que sostienen como salida un programa macizo de inversiones estatales en infraestructura financiada por emisión de moneda. Ocurre que, en tal caso, el Estado se haría cargo tanto de la inversión como del crédito; desplazaría a la banca y convertiría al capital en una dependencia financiera del Estado; sería un pasaje al capitalismo de Estado, que aceleraría la quiebra de la mayoría de la banca. Semejante salida supone la nacionalización más o menos integral del sistema bancario e incluso de parte de la industria. Si estas medidas fueran desarrolladas, siempre en un marco de capitalismo de estado, acentuarían la rivalidad capitalista internacional y un retorno a la autarquía económica. (El impasse de las medidas de rescate del capital adoptadas por los diferentes estados, acentúa "la disolución del viejo orden" y desarrolla las condiciones políticas de una crisis revolucionaria). A nadie escapa, por otro lado, los desequilibrios interiores de China, donde su sistema inmobiliario se encuentra endeudado en un 800% del PBI y donde la mayoría de sus industrias tiene una capacidad excedente enorme, en medio de una expropiación masiva de campesinos; el impasse enorme de Japón, donde las tendencias deflacionarias están paralizando de nuevo a la economía, y la deuda pública, del 300% del PBI, no deja de crecer; la virtual bancarrota de la Unión Europea (Portugal, España, Grecia, Irlanda, a la que se acercan cada vez más Italia y Francia); y finalmente las llamadas economías emergentes, que atraviesan una burbuja especulativa explosiva, como consecuencia del ingreso masivo de capitales de corto plazo, que han inflado al extremo sus economías. No hay asomo de duda de que estas economías tienen un potencial enorme de desarrollo, pero de ningún modo sobre la base del sistema actual de producción, o en todo caso sin pasar antes por enormes crisis que, incluso lejos de liberar su potencial de desarrollo, podrían someterlas a una mayor esclavización por parte del capital financiero. La contradicción más explosiva de la situación económica internacional corriente es que el conjunto de los países capitalistas depende de la demanda que genera Estados Unidos y por lo tanto de sus planes de emisión y de 'estímulo fiscal'; sin embargo, es esta política la que desata una llamada guerra monetaria y la amenaza de colapso para los principales rivales de Estados Unidos. Las posibilidades de un acuerdo internacional que produzca un 'rebalanceo' monetario entre los principales países está descartado; una bancarrota de estas dimensiones no se arregla en conversaciones; cualquier acuerdo sería, por definición, ficticio y precario, preparatorio de nuevos choques, porque las contradicciones en presencia no tienen salida sino por la fuerza relativa de los contendientes. Los términos de la disputa ponen de manifiesto la fantasía que anima a quienes presentan a China como el polo imperialista emergente que reemplazará al imperialismo norteamericano, porque todo apunta, al contrario, a una enorme presión internacional para someter a China al capital financiero mundial. En todo caso, la decadencia del imperialismo yanqui es manifiesta, pero ella no expresa el destino de un determinado capitalismo nacional sino del conjunto del capitalismo. La posibilidad teórica de que China pudiera en un futuro convertirse en un nuevo referente imperialista, supone crisis, guerras y revoluciones que deberían llevar a una victoria de la humanidad contra el capitalismo mundial.

