El fracaso de los rescates estatales
1. La bancarrota capitalista internacional ha ingresado, definitivamente, en una fase aun más explosiva que la de septiembre de 2008, cuando la quiebra de Lehman Brothers amenazó con producir un colapso del conjunto de la economía mundial. La gigantesca operación de rescate al sistema bancario que siguió a esa quiebra ha desembocado en una crisis fiscal sin precedentes y en una inminente situación de cesación de pagos de numerosos Estados.
Quedaron así al desnudo las limitaciones insalvables de la intervención estatal para rescatar a la economía mundial de la bancarrota capitalista y, concretamente, para recomponer las mismas bases que produjeron su estallido. La gigantesca emisión de moneda, de parte de los bancos centrales, para socorrer al sistema financiero, ha servido para ‘apalancar' -o sea, para financiar un nuevo proceso especulativo. Con tasas de interés oficiales cercanas a cero, los fondos financieros se volcaron a las Bolsas, las materias primas y al mercado de títulos públicos, para inflar sus balances deteriorados con ganancias especulativas. El sistema fiscal fue forzado a incurrir en un nuevo endeudamiento para absorber los fondos generados por los rescates. Los llamados ‘estímulos' del Estado para neutralizar la recesión fueron financiados por medio de este mecanismo especulativo. La deuda pública de Estados Unidos, por ejemplo, pasó del 40 al 100% del PBI, y en España del 30 al 80%. En lugar de ‘limpiar' de sus balances los ‘activos tóxicos' (incobrables), en especial los créditos hipotecarios en un mercado que sigue cayendo, los bancos incorporaron nuevos activos de esas características - ahora los títulos públicos. La insolvencia fiscal es un producto de este financiamiento parasitario, y no al revés (o sea, que este financiamiento fuera una operación de rescate de Estados insolventes). Basta para demostrarlo la carga enorme de pérdidas que están provocando, en las regiones italianas y los estados norteamericanos o alemanes, los contratos de productos derivados que cargan en sus presupuestos.
La bancarrota fiscal se ha fusionado con una nueva crisis financiera: ha crecido el volumen de ‘activos tóxicos' en poder de los bancos y el financiamiento a mediano o largo plazo con deuda contraída a corto plazo (conocido como "descalce"). Los planteos de ajuste fiscal constituyen un reconocimiento de la bancarrota. Pero este ajuste fiscal, que apunta a liquidar derechos conquistados por los trabajadores, no se aplica a los gastos juzgados de ‘interés nacional', como los militares, que han aumentado. Los bancos centrales han ingresado en una nueva ronda de emisión de moneda, para rescatar otra vez a los bancos, ahora de la insolvencia fiscal. Es lo que ocurre con la compra de deuda pública en poder de los bancos por parte del Banco Central Europeo. Los países de la ‘zona euro' y del FMI han comprometido 900 mil millones de euros para evitar el ‘default'. De este modo, un conjunto de Estados en estado efectivo o potencial de ‘default' pretende rescatar a otros que se encuentran en una situación más apremiante. La contradicción que encierra este operativo está demostrada en el hecho de que no se trata de un aporte efectivo a un fondo de rescate, sino de una declaración de garantía para el caso de que tenga efectivamente lugar una cesación de pagos. En resumen, todos los Estados se siguen endeudando a tasas de interés cada vez mayores, financiados por la emisión de dinero de los bancos centrales.
A la bancarrota bancaria se ha sumado la bancarrota fiscal. En lugar de eliminarla o reducirla, la ‘pirámide' especulativa del endeudamiento de bancos y Estados, ha crecido todavía más. La intervención estatal, en lugar de neutralizar o contrarrestar la bancarrota capitalista, le ha dado un nuevo impulso. Es esta intervención del Estado la que ha sido saludada por el izquierdismo burgués como una reacción al régimen ‘neo-liberal' o como una negación estatal del mercado. El Estado, sin embargo, no ha intervenido contra el mercado sino en su socorro; no como un poder exterior al capital sino como otro engranaje de la acumulación capitalista. En lugar de forzar al capital a aceptar una ‘quita' sobre sus activos valorizados en forma ficticia, aplica esa ‘quita' a los explotados en un intento de rescatar el capital ficticiamente inflado por la especulación. En lugar de liquidar el capital excedente y reordenar las proporciones entre el capital acumulado, de un lado, y la capacidad adquisitiva del consumo, del otro, ha incrementado la desproporción entre uno y otro, mediante el ‘estímulo' a nuevos gastos de inversión. Ha autorizado que los bancos contabilicen sus activos incobrables a sus precios de adquisición y no a los precios desvalorizados de mercado, para mantener una pléyade de ‘bancos zombis', sostenidos por fondos públicos o emisión de moneda, y ha bloqueado el mecanismo capitalista de la quiebra y el ‘default' y la ‘quita' de los Estados. Se trata de un intento de socorro del sistema ‘neoliberal', negando los principios básicos del capitalismo y del ‘neoliberalismo. Pero al operar de esta manera, impide la recreación del crédito y una salida capitalista a la crisis. Al vetar el default estatal, ha creado ‘Estados zombis', que deben ser tutelados como protectorados por otros Estados.
