6. América Latina, un período prerrevolucionario
Mientras la atención mundial se encuentra concentrada en las crisis y catástrofes que conmueven al Medio Oriente y al Asia Central, en el patio trasero del imperialismo yanqui se desenvuelven acontecimientos de alcance revolucionario, que suscitan un interés enorme entre los luchadores obreros y populares de todo el mundo. América Latina atraviesa, de conjunto, un período pre-revolucionario, cuyo progreso produciría una aceleración de la crisis política y un nuevo despertar popular en los Estados Unidos.
La revolución latinoamericana es un factor histórico fundamental en la presente crisis mundial.
Las características de una situación pre-revolucionaria son claras: la rebelión popular de 2001 en Argentina y un nuevo ascenso de luchas que continúa en el momento actual; varias rebeliones y dos insurrecciones de masas en Bolivia, que han modificado las relaciones históricas entre las clases y una crisis de régimen y de Estado; el levantamiento popular y la formación de la Comuna de Oaxaca, en México, así como las movilizaciones contra el fraude electoral; los continuos levantamientos populares regionales en Perú, en especial en sus zonas mineras; la intervención histórica de las masas venezolanas contra el golpe militar de abril de 2002 y contra el lock out capitalista de diciembre de 2002-febrero de 2003. El último en el pelotón, pero cada vez más importante, Chile, conmovido por la rebelión adolescente en la educación, las crecientes huelgas mineras y las manifestaciones irrefutables de un agotamiento definitivo del régimen político de la Coalición democristiana-socialista y del gobierno de Bachelet.
Como América Latina fue, en la década del '90, el campo preferido de pruebas del capital financiero internacional piloteado por el FMI, la conclusión, de alcance internacional, que emerge de esto es que la crisis capitalista conduce a rebeliones, insurrecciones y situaciones revolucionarias. A casi dos décadas de la disolución de la URSS la fuerza motriz de la crisis política mundial es, más que nunca, la declinación histórica irreversible de la organización capitalista de la sociedad.
En tales condiciones, América Latina es el escenario de una experiencia política única en su historia de una combinación de gobiernos centroizquierdistas, en un caso constituido por la izquierda histórica, como el PT de Brasil y el Frente Amplio de Uruguay, y en otros casos por esa misma izquierda integrada al nacionalismo militar o indigenista, como ocurre en Bolivia, Venezuela y, parcialmente, en Ecuador, o en el caso de Argentina, amalgamando a una parte del peronismo con la izquierda tradicional. La inmensa mayoría de estas fuerzas en el gobierno son oriundas de una misma matriz política - la que ha albergado el llamado Foro de San Pablo por casi, aproximadamente, veinte años.
La conclusión general de esta experiencia es irrefutable: la izquierda democratizante en el gobierno ha capitulado alevosamente ante el imperialismo. Tanto el PT de Brasil como el Frente Amplio de Uruguay llegaron al gobierno mediante una alianza con la burguesía en el marco de un frente popular, la cual contó con el apoyo de toda la izquierda mundial - incluida especialmente la extrema izquierda que tiene una relación folklórica con el trotskismo. Otra conclusión aún más importante es que los frentes populares no constituyen siempre gobiernos ‘débiles' que los condenarían a ser la antesala de crisis revolucionarias. Por el contrario, en la mayoría de los casos, resultan ser un instrumento eficaz para frenar las luchas obreras, desmoralizar a los trabajadores y producir un reflujo popular, en especial debido a que no hay un partido independiente o revolucionario que combata al frente popular. Más allá de su función política interna, como ocurre con Brasil, el gobierno de Lula ha sido el instrumento internacional principal del capital para combatir las tendencias a la radicalización política en países como Venezuela o Bolivia. El 17 de octubre de 2003 una comisión mediadora formada por Kirchner y Lula intervino ante las direcciones sociales y políticas bolivianas para que acepten una sucesión constitucional al derrocamiento de Sánchez de Lozada; antes, a fines de 2002, Lula había piloteado la formación del ‘grupo de países amigos' de Venezuela para obligar a una mediación entre el gobierno y la oposición gorila golpista. El reflujo del proletariado brasileño, el más importante de América Latina, ha contenido la extensión geográfica y la radicalización política del despertar actual de las masas del continente.