La bancarrota capitalista no solamente ha puesto al descubierto la miseria social de las grandes masas en las condiciones capitalistas, en especial en los países desarrollados, sino que la ha agravado considerablemente. Le ha cerrado el futuro por completo a las nuevas generaciones. Este empobrecimiento radical ha comenzado a tener expresión en las movilizaciones populares, como ya se reveló y se acentúa en Grecia; en las huelgas en China, Vietnam, Bangladesh, Cambodia y Sudáfrica, en el marco de la carencia total de derechos democráticos; en el paro del 29.9 en España; en el agravamiento del enfrentamiento entre la Cofindustria y la Fiat, en Italia, contra el sindicato FIOM; en las manifestaciones y huelgas a repetición en Francia, contra la elevación de la edad de retiro laboral; y en las movilizaciones obreras y campesinas en Bolivia, Ecuador, Venezuela, Uruguay y Argentina. El mito de la ausencia del 'factor subjetivo', como un argumento contra las tendencias reales de lucha de las masas, va saltando por los aires. Este desarrollo imparable pone de manifiesto que el 'factor subjetivo' que bloquea la movilización de las masas, son sus organizaciones mayoritarias y de la izquierda (precisamente las mismas que justifican su pasividad y su compromiso con el capital con el argumento de que el 'factor subjetivo' es inexistente), que se esfuerzan por contener este movimiento dentro de ciertos límites y traicionarlo. En Europa, todas las burocracias sindicales se esfuerzan por encontrar una salida negociada al ataque a los derechos sociales de las masas; en Italia, la mayor parte de ella ha entrado en una alianza con la gran patronal, incluida una parte de la CGIL, pero al mismo tiempo la resistencia del sindicato FIOM es fragmentaria, escalonada, frenadora, porque apunta a hacer regresar las relaciones laborales al estadio anterior a la crisis desatada por los planes antilaborales de la Fiat. En Francia, ante la tendencia a la huelga general, las burocracias de la CGT y de la CFDT, que en ningún momento plantearon el retiro del proyecto de Sarkozy, han comenzado a hablar de "un retiro ordenado" - un esfuerzo final para salvar al gobierno, que probablemente no podría sobrevivir a una derrota. En esta situación, una organización trotskista tradicional (Lutte Ouvrière), insiste en que "la relación de fuerzas" sigue siendo desfavorable; que la consigna de huelga general no está a la orden del día; elogia la elección de los sábados como día para manifestar, con el curioso argumento de que ayuda a participar a quienes no pueden hacer huelga (como si la posibilidad de cada obrero o de cada lugar de trabajo dependiera de si misma y no del movimiento colectivo de la clase e incluso del pueblo). El conjunto de la izquierda continúa viendo a la bancarrota capitalista como una desgracia social (con esta caracterización justifica incluso el apoyo a los planes del FMI, como ocurrió con el Bloco de Esquerda de Portugal, que votó en el Parlamento el programa de la UE-FMI, que impuso medidas draconianas contra el pueblo griego, o que o se niega a plantear el repudio de la deuda externa), y no como la aceleración de la tendencia del capital a la crisis y a la disolución del viejo orden. Es necesario desarrollar una vanguardia que impulse la posibilidad de hacer conciente lo inconciente y de revolucionar las organizaciones y las formas de organización de las masas. Pero el desarrollo de esta vanguardia plantea el abordaje revolucionario de la bancarrota capitalista internacional, o sea un programa de transición hacia la revolución socialista. "El marxismo se considera a sí mismo, señala Trotsky en sus "Notas filosóficas de 1933/35) como la expresión conciente de un proceso histórico inconsciente (…) un proceso que coincide con su expresión conciente solamente en sus puntos más altos, cuando las masas con fuerza elemental derriban las puertas de la rutina social y dan una expresión vigorosa a las necesidades más profundas del proceso histórico. La expresión más alta del proceso histórico en esos momentos se funde con la acción inmediata de las capas más bajas de las masas oprimidas, que son las que se encuentran más distantes de la teoría. La unión creativa de lo conciente con lo inconsciente es lo que usualmente se denomina inspiración. La revolución es la irrupción violenta de la inspiración en la historia". Llevar al proletariado la conciencia de la bancarrota capitalista, es la tarea estratégica preparatoria de un partido revolucionario.

La bancarrota capitalista ha tenido un impacto todavía limitado en los regímenes políticos existentes, pero la tendencia es clara - una división creciente en la cima. Hace dos años, la elección de Obama era vista como una salida al impasse político e internacional creado por Bush desde 2001; hoy se lo da por desahuciado, precisamente porque ha sido incapaz de hacer frente a la desocupación y a los desalojos masivos. Resurge, en cambio, el ala derechista a la que se le adjudicó la responsabilidad de la derrota republicana en 2008. El llamado Tea Party, generosamente financiado por las corporaciones, es sin embargo una fracción ultraminoritaria exaltada por la gran prensa, que levanta un programa de ajuste que hundiría a Estados Unidos en una depresión. Es un factor, no de salida a la crisis, sino de acentuación del impasse del régimen político y de potencial polarización política, que destruiría al famoso 'centro' de los Estados Unidos. En Italia, el imbatible Berlusconi es hoy una farsa incluso en las encuestas: la Fiat, Cofindustria y la gran banca internacionalizada han roto políticamente con su gobierno. El director de Fiat, Marchione, explicó el choque con pocas palabras: necesitamos, dijo, la política de rescate de Obama, no el ajuste de Tremonti, el ministro de Economía de Italia. Es que el tejido industrial de Italia está directamente amenazado por la crisis mundial. Lo mismo ocurre con el español Zapatero, que no ha pasado a mejor vida por la complicidad de la burocracia sindical y por la oposición de las burguesías vasca y catalana a un retorno del Partido Popular; estas contradicciones prometen el fracaso de una salida electoral. La posición más precaria, contra todo lo que repite la prensa mundial, es la de Alemania, cuya banca es la más expuesta a deudores incobrables de otros países; la industria alemana ha aprovechado los planes de 'estímulo' de Estados Unidos y de China para exportar su crisis - pero es esto lo que ahora ha entrado en crisis con la crisis monetaria internacional. Estas crisis aún contenidas, nos revelan el otro aspecto del 'factor subjetivo': la crisis en la cima de la burguesía, la incapacidad para gobernar como lo venía haciendo. La superación revolucionaria del enfrentamiento entre el proletariado (y las masas urbanas y agrarias desposeídas) y la burguesía mundiales, conlleva el estallido de todas las contradicciones en el seno del capital como de los explotados - en este caso su percepción de la situación corriente, por un lado, y su función histórica, por el otro.