Al separar las esferas ‘públicas y privadas', como si no fueran dos caras de la misma moneda, ocultando con ello los lazos indisolubles entre ellos en el engranaje de la acumulación capitalista, la izquierda que se reivindica marxista contrabandea un keynesianismo que ha sido completamente refutado en el desarrollo de la propia crisis. El keynesianismo, sin embargo, no pretende prevenir la bancarrota financiera, u ofrecer una salida ‘no ortodoxa' a esa crisis, sino que es un planteo para la superación de la depresión económica creada por esa bancarrota, o sea, cuando la bancarrota ya ha sido consumada. La bancarrota capitalista, sin embargo, no puede ser superada, dentro del marco capitalista, sin una depuración del capital sobrante en todas las esferas. El Estado capitalista tiene la posibilidad de proceder a esta depuración, mediante nacionalizaciones que impongan una ‘quita' al capital excedente y permitan proceder a una reestructuración parcial del capital, apelando al recurso de una planificación igualmente parcial. Pero esta alternativa, que supone que el Estado se coloca en forma excepcional por encima de las clases, lleva la crisis capitalista al plano político: por un lado, porque convierte a la competencia entre capitalistas en una lucha entre Estados rivales y, por otro lado, porque supone una movilización parcial de las masas y una agudización de la lucha de clases (la hija del fascistoide Le Pen acaba de proponer una alianza de Francia, Alemania y Rusia, contra Estados Unidos). Por una vía u otra, la crisis capitalista, en especial cuando tiene un alcance mundial, plantea la creación de situaciones revolucionarias. La caracterización del derrumbe capitalista mundial se ha convertido, por su carácter estratégico, en la delimitación política fundamental en el campo de la clase obrera y de la izquierda.
La crisis bancaria se profundiza
2. La crisis bancaria ha generado una crisis fiscal, y no al revés. La crisis fiscal ha acentuado la crisis bancaria y reabierto la crisis monetaria. A pesar de la gigantesca inyección de fondos públicos, la oferta monetaria global -el crédito- ha disminuido. En los últimos meses, los bancos han vuelto a dejar de prestarse entre si -como ocurriera en septiembre de 2008. Estamos ante el principio clásico de la deflación en un marco, sin embargo, de devaluación de las monedas (como lo prueba la cotización del oro), o sea de inflación. Las dos décadas de crisis de Japón ya han demostrado que la emisión monetaria (la deuda pública de Japón es del 250% de su PBI) no contrarresta la deflación. La deflación agrava la crisis porque revaloriza las deudas y los créditos, o sea que aumenta la insolvencia, es decir que desarrolla nuevos factores de impasse.
La declaración de cese de pagos de la deuda pública de Grecia se da por descontada; lo mismo vale para España y Portugal -aunque aquí la prioridad la tienen las quiebras bancarias. Pero la zona euro recibiría un golpe decisivo si se concretaran estos ‘defaults'. La crisis fiscal se ha extendido, dentro de las naciones, hacia los Estados locales o regionales -catorce Estados en Estados Unidos (en primer lugar California), las entidades autónomas en España, los entes locales en Italia, e incluso algunos Estados en Alemania; existe la posibilidad de la cesación de pagos fiscal, al interior de los Estados nacionales. Los Estados en situación de ‘default' evitan usar el paquete de garantías de la zona euro para no delatar esta condición, y para evitar que sus bancos acreedores se vean obligados a dar por perdidos sus créditos y tengan que ir a la quiebra. El paquete, concebido para rescatar los títulos públicos en manos de los bancos, acentúa, sin embargo, potencialmente la quiebra bancaria. Nada muestra esto mejor que la decisión de la Comisión europea de someter a un centenar de bancos a una ‘prueba de resistencia' en escenarios de crisis -cuyos resultados, naturalmente, serán falsificados. La utilización del paquete de la Comisión Europea y el FMI por parte de un Estado que caiga en ‘default', desplaza los derechos de cobro de los bancos en beneficio de los Estados que han suscripto ese paquete. Además, las deudas entre Estados deben ser pagadas en forma integral, no admiten quitas. Esta prioridad para los Estados prestamistas, desvaloriza de inmediato las tenencias en poder de los bancos. El rescate de un Estado que declare la cesación de pagos, se convierte en un nuevo episodio de la insolvencia de los bancos. Ese rescate público europeo no es, entonces, tal. En Europa, los bancos con mayor proporción de créditos incobrables son los alemanes, franceses y españoles (los ‘activos tóxicos' de los bancos alemanes alcanzan a casi 300 mil millones de euros). O sea que la crisis no está concentrada en la ‘periferia' sino en el ‘centro'. No sorprende que se encuentre cuestionada la sobrevivencia del euro y de la Unión Europea. Para enfrentar esta posibilidad, la Comisión europea ha lanzado un plan de liquidación de bancos menores o públicos a ser acaparados por los grandes bancos con financiamiento de los bancos centrales. Es lo que ya ocurre con las Cajas, en España, cuya mayor parte será absorbida y transformada en bancos; con los Landesbank en Alemania e incluso con bancos semi-privados en Francia. Cada país debe someterse a una directiva supra-nacional -como lo reiteran cotidianamente el español Zapatero y la CiU, el partido de la gran burguesía de Cataluña, cuyos votos permitieron la aprobación del ‘ajuste' en ese país. La Unión Europea va tomando, en forma más definida, el carácter de un protectorado bajo la batuta del capital alemán. Pero esta perspectiva entra en contradicción con la tendencia al ‘default' de varios países y la posibilidad de su salida ‘transitoria' de la zona euro, y con las crisis políticas que se extienden por las naciones europeas (Francia, Grecia, España, Italia, Alemania) y las luchas crecientes de los trabajadores. La combinación de ambos factores plantea la perspectiva de una disolución de la zona euro y de la Unión Europea. Esta tendencia disolvente se manifiesta ya en los choques al interior de numerosos Estados, entre los gobiernos locales y el nacional -como ocurre con el nonato ‘federalismo' de Berlusconi-Bossi, con los Länder, en Alemania, y con la autonomía de Cataluña.
