1. El mundo entero está convulsionado.
El volcán del Medio Oriente está en permanente erupción produciendo nuevas guerras imperialistas y rebeliones nacionales. América Latina, el patio trasero del imperialismo yanqui, es sacudida por tremendos levantamientos, desde Venezuela y Ecuador a Argentina, Perú, Chile y México. En Europa, movilizaciones juveniles de masas sin precedentes en Francia y en Grecia, así como la elección de Sarkozy, marcan una nueva fase de grandes confrontaciones sociales. Estallan crisis de régimen en Italia, Turquía, España, Gran Bretaña y, sobre todo, Estados Unidos. Crecen rápidamente tensiones entre Rusia y Estados Unidos que recuerdan la guerra fría. Crisis fiscales, burbujas financieras y enormes desequilibrios económicos funcionan como una bomba de tiempo en la economía capitalista mundial. Cientos de millones de seres humanos en todo el planeta, tanto en las metrópolis como en la periferia, enfrentan la pauperización masiva, el desempleo, la superexplotación y el deterioro de todas las condiciones de vida. La guerra de clases está en la agenda.
El capitalismo mundial está sacudido por convulsiones que, de manera constante, quebrantan todas las relaciones entre clases y entre Estados, rompiendo todos los equilibrios sociales, políticos y económicos y produciendo re-estabilizaciones precarias y temporarias.
Los sucesos mundiales se caracterizan en el actual período sobre todo por zigzags agudos y espasmódicos.
El atolladero del imperialismo norteamericano en Irak y la recomendación del informe de la comisión bipartidaria Baker-Hamilton, a favor de un retiro en etapas del pantano iraquí, fueron respondidos por la belicosa "oleada" ("surge"), el envío de 30.000 soldados suplementarios a Bagdad -y el obvio fracaso de esta escalada para alcanzar sus objetivos.
La derrota del ejército sionista de Israel en Líbano en 2006 fue seguida por la más profunda crisis y desintegración político-moral del régimen sionista y, entonces, por nuevos intentos de destruir la causa nacional palestina por medio de brutales ataques a la dispersa población civil palestina, la aceleración de la construcción del muro del apartheid y la movilización de las fuerzas de Fatah bajo el mando de Abbas para destruir a Hamas y a la resistencia popular en Gaza, un intento que ha fracasado.
En Europa, los febriles zigzags de la situación se manifiestan sobre todo en su corazón político: en Francia. La mayor movilización juvenil después de Mayo del ‘68, la masiva movilización de febrero/marzo del 2006 contra el CPE (Contrato Primer Empleo) que obligó al gobierno derechista a retirarlo fue seguida por la victoria electoral del populista de derecha Sarkozy que prometió "terminar con el legado de Mayo del ‘68".
Esta inestabilidad general y los repentinos giros a la izquierda y a la derecha son las manifestaciones de un sistema social, el capitalismo mundial, en su declinación histórica y crisis. Sus bases materiales están minadas por la acumulación y exacerbación de todas las contradicciones del sistema del capital.
La globalización del capital financiero asociada con el proceso de la restauración en China y Rusia no abrió una salida de largo plazo a la crisis sistémica sino que creó un océano de deudas que cubren a todo el planeta, y que funcionan como verdaderas bombas de tiempo. Algunas de las innumerables burbujas del último período, una década después de la crisis asiática de 1997, por ejemplo, la mayor burbuja inmobiliaria en la historia de los Estados Unidos, ya están en proceso de estallido. En su informe anual, el Banco Internacional de Compensaciones (BIS, por su nombre en inglés), el banco de los banqueros centrales, hace sonar la alarma acerca de que "las condiciones que condujeron a la Gran Depresión de los años '30 y a las crisis asiáticas de los '90 se están reflejando en el ambiente actual" (Daily Telegraph, Londres, 26 de junio de 2007). La sobreacumulación, como lo muestra el monstruoso desarrollo del capital ficticio, se está volviendo de una bendición para los especuladores y la oligarquía financiera de parásitos burgueses en su peor pesadilla.
El eje que conecta a la China en rápido crecimiento, como el más importante centro de acumulación del capital mundial, con la sobre-endeudada economía norteamericana, que carga con el peso de grandes déficits, que funcionó en los años posteriores al shock financiero del año 2000 como la fuerza impulsora de la recuperación, ahora comienza a ser sacudido por los temblores como la caída del 27 de febrero en la Bolsa china y nuevamente más tarde el 30 de mayo de 2007.
Como la CRCI ha enfatizado con anterioridad, la infame "guerra contra el terrorismo" lanzada por el gobierno de Bush con el pretexto de los ataques del 11 de septiembre, primero contra Afganistán, luego contra Irak, y ahora con la amenaza de extenderla a más países, fue impulsada por la urgente necesidad de encontrar una salida a la crisis mundial del sistema en el caótico mundo de la posguerra fría. El imperialismo norteamericano, sobre todo, necesita rediseñar el mapa político de las zonas productoras de petróleo de Medio Oriente y Asia Central para establecer, bajo nuevos términos, su supremacía mundial contra sus rivales actuales o potenciales.
Seis años después, la campaña bélica mundial del imperialismo ha fracasado miserablemente; el tiro le salió por la culata, provocando crisis de régimen tanto en los países beligerantes como en los no beligerantes.
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