Durante cuatro meses consecutivos, el ejército norteamericano no logró alcanzar la cuota mínima de nuevos reclutas. A pesar de que se redujeron los requerimientos mínimos para la admisión y se elevaron los beneficios económicos, los reclutas siguen sin aparecer.
La razón es que no sobran los jóvenes dispuestos a enlistarse para hacerse matar en Irak. Esto ha llevado a un analista de temas militares (The New York Times, 27/6) a señalar que el “ejército voluntario” sirve para “tiempos de paz”, donde ofrece una “salida laboral” para miles de jóvenes provenientes de los estratos más bajos de la sociedad, pero que “no sirve” en tiempos de guerra. Es una condena brutal porque, al fin de cuentas, ¿para qué sirve un ejército que no sirve en tiempos de guerra?
Además del natural instinto de supervivencia, la falta de reclutas está demostrando el carácter absolutamente impopular de la guerra de Irak. En guerras pasadas, como la Segunda Guerra Mundial, una guerra popular en los Estados Unidos, los voluntarios se presentaban en masa a los centros de reclutamiento.
Para completar las filas, el Pentágono se ha lanzado a lo que fue calificado como “una caza de potenciales reclutas con una ferocidad alarmante” (ídem). Oficiales reclutadores recorren las escuelas secundarias, utilizando “tácticas pesadas” para que los chicos firmen. El Pentágono les ha dado a estos reclutadores -y a empresas privadas a las que se les tercerizó parte del trabajo de reclutamiento- una base de datos que contiene la filiación de todos los jóvenes del país entre los 16 y los 25 años, sus relaciones e ingresos familiares. Con esto, los reclutadores pueden presionar a los pibes de las barriadas más empobrecidas y en condiciones familiares más difíciles para unirse al ejército.
La presión del Pentágono está llevando a muchos padres a organizarse para “resistir las tácticas de reclutamiento agresivo” (ídem).
“Ahora, que la guerra está yendo mal y el ejército está cazando potenciales reclutas con una ferocidad alarmante, se está desarrollando una reacción que puede liquidar la capacidad de la nación de llevar adelante una guerra sin la conscripción obligatoria” (ídem). Pero Vietnam demostró que Estados Unidos no puede llevar adelante una guerra impopular con la conscripción obligatoria.
Después del fracaso del ejército de conscriptos en Vietnam, fracasó el ejército de profesionales voluntarios en Irak.
El “gendarme mundial” enfrenta una crisis militar de fondo.