El capitalismo mundial no ha ingresado a la bancarrota sistémica desde un pasado armónico o en un contexto de equilibrio. La bancarrota actual ha sido precedida y anunciada por verdaderos terremotos financieros - en especial desde las crisis asiáticas, rusa y argentina. Pero por sobre todo en un marco de guerras de agresión y de ocupación militar, que tienen dos grandes ejes estratégicos: el control de los recursos energéticos, por parte de Estados Unidos, para someter a sus rivales capitalistas; la ocupación económica, política e incluso militar del ex espacio soviético, que ha caído bajo la dependencia del capital financiero internacional luego de la disolución de la URSS; y tercero, pero el más importante, tutelar, por medio de la expansión militar y política, la restauración del capitalismo en China. El fracaso de la ocupación militar de Irak; el completo empantanamiento en Afganistán; el fracaso de la OTAN para dominar el Cáucaso por medio de la agresión de Georgia contra Ossetia del sur y Abhazia; los fracasos de la guerra de Israel contra Líbano y, luego, del bombardeo indiscriminado sobre Gaza; así como el impasse del gobierno restauracionista de Rusia en Chechenia y en el Cáucaso, y en otros estados asiáticos; estos fracasos han dejado al desnudo los límites del militarismo norteamericano; su recurso abusivo a la superioridad tecnológica es la expresión de las limitaciones insuperables de su tentativa de recolonización mundial; han sacudido al medio oriente de cabo a rabo; ha provocado una ruptura en la OTAN; y ha agravado la crisis presupuestaria de Estados Unidos y la capacidad económica del estado para rescatar al capital. La derecha norteamericana reclama un retorno a la conscripción obligatoria. El establishment norteamericano se encuentra dividido entre la organización de un retiro parcial de medio oriente y aceptar un directorio que controle la región con las potencias imperialistas de Europa, aceptado por Rusia y China -o por el desencadenamiento de un ataque contra Irán para imponer un nuevo orden en la región y una nueva salida para el estado sionista. La bancarrota capitalista y la crisis de sus regímenes políticos, así como las movilizaciones populares crecientes, tanto en numerosos países afectados por la crisis, como en las naciones musulmanas afectadas por las agresiones imperialistas y sus propios regímenes reaccionarios, dicen que el imperialismo mundial no ha reunido las condiciones para salir del empatanamiento político-militar en la región mediante un ataque, que podría ser nuclear, contra Irán. Antes de esta instancia, el imperialismo mundial buscará un cambio de régimen en Irán, con el concurso de la burocracia restauracionista y los capitalistas de China y Rusia. La salida a la crisis mundial se ve enormemente obstaculizada por el peso gigantesco del aparato militar del imperialismo - un gigantesco recurso que debería funcionar como reactivación de la demanda agregada que exige el keynesianismo, pero que disputa en realidad los fondos estatales necesarios para rescatar al capitalismo, y que opera como un factor agravante poderoso de las miseria social de los pueblos.