En este contexto, las experiencias venezolana y boliviana se destacan como una nueva tentativa del nacionalismo latinoamericano de conquistar una autonomía nacional y convertirse en el representante exclusivo de las masas oprimidas. Lo ocurrido hasta ahora deja claro, sin embargo, que tanto la experiencia bolivariana como la indigenista se encuentran históricamente por debajo de la que representaron en su momento el peronismo argentino y el MNR boliviano, o el gobierno militar peruano de Velazco Alvarado a fines de los ‘60. Las recientes nacionalizaciones de las telecomunicaciones y de la electricidad en Venezuela han sido indemnizadas a los monopolios a los precios de mercado, lo cual incluye el capital instalado y las expectativas de ganancias futuras. Aunque aun no se conocen los términos de la propuesta de nueva asociación con los monopolios internacionales del petróleo para la explotación de la cuenca del Orinoco, ellas no divergen de los que se han negociado en Rusia o en Argelia. Se trata de un acuerdo estratégico para la explotación del mercado mundial en las condiciones creadas por una descomunal elevación de los precios y por lo tanto de la renta de los hidrocarburos. En el caso de Bolivia la asociación con los pulpos petroleros no ha sido finalizada, pero en este caso los monopolios se han quedado con el derecho a registrar como propias una gran parte de las reservas y aun tienen la posibilidad de condicionar los futuros contratos que se firmen. En Venezuela se encuentra en marcha un enorme proceso de elevación de los ingresos de la mayoría empobrecida de la población, pero esto no ocurre a costa del capital, ni de la modificación de las relaciones entre el capital y el trabajo, sino por el uso de los enormes recursos fiscales. Pero el recurso a los ingresos fiscales ha creado contradicciones insalvables al proceso bolivariano, que se manifiestan en una inflación a tasas crecientes, que podría desintegrar el mecanismo social, y en una fabulosa corrupción de la burocracia chavista, tanto civil como militar. En los lugares de trabajo, mientras tanto, sigue firme la dictadura del capital sobre la fuerza de trabajo.
Observados de conjunto, los procesos de Bolivia, Venezuela y Ecuador entroncan con las experiencias de frente popular de Brasil y Uruguay en un aspecto fundamental: también en aquellos países los gobiernos de corte nacionalista procuran poner fin a las tendencias revolucionarias de las masas y obtener una estabilidad política a costa de un reflujo de los trabajadores. Es lo que ha venido ocurriendo en los dos últimos años, en Venezuela desde el referendo ratificatorio de Chávez, y en Bolivia desde la inauguración de la Asamblea Constituyente.
Como ha ocurrido con todos los movimientos nacionalistas, desde que estos existen históricamente, se empeñan en representar con exclusividad a las masas, lo que significa controlar sus organizaciones. Es lo que ocurre en Venezuela con la tentativa oficial de estatizar a la UNT y con la formación de un partido único desde el Estado. Desde la CRCI declaramos que este es el problema fundamental que enfrenta la clase obrera explotada y nos pronunciamos por la total independencia de clase de la UNT y por su derecho a convocar a elecciones libres para designar a sus cuerpos dirigentes. En cuanto al partido único, declaramos que se trata de un tentativa regimentadora y que los socialistas deben organizar un partido propio. Sobre la base de un partido y una prensa propios puede ser válido ingresar al partido único para desarrollar en su seno un trabajo de diferenciación política socialista. La CMI (Comité por una Internacional Marxista, la tendencia de Alan Woods-The Militant) y de UIT (a la cual pertenece el MST de Argentina), en cambio, han decidido ingresar al partido único en calidad de sostenedores del proceso nacionalista y del gobierno, repitiendo las nefastas experiencias stalinistas desde el Kuomintang chino de la década del '20 del siglo pasado. La propaganda que realizan estas tendencia a favor de una ‘revolución permanente' bajo la dirección de Chávez y de las fuerzas armadas de Venezuela es un insulto a la inteligencia.
La CRCI sostiene, sobre la base de la perspectiva de nuevas crisis internacionales y financieras y de las contradicciones insalvables de los actuales procesos centroizquierdistas, sean nacionalistas o fondomonetariastas, la necesidad de prepararse para nuevas convulsiones políticas y una radicalización del proceso popular, construyendo partidos obreros revolucionarios y trabajando incansablemente por el desarrollo de las organizaciones obreras y campesinas y de su independencia política. Mientras el imperialismo conspira incesantemente para revertir la etapa pre-revolucionaria actual, la CRCI advierte, a la luz de toda la experiencia histórica de América Latina, que no hay que depositar ni un gramo de confianza en la capacidad de los gobiernos nacionalistas para proteger a los pueblos de las conspiraciones imperialistas. Solamente una firme desconfianza hacia ellos desatará las iniciativas y las energías antiimperialistas de las masas, y en primer lugar la necesidad de armarse para derrotar las permanentes conspiraciones del imperialismo.
Solamente una profundización de la revolución latinoamericana puede darle a Cuba la posibilidad de salir de su impasse social. Toda la experiencia de la revolución cubana es una suma de experimentos fracasados de su burocracia gobernante, desde las zafras extremas a la liquidación del azúcar; desde la subordinación económica mecánica a la burocracia rusa a la legalización del dólar. La diferenciación social crece en Cuba sin parar; una minoría (entre ella la burocracia) va camino de resolver sus problemas sociales mientras la mayoría tiene enormes privaciones. Esta diferenciación social es el punto de apoyo de las tentativas restauracionistas. No será el apoyo de los Lula y de los Kirchner lo que pueda servir de escudo protector contra el imperialismo o el restauracionismo, ni tampoco el ALBA, que no tiene ninguna concreción práctica con excepción de algunos convenios de provisión barata de petróleo. Los acuerdos de Venezuela con el MERCOSUR han servido para grandes negociados (la compra de la deuda argentina), pero han fracasado como planteo de autonomía nacional y hoy se encuentran en completa crisis. La defensa de Cuba contra el imperialismo y como tentativa revolucionaria socialista está ligada a la alianza de los obreros y campesinos de América Latina.
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