El reciente derrumbe del euro, en abril-mayo, ya es considerado el segundo episodio del tipo de Lehman Brothers, el cual, en septiembre de 2008, estuvo a punto de provocar la dislocación del sistema bancario. La repetición de un momento disolvente en el desarrollo de la presente crisis, atestigua su carácter sistémico y catastrófico. La remontada posterior del euro y el aparente congelamiento del default de las naciones europeas afectadas, ha sido el resultado de una intervención pactada de China, que ha salido al socorro de varios bancos españoles (compra de bonos) y de una transferencia, por parte de ella, de activos en dólares a euros (acompañado por la flotación del yuan). China se ha convertido en árbitro de la desvalorización del dólar y el euro, y por eso exige el derecho a comprar empresas industriales. Bien mirado, sin embargo, China, con el rescate del euro, se ha convertido en un rehén de las desvalorizaciones de monedas en las que tiene invertidas más de dos billones de dólares. China ha sido arrastrada aún más a la crisis mundial. Entramos en un estado superior de la crisis: una crisis monetaria generalizada. La superación histórica del impasse de la Europa capitalista, es la destrucción de la Unión Europea, que se convierte de cada vez más en un régimen de protectorado, y su reemplazo por los Estados Unidos Socialistas de Europa -desde el Atlántico a Rusia.
Estados Unidos, siempre en el centro de la tormenta
3. Aunque la crisis de las deudas soberanas han convertido a Europa en el centro aparente de la crisis mundial, ese centro sigue localizado en Estados Unidos. Su endeudamiento, nacional e internacional, público y privado, no solamente es creciente -es insuperable. En los meses recientes quedó expuesto el fracaso de su programa de ‘estímulos' y subsidios bancarios, con pronósticos de ingreso a una "doble recesión", luego de la de finales de 2007 a mediados de 2009. La tasa oficial de desocupación, 9.5%, está groseramente subestimada, pues no tiene en cuenta a las personas que han dejado de buscar trabajo, como a aquellas que están forzadas a trabajar tiempo parcial. El dato más contundente del impasse de Estados Unidos frente a la crisis es el continuo derrumbe del mercado hipotecario, que desencadenó la crisis, y que fue el objeto de las mayores operaciones de rescate. Las agencias hipotecarias, Fannie Mae y Freddie Mac, con alrededor de cinco billones de dólares en garantías hipotecarias, fueron primero nacionalizadas y, recientemente, retiradas de la Bolsa, cuando sus acciones cayeron por debajo del dólar. O sea que estas agencias se encuentran en bancarrota por sumas que superan a la deuda del conjunto de los estados de la Unión Europea. Pero en ellas están invertidas la mayor parte de las reservas de los países acreedores de Estados Unidos. Una bancarrota formal de F & F, llevaría la deuda pública norteamericana a un 140% del PBI; lo mismo ocurre con los sistemas de pensión estatal, que se encuentran completamente desfinanciados. La propuesta del Partido Republicano -privatizar F & F y liquidar los sistemas estatales de pensiones y de salud- no solamente sería un golpe descomunal contra las masas, sino que también obligaría al Estado a hacerse cargo de sus deudas. Informes recientes dan cuenta de que dos grandes bancos, Wells Fargo y Wachovia, absorbidos luego por otros bancos, han estado lavando dinero de los cárteles de México, por alrededor de 500 mil millones de dólares -o sea que ni el dinero criminal los ha salvado de la bancarrota.
El financiamiento de la deuda pública de Estados Unidos (el mayor del mundo) por parte de capitales internos y externos, se torna a cada momento más difícil. Observadores e historiadores vaticinan el default de su deuda -bajo la forma de una devaluación del dólar, o sea del 70% de las reservas internacionales. El derrame descomunal de petróleo provocado por British Petroleum en el Golfo de México (la prueba del saqueo ecológico por parte del capital, forzado a reducir costos para contrarrestar la caída de su tasa de beneficio), va camino a convertirse en un gran disparador de una nueva etapa de la bancarrota financiera -por un lado, por los efectos que acarreará su quiebra, como los golpes que el derrame ha asestado al conjunto de la industria petrolera mundial. La tendencia que opera a favor del derrumbe del dólar neutraliza la desvalorización de las divisas rivales y puede provocar devaluaciones en cascada y el aumento cualitativo de la guerra comercial. En Estados Unidos, más que en ningún otro lado, el Estado se enfrenta al imperativo de proceder a una quita del capital existente, sea por la vía caótica de la inflación, o por un reescalonamiento de la deuda pública, es decir una suerte de ‘default'. El período de vencimiento promedio de la deuda pública norteamericana se ha reducido a los seis meses.