La perspectiva de la coexistencia de dos estados en el territorio de Palestina, ha quedado completamente desahuciada. El intento de reavivarla por medio de las negociaciones impuestas a la AP, por parte de Obama, son una farsa; convertirían a los territorios ocupados por el sionismo en batustanes o ciudades dormitorios bajo control sionista (ni siquiera se contempla una salida para la Gaza asfixiada). Desde mucho antes de esto, intelectuales progresistas eminentes, palestinos como israelíes (uno, entre otros, Edward Said, el otro, mucho después, Ilán Pappé, respectivamente), advirtieron del fracaso de los dos estados y plantearon la lucha por un estado laico en el seno de Israel, que respete la ciudadanía de árabes e israelíes. El gobierno sionista ha inventado, por el contrario, una fórmula nueva de lealtad al estado, que refuerza la alevosa discriminación que ya existe contra los árabes que viven dentro de las fronteras de Israel, aunque éste no ha renunciado de ningún modo, ni piensa hacerlo, a su propia fórmula programática de construir el "gran Israel" -eventualmente incluida la otra orilla del Jordán. La reivindicación de la intelectualidad progresista ponía el acento en el fracaso de la resistencia palestina para doblegar la poderosa maquinaria militar del sionismo; en realidad, la fórmula de dos estados fracasa por otra incompatibilidad: el sionismo no admite ni el derecho al retorno de los árabes palestinos a sus hogares o tierras expropiadas (y sigue expropiando hogares y tierras), ni un estado a su lado con pleno ejercicio de soberanía. En Sudáfrica, donde la población blanca aceptó el principio de una persona un voto para la población negra, el gran capital que explota la minería, el recurso por excelencia del país, necesita a la clase obrera negra, con cuyas direcciones pequeño burguesas y direcciones sindicales negoció el cambio de régimen sin afectar el derecho de propiedad. En Israel, la burguesía no necesita de los palestinos: incluso los ha reemplazado por trabajadores del sudeste de Asia, además de explotar a los obreros judíos. La realización de las reivindicaciones nacionales palestinas, retorno a los hogares y tierras, es incompatible con el sionismo - plantea un cambio de régimen político y de régimen social. A través de la historia, la colonización sionista adoptó formas sociales variadas y del mismo modo fue variada la relación entre los trabajadores árabes y judíos. Esta forma puede cambiar de nuevo y varias veces más. Todo depende de la orientación política de las direcciones de las masas árabes palestinas y también de las de la izquierda judía. Las viejas direcciones (OLP, Al Fatah, Frente Popular) han fracasado en forma miserable y han acabado en los brazos del sionismo y en una corruptela ignominiosa; han dejado a las masas palestinas árabes en manos del integrismo. Es necesaria una nueva dirección. La inexpugnabilidad del estado sionista no reside en sus fuerzas armadas ni en su arsenal atómico, sino en la dominación del imperialismo mundial y en el rol anti-palestino de los gobiernos feudal-capitalistas y pequeño burgueses de las naciones árabes. Pero la dominación del imperialismo y de los regímenes de opresión árabes está siendo minada por la bancarrota mundial y los fracasos de las ocupaciones militares del imperialismo. El futuro del pueblo judío en Palestina no puede depender de su supuesto aliado, el imperialismo, que en eso consiste el Estado sionista, porque el imperialismo programa nuevas guerras que amenazan la supervivencia de todos los pueblos del medio oriente. Toda la tendencia de la crisis mundial opera como una amenaza contra las masas del medio oriente, de la que solamente podrán escapar mediante la unión. Esta perspectiva esta plasmada en la fórmula de reemplazar, por medio de la movilización internacional de masas, al Estado sionista por una República palestina única, laica y socialista, y por los estados socialistas del medio oriente.

En el marco de esta gigantesca crisis capitalista, Cuba ha anunciado de manera formal su pasaje a un proceso de restauración del capitalismo, en la huella de la ex URSS, China y otras naciones, con el anuncio del despido de 500 mil a un millón de trabajadores. Esta caracterización no obedece a que se anuncien reformas económicas relacionadas con el marasmo en que se encuentra Cuba desde hace muchísimo tiempo, ni tampoco a que muchas de ellas comporten la sustitución del régimen de administración estatal de la economía por formas de intercambio mercantil. Así como el Estado no desaparece de inmediato luego de una revolución social victoriosa, tampoco ocurre eso con el mercado. El punto central es que las reformas económicas son lanzadas y ejecutadas por la burocracia estatal y no por los trabajadores; que ellas responden a los intereses de aquélla, no a los de las masas, y que por eso ponen proa a una restauración del capital. La prueba más completa de ello es que las libertades que se conceden a los gerentes de empresa, al capital extranjero o a cualquiera que reúna condiciones para explotar trabajo asalariado, no son admitidas para los obreros que serán objetos de la explotación de gerentes, capitalistas y burgueses en proceso - en primer lugar la libertad sindical, de organización autónoma en las empresas, de libertad política y, por último y fundamental, del derecho a supervisar y vetar las llamadas medidas reformistas, en primer lugar los despidos masivos. La experiencia reciente y la teoría marxista enseñan que la libertad de mercado para el burócrata político o económico constituye una transición hacia la conversión del patrimonio estatal en capitalista. Una restauración capitalista en Cuba, es claro, no será una repetición mecánica de lo ya ocurrido en China y la ex URSS, donde esa restauración capitalista debe enfrentar el impacto disolvente de la bancarrota mundial. Desatará una lucha social más intensa que en sus antecesoras. Cuba no gozará de las posibilidades de un mercado mundial en expansión, pero sí de la rivalidad comercial de los países centroamericanos y de China, en primer lugar, por un lugar en el mercado norteamericano que se contrae de día en día. Por eso la ambición del capital extranjero apunta, en Cuba, al petróleo y a la minería, lo que sería una reconversión hacia la mono producción. La España de Zapatero y el Brasil de Lula-Roussef son la vanguardia de la presión internacional restauracionista. La burguesía brasileña y el capital internacional acarician el sueño de convertir a Cuba en el paraíso de los biocombustibles que se obtienen a partir del azúcar. El desmantelamiento de la protección económica reforzará la presión del imperialismo, en primer lugar de la burguesía de la Florida, que ya se vale de los mecanismos existentes para transferir capital a Cuba. Tampoco el contexto político mundial y de América Latina es el que prevalecía hace dos décadas; el anuncio formal de un proceso de restauración capitalista pone en crisis al socialismo del siglo XXI del movimiento bolivariano - que, además de preservar las relaciones capitalistas en sus territorios y combatir con ferocidad cualquier tendencia a la autonomía de la clase obrera, ha reiterado su vocación capitalista con la integración al Mercosur y a la Unasur. Los revolucionarios socialistas debemos denunciar con energía el marasmo económico y oponernos a que sea convertido en un pretexto para la restauración capitalista. Las concesiones mercantiles para animar a la pequeña producción y los servicios, o incluso los convenios con tal o cual inversión extranjera, deben estar al servicio de una transición al socialismo. Las cooperativas y el pequeño comercio, en el ejemplo de la restauración capitalista en la ex URSS, fueron poleas de transmisión para el desmantelamiento de las empresas estatales por parte de su burocracia gerencial. Reafirmamos la necesidad de combatir la privatización mediante el control obrero de la producción y el reemplazo de la burocracia por una gestión obrera colectiva, en el marco del desarrollo de un sistema político de consejos obreros electos y revocables. Reafirmamos, asimismo, la defensa del monopolio estatal del comercio exterior. Una reforma monetaria integral, que ponga fin a la desigualdad social que profundiza la existencia de un sistema monetario doble, debe ir acompañada por un aumento equivalente de los salarios. Cuba necesita elevar en forma profunda la productividad del trabajo, pero el punto de partida debe ser, necesariamente, devolver al salario su poder adquisitivo real, y hacer recaer el peso de la reforma económica sobre los especuladores y la burocracia, responsables de un gigantesco despilfarro de recursos. El reforzamiento de la llamada disciplina laboral por parte de la burocracia, es una convocatoria a la superexplotación y al desmantelamiento de los servicios sociales que ofrecen las empresas estatales, que serían tercerizadas para su explotación mercantil. Una separación de este tipo, que encontraría su justificación en una racionalización del proceso industrial, plantea la necesidad del control obrero colectivo y de la gestión obrera de las reforma. Los trabajadores y la juventud de Cuba han demostrado, en distintas manifestaciones de críticas y protestas, que tienen una conciencia alerta acerca de la etapa que se inaugura. Llamamos a una campaña de defensa de las conquistas de la revolución cubana y reiteramos que la defensa de la revolución cubana plantea la reivindicación de conjunto de los Estados Unidos Socialistas de América Latina.

Una etapa revolucionaria, cuyos elementos se van configurando de día en día, es la más compleja de todas las etapas políticas. Convocamos a los luchadores a mirarla con los ojos bien abiertos y desechar a los agoreros que dicen que simplemente todo esto ya lo vimos antes. Nuestra oportunidad es que la tenemos de nuevo y lo mismo ocurre con la conciencia que se va formando la humanidad de ella.

Roma, septiembre de 2010