La crisis mundial, una transición histórica
4. Las contradicciones al interior de Europa no se desglosan de la crisis mundial. La devaluación del euro en el curso de 2010 ha inaugurado una nueva fase de una guerra monetaria que viene desde el derrumbe del dólar en la década de los 70 y el colapso del acuerdo de Breton Woods de 1945.
En el centro de la crisis monetaria se encuentra el dólar, debido a las descomunales necesidades de financiamiento fiscal de Estados Unidos. El dólar ha sido respaldado hasta ahora por una continua acumulación de reservas por parte del resto de las naciones. Como se ve, esta acumulación (de la que se jactan los Lula, Kirchner o Correa) no es una señal de solvencia sino la contrapartida de un derrumbe potencial del dólar. La demanda de dólares que sostiene esta situación, es otra forma de subvención estatal al capital atrapado por la crisis. La acumulación artificial de reservas ha convertido a los países que las poseen en rehenes de la política monetaria de Estados Unidos: una devaluación del dólar significaría una descomunal pérdida de valor de las reservas, que suman entre seis y ocho billones de dólares, principalmente en manos de China, Japón y Alemania. La disputa por el destino de estas reservas está asociada a una lucha por un nuevo reparto de mercados. En tanto China quiere convertir sus reservas en activos de capital en el resto del mundo, y en especial Estados Unidos, estos pelean por un acceso en mayor escala en el mercado de China. China, como todos los países con reservas internacionales elevadas, exporta capital en la forma de dinero e importa capital en forma productiva. Las enormes reservas de dólares en China constituyen una garantía oficial de China para esas inversiones extranjeras. O sea que las tenencias financieras en dólares, por parte de China, financian las inversiones norteamericanas en este país. Se trata, en principio, de una relación de dependencia, que la bancarrota capitalista (guerra monetaria por una revaluación de la moneda de China) solamente ha puesto en evidencia. La lucha por la reestructuración del mercado mundial es un aspecto decisivo de la presente crisis mundial. Esta confrontación es una semilla de nuevas guerras.
Estas tendencias disolventes hacen añicos las pretensiones de "coordinación internacional" de los Estados capitalistas, que arranca de la propia incapacidad del capital y de sus Estados para ‘coordinar' sus contradicciones. Se estima que la sobrecapacidad de producción, en el conjunto de la economía mundial es de cerca de 200 (índice 100), o sea el doble, mientras la capacidad de consumo ha caído, en el curso de la crisis, a alrededor de 70 - es decir que el potencial destructivo de la crisis no tiene paralelo en la historia. Por medio del desarrollo del crédito y, en definitiva, del capital ficticio (que se autonomiza del capital productivo sobre el cual se basa), el capital ha procurado superar sus propios límites, para estrellarse, como en el pasado, ante un muro infranqueable de mayor porte económico y de mayor alcance histórico. Ha procurado valorizarse por encima del trabajo socialmente necesario para ello, o sea ficticiamente. La crisis es la manifestación de la vigencia de la ley del valor, que preside todo el desarrollo capitalista. La devaluación del conjunto de los capitales mundiales frente al oro, en el orden del 85% (un proceso que se encuentra en pleno desarrollo), mide el nivel de ‘ficticiación' del capital que precedió a la presente crisis. En este sentido, la bancarrota capitalista mundial representa el desenvolvimiento de una transición histórica al socialismo o a la barbarie. Cuando los teóricos del reformismo y del centrismo concluyen que después de la presente crisis "el capitalismo ya no será como era", no sólo baten todos los registros conocidos de frases vacías y exponen su hostilidad al socialismo; además, evitan decir que ese capitalismo ignoto será más bárbaro. Pretenden que podría retornar el capitalismo que siguió a la segunda guerra mundial, es decir una repetición de la historia. Pero el capitalismo de posguerra fue condicionado por la victoria de revoluciones enormes -y, además, duró muy poco, no ‘treinta años gloriosos', como dicen sus apologistas, sino apenas doce, desde 1956, cuando se recuperó el nivel de preguerra, hasta 1968, cuando fue declarada la inconvertibilidad de facto del dólar al oro. En el medio, entró en decadencia el imperialismo inglés, sus ex colonias enfrentaron crisis revolucionarias, y Francia atravesó diferentes crisis de alcance histórico, desde el golpe bonapartista de 1962 hasta el levantamiento de Mayo del 68. La bancarrota capitalista actual es solamente el episodio gigantesco de una crisis mundial que atraviesa el medio siglo.
La restauración capitalista y la crisis mundial
5. ¿Puede China (y el resto de los llamados Bric -Brasil, Rusia e, India-) "salvar al mundo"? Es confundir el número de habitantes de un país con las condiciones de un marco social definido. Si China pudiera abrir un período de realizaciones sociales progresivas del capitalismo, ya los habrían conseguido la India e Indonesia. Lo mismo vale para su capacidad para limitar o atenuar las crisis mundiales; en realidad ha acentuado esta incapacidad. La restauración del capitalismo en China supone, en principio, la apertura de una enorme posibilidad al capital mundial; sin embargo, hasta ahora ha acentuado las tendencias a la crisis, al acrecentar mucho más la capacidad de producción que el desarrollo del mercado para absorberla. La restauración capitalista ha eliminado las posibilidades de una transición económica al capitalismo basada en una clase media agraria (el campo es el mayor mercado potencial de China) -como, salvadas las distancias, ocurrió en Estados Unidos en el siglo XIX. En la transición norteamericana se produjo un reparto de tierras fiscales gratuito; en China hay un proceso de confiscación de tierras inmensamente carísimo para la masa rural que se encuentra en posesión de ellas. El proceso económico de China es confiscatorio de las masas rurales por parte del capital internacional y por parte de la burocracia que transita hacia la condición de clase capitalista intermediaria del capital extranjero. Ha desarrollado prematuramente las características parasitarias propias del capital ficticio (el 60% del crédito está concentrado en la especulación inmobiliaria de lujo); gran parte del capital controlado por el Estado es insolvente. La restauración capitalista enfrenta un mercado mundial en retracción, con relación a la capacidad productiva acumulada. Las fuerzas endógenas, agrarias, son históricamente más débiles, con relación a los protagonistas de procesos similares hace siglo y medio atrás, que las fuerzas externas actuales corporizadas en el capital mundial, y que las fuerzas del proletariado (el de mayor concentración del planeta). En definitiva, la transición de China de un Estado transitorio no capitalista hacia una restauración completa del capital, tiene lugar en un período de decadencia del capitalismo, no de ascenso. La restauración capitalista se ha de caracterizar, de más en más, por crisis políticas, luchas de masas agrarias y proletarias, y revoluciones.
La crisis mundial se ha desarrollado, desde los años 70, de una manera desigual, y esto ocurre ahora también cuando la crisis tiene un carácter generalizado. Los ‘estímulos' fiscales y la inyección de dinero de rescate para los bancos han provocado una reactivación temporal de la economía, que se ha manifestado en forma más acentuada en la mayoría de los ‘países emergentes'. Luego de una fuerte recesión en 2008, han logrado recuperar sus niveles económicos a partir de 2009. Esto ha llevado a los ‘analistas' a pronosticar que los ‘emergentes' traccionarían al conjunto de la economía mundial. Se trata de un despropósito. Esto no ocurrió ni siquiera en la "gran recesión" de 1873-90, cuando comenzó una ola de inversiones de Europa a la periferia y el reparto del mundo entre las principales potencias. La perspectiva es más bien la contraria: que las metrópolis arrastren a los ‘emergentes' a una nueva recesión de mayor alcance que la anterior. Es que la ‘bonanza' reciente reposa en los mismos factores especulativos que han entrado en crisis en las naciones desarrolladas. Los precios de las materias primas han comenzado a retroceder, en muchos casos. De otro lado, la reactivación de los ‘emergentes' ha sido incentivada por el ingreso de capitales especulativos espoleados por la emisión monetaria en los países centrales. Varias de estas naciones han comenzado a instaurar un control al ingreso de capitales. Estos países están importando la política monetaria de Estados Unidos y Europa. Son objeto de un ‘carry trade', que toma prestado a tasas de interés irrisorias para invertir en operaciones que pagan tasas muy superiores. En esta fase ulterior de la crisis mundial, los llamados ‘emergentes' están creando la ‘burbuja' financiera que hizo estallar la crisis en las metrópolis en junio de 2007. La situación de los ‘emergentes' está muy bien definida por el hecho de que la mayor parte de ellos sufre una salida de capitales igual o superior al que ingresa. La especulación inmobiliaria en China o la del crédito al consumo en Brasil, por ejemplo, plantean un episodio bancario en gran escala o la entrada en una nueva recesión. El desarrollo de la crisis mundial ha acentuado la dependencia de los llamados ‘emergentes' respecto a los centros del capitalismo mundial. La acumulación de reservas, por parte de los ‘países emergentes' no constituye una formación de capital capaz de generar la correspondiente tasa de beneficio, sino un adelanto de riqueza que financia el rescate del capital mundial.
Crisis políticas generalizadas
6. Esta nueva etapa de la bancarrota capitalista se caracteriza también, junto al estallido de la crisis fiscal, por una secuencia de crisis políticas en las naciones centrales, que van desde Japón a Estados Unidos, con centro en la Unión Europea. Estas crisis están acompañadas con movilizaciones populares crecientes. En Italia, España y Grecia se discute el adelantamiento de las elecciones parlamentarias. El eje de estas crisis es la implementación del ‘ajuste' fiscal en detrimento de los gastos y derechos sociales, y de los rescates bancarios, toda vez que Alemania impulsa la liquidación de la mediana banca europea en beneficio de la banca alemana y sus asociados. Con independencia del carácter por el momento más o menos limitado de estas crisis políticas, sirven para demostrar que la bancarrota capitalista no se limita a un fenómeno económico, incluida la crisis fiscal. Esa bancarrota mina las bases financieras del Estado, se convierte en una crisis de dominación política y altera la orientación prevaleciente de cada una de las clases sociales. Lo subjetivo emana de lo objetivo; la conciencia social se modifica con las alteraciones que sufre la existencia social; el encadenamiento de los seres humanos a sus propias condiciones entra en crisis con la crisis de estas condiciones. Estamos ante otro gran punto de delimitación en la izquierda, para la cual la crisis mundial es inocua para el proceso político, al cual entiende como un enfrentamiento (abstracto) entre posiciones alternativas abstractas, que son ajenas al carácter histórico (transicional) de la crisis capitalista.
En Francia y en Italia están en proceso de desintegración dos alternativas que emergieron para modificar el régimen político vigente e instaurar formas de dominación bonapartista, o sea antiparlamentarias. La izquierda centrista y reformista, en Italia y Francia, había caracterizado las victorias de Berlusconi y de Sarkozy, respectivamente, como un retroceso histórico de la clase obrera y una derechización de las masas que abría el camino a un bonapartismo estructural, ignorando en esta caracterización a las distintas manifestaciones de rebeldía popular. Resulta obvio que habían excluido, en esa caracterización, la labor disolvente de la crisis mundial. Ahora, sus propios partidos se encuentran divididos, en especial en Italia, mientras pululan en ellos las conspiraciones por su derrocamiento (Fini, Villepin). Sarkozy y Berlusconi son acosados por sus propias burguesías, con la imputación de incapacidad para hacer el ‘ajuste' fiscal (incluido el remate de las propiedades culturales y la privatización) y atacar a fondo las condiciones laborales. La posibilidad de un adelantamiento electoral en Grecia, responde a la intención oficial, luego de llegar al gobierno con un programa de progreso social, de obtener un nuevo mandato de las urnas, de apoyo al programa de la UE, para oponerlo a la resistencia de los trabajadores al ignominioso ‘ajuste' de los gastos sociales. En España, Zapatero ha prolongado por un tiempo su agónico gobierno gracias al apoyo provisorio de la gran burguesía de Cataluña a su plan de ‘ajustes' y, en lo fundamental, al esfuerzo político de la burocracia de los sindicatos por controlar una rebelión popular. En los años 30, la crisis mundial derribó en España no solamente al gobierno sino a la propia monarquía. El destino de los Papandreu, Zapatero, Berlusconi y Sarkozy depende de la crisis mundial. Al margen de estas crisis evidentes, se procesó otra más explosiva -la del gobierno de Merkel, en Alemania, que ha quedado en minoría en el Senado al perder las elecciones recientes en el Estado de Renania del norte. En la casi totalidad de los países europeos, la crisis políticas de los gobiernos enfrenta una crisis política mayor de las oposiciones de turno. Esto caracteriza a una crisis de régimen. Basta señalar que el opositor mejor cotizado a Sarkozy, en Francia, es el director general del FMI, o, en Italia, el presidente de la Cámara berlusconiana. Hace pocas horas, la mayor manifestación independista en la historia de Cataluña expulsó de la cabecera a los representantes socialistas y nacionalistas, o sea a todos los representantes de esa nación. Este hecho, lejos de representar una ausencia de alternativas, plantea la necesidad y ofrece la posibilidad de una alternativa obrera y socialista. Las vísperas de una crisis revolucionaria se caracterizan siempre por el extremo inmovilismo del régimen de turno.
Asistimos a una crisis política del conjunto de la Unión Europea, como lo testimonió la dilación para intervenir en la crisis griega, lo que llevó a una duplicación del paquete de rescate a Grecia y al establecimiento de otro paquete para toda la zona euro. El acuerdo para ese rescate fue impuesto por la intervención de Obama, cuya prioridad en ese momento era evitar la caída de Zapatero. Se volvió a manifestar, en el curso de la crisis, la dependencia de la Unión Europea con Estados Unidos. La crisis política y los planes de austeridad ponen de manifiesto la actualidad de la reivindicación planteada por la CRCI, en su congreso de fundación: Abajo los gobiernos del capital, por un gobierno de trabajadores para los Estados de Europa.
La clase obrera levanta la cabeza
7. La novedad más importante de esta nueva etapa de la crisis mundial son, sin lugar a dudar, las movilizaciones generalizadas de trabajadores en Europa y, por sobre todo, las huelgas en las grandes fábricas del sur de China. Los paros generales de 24 horas resueltos por las burocracias sindicales han sido impuestos por la presión de la crisis y el descontento general de la población. Se trata de un método que no puede llevar a la victoria. Los seis paros generales en Grecia no han torcido el brazo al gobierno `socialista´ de Papandreu, y lo mismo vale para las movilizaciones cada vez más numerosas en Francia. La burocracia de los sindicatos procura por esta vía encauzar la rebeldía popular y preservar a los gobiernos de turno. Ni siquiera plantea el retiro sin condiciones de los planes de austeridad sino su negociación, como si esto no fuera otra cosa que una capitulación disfrazada. Precisamente, en Italia, las tres centrales derechistas aceptaron (e incluso promovieron) el plan de flexibilidad de Marchione-Fiat, en la planta de Pomigliano, con el pretexto de que sería la vía para recuperar puestos de trabajo. La victoria del plebiscito convocado con este fin por la patronal, demostró el terreno ganado por la burguesía.
A pesar de la enorme presión ejercida por el conjunto de las fuerzas políticas de la burguesía y por las centrales obreras burocráticas, casi el 40% de los trabajadores de la Fiat de Pomigliano han tenido el coraje, sin embargo, de responder con un "No" al acuerdo. Esto es más significativo incluso en la medida en que la propia central de "izquierda", la CGIL, que había criticado el acuerdo, llamo abiertamente a votar por el Sí en el referéndum. En este punto se contrapuso a su "sindicato de rama", la Fiom, que rechazó el acuerdo y apareció como la verdadera triunfadora política de la confrontación con la patronal. La satisfacción de la clase obrera por el resultado, tan grande como inesperado, del "No" se reflejó en la amplia y combativa participación del proletariado de las fábricas, en primer lugar las metalmecánicas, en las movilizaciones asociadas a la huelga general convocada por la CGIL contra la política del gobierno, apenas tres días después de la realización del referéndum. Pero, a pesar del rechazo a las propuestas de la Fiat y el enfrentamiento con la dirección de la CGIL, implícita en Pomigliano y explicita en el reciente congreso de la confederación, ni siquiera la dirección de la Fiom ha sido capaz de ofrecer una dirección y una perspectiva a la combatividad obrera. Para la patronal de Italia, el acuerdo flexibilizador es la única vía para generalizar el plan Marchione al conjunto de la clase obrera. La necesidad que tiene la burguesía de contar con el concurso de la burocracia sindical, es una manifestación indirecta de la resistencia de los trabajadores. Los sindicatos europeos han llamado a una jornada de protesta para una fecha tan lejana como el 29 de septiembre. En este marco, la huelga indefinida del metro de Madrid, votada en asamblea general apenas conocida la rebaja de sueldos decidida por las autoridades, ha puesto de relieve el factor de fondo de todas las movilizaciones obreras, a saber: el desencadenamiento de la fuerza elemental del proletariado, la única que puede barrer, tanto con los planes de austeridad como con la burocracia de los sindicatos. Los planes encuadrados de la burocracia sindical son desafiados por la acción directa de las masas. El giro que se ha producido en la resistencia popular en Europa queda en evidencia cuando se la compara con las movilizaciones de los Fórums Sociales contra la globalización, que en ningún momento lograron involucrar a la clase obrera como tal.
Contrariamente, con la generalización de las luchas obreras, el movimiento antiglobalizador ha desaparecido como factor político. Su principal reclamo, una tasa impositiva al movimiento financiero, ha sido tomado ahora por una fracción de este para establecer un fondo de rescate para los bancos que quiebran. Los partidos y representaciones de los Fórums Sociales se han desintegrado en el curso de la crisis y la mayor parte de ellos se han pasado al campo del capital y de sus gobiernos. El desarrollo de la crisis y de la lucha de clases ha dejado al desnudo los límites insalvables de los movimientos pequeño-burgueses que reivindican el anticapitalismo sobre la base de las relaciones sociales capitalistas.
El desencadenamiento de la fuerza elemental del proletariado tuvo su manifestación contundente en las recientes huelgas en China y en otras naciones de Asia. No sorprende, porque se trata de un proletariado joven, de reciente emigración rural, que no ha pasado por una secuela histórica de derrotas ni por la domesticación de la burocracia de los sindicatos. Cuenta, sin embargo, con una tradición histórica revolucionaria relativamente reciente, y viene de las filas de insurrecciones rurales contra las expropiaciones de la burocracia estatal. Emerge en una sociedad convulsionada por la restauración del capitalismo y en un período de transición entre diversas formas de explotación social. Esas huelgas han producido enseguida comités de fábrica, en el marco de una dictadura que castiga en forma severa cualquier manifestación independiente. El reclamo del establecimiento de convenciones colectivas de trabajo y sindicatos independientes del Estado, es incompatible con el régimen político vigente, y su desarrollo implicaría un principio de doble poder. En las filas de los huelguistas ya han aparecido todos los matices de la oposición típicamente obrera: desde el planteo socialdemócrata de un régimen laboral en el marco de un régimen político que inserte en su seno formas semi-representativas de gobierno (una tendencia que se emparenta con la oposición dentro del Partido Comunista, que reclama una acentuación de los límites a la restauración capitalista, con el alegato de que llevaría a un retorno del status semicolonial de China), hasta una oposición obrera francamente revolucionaria. La dialéctica entre Rusia y América, que permitió a los socialistas del siglo XIX pronosticar la inminencia de una revolución en Rusia, se reproduce ahora con China (pero esta vez para sustentar una perspectiva revolucionaria también en América, tanto por su simbiosis económica con China como por los desafíos revolucionarios en su patio trasero).
La transición a la barbarie
8. La bancarrota capitalista no solamente es la expresión más aguda de un largo período de crisis capitalista; también irrumpe en una sociedad inmersa en guerras y rebeliones populares, en catástrofes y barbaries. La bancarrota internacional potencia la descomposición del capitalismo que la precede. Representa una carga adicional para las masas y para los propios Estados. La finalización de la ´guerra fría´ no ha resultado en una pacificación internacional sino en el incremento potencial de las guerras imperialistas contra las naciones más débiles. Este solo hecho refuta la pretensión de que la disolución de la URSS y la restauración capitalista en los países de economía estatizada representen un paso progresivo en el desarrollo social. Desde la guerra contra la ex Yugoslavia, las guerras se han ido desencadenado unas otras y ahora amenazan con un holocausto contra Irán y la limpieza étnica final contra la nación palestina. Mientras somete a los pueblos a horrores infinitos, el capitalismo mundial va cavando más hondo su propia tumba. El imperialismo no cuenta con la fortaleza histórica y el aval social para desatar una tercera guerra mundial. Antes deberá someter a las masas con el método de la fascistización. La posibilidad de ganar estas guerras en forma aséptica, con economía de recursos materiales y humanos, apelando a la guerra aérea y a la conscripción militar voluntaria, ha fracasado. La Otan se encuentra empantanada en todos los terrenos en que se ha desplegado: la ex Yugoslavia, Irak, Afganistán y la ex Asia soviética. Es claro, en esta disposición de fuerzas, que el objetivo estratégico es la colonización del ex espacio soviético y de China, para lo cual cuenta con la complicidad parcial de las burocracias restauracionistas. Pero la palabra de orden del imperialismo ante este impasse es: "surge" (incremento militar). La crisis de la empresa bélica del imperialismo norteamericano ya ha sumido al gobierno de Obama en una crisis insuperable, y lo mismo ocurre con los gobiernos ´aliados´, que se ven obligados a retirar tropas tanto por la crisis económica como por la resistencia popular, en especial en Europa. La CRCI plantea convertir a todas estas guerras en una tumba del imperialismo para acelerar, de este modo, el proceso de la revolución social. Urge a impulsar movilizaciones por el retiro militar incondicional del imperialismo de todos los países, y a apoyar a las fuerzas nacionales que lo combaten al mediante la movilización y la lucha armada de las masas. En estas condiciones, repite su crítica al terrorismo político, que de un modo general tiene un carácter sectario y golpea sobre todo a las masas populares.
La izquierda en el laberinto de la bancarrota
9. La bancarrota capitalista ha dejado expuesta la bancarrota de la izquierda democratizante en todo el mundo. Luego de transitar por los gobiernos de Prodi-Bertinotti y de Lula, el llamado "Secretariado Unificado de la Cuarta Internacional" acaba de votar favorablemente, junto al Bloque de Izquierda de Portugal (integrado además por reformistas y maoístas) la contribución de este país al fondo de rescate y el plan de austeridad de la Comisión europea para Grecia. El pretexto ofrecido para esta traición política es que el ‘default' de Grecia sería un mal mayor que la austeridad impuesta contra los trabajadores. Del rechazo a la caracterización catastrofista de la bancarrota capitalista (creación de situaciones revolucionarias), la izquierda democratizante se ha pasado a la adaptación al capitalismo en crisis y al apoyo al sistema de protectorados dentro de la Unión Europea, con la diáfana intención de impedir el desarrollo de esas situaciones revolucionarias.
La posición del Bloque de Izquierda de Portugal pone en evidencia que la crítica democratizante al catastrofismo se apoya en la confianza de que las instituciones capitalistas tienen la capacidad para neutralizar la crisis mundial, y que los rescates bancarios e industriales, y los planes de ajuste, son la manifestación de esa capacidad. Instalada en las instituciones del Estado, o procurando desarrollarse bajo su sombra, la izquierda democratizante tiene horror al catastrofismo y espanto por una crisis de poder; el temor a una situación revolucionaria la atrae como un imán hacia el campo del capital. Otra manifestación de esta adaptación al capital es el rechazo, en Grecia y en toda Europa, a la reivindicación del no pago de la deuda externa. La izquierda democratizante de Grecia, que también reclama para sí el mote de ‘anticapitalista', ha lanzado una iniciativa, por intermedio de los así llamados "Economistas y Académicos de Izquierda" - compuesta principalmente por una frágil coalición de miembros de una fracción del NAR (Nueva Corriente de Izquierda, escisión del PC ), algunos miembros de Antarsya (un "frente amplio anticapitalista" formado por el NAR con otros centristas y la sección del Synapsismos/Syriza (un frente de antiguos miembros del PC , de eurocomunistas, maoistas y centristas)- que reclama al gobierno de Papandreu la declaración de una moratoria de la deuda griega, su renegociación parcial o total y el retiro de la zona euro, pero no de la Unión Europea. Reivindica explícitamente la ‘solución Kirchner' para la crisis griega. Propicia de este modo una salida negociada con el imperialismo, no la ruptura con el capital financiero internacional (una posición similar ha adoptado el PC griego, con el argumento de que es necesario que primero haya un gobierno obrero y popular en Grecia para encarar la salida adecuada a la deuda externa). La moratoria ya ha provocado una escisión en los Economistas de Izquierda de Grecia, cuya mayoría adhiere a Siryza, aunque también cuenta con adherentes de la izquierda del partido del Gobierno. La declaración de moratoria y la negociación con la banca opera como máscara de una devaluación monetaria y un retorno a la vieja moneda, la dracma. Se trata de una de las salidas que proponen los voceros del imperialismo (como el actual asesor de Obama y ex asesor de Reagan, Martín Feldstein), con el añadido de establecer un sistema de dos monedas -el euro, para pagar la deuda externa, y la dracma, para los salarios y las transacciones corrientes.
Mientras los democratizantes de Portugal justifican su apoyo al ajuste griego en la necesidad de evitar la catástrofe de la devaluación, sus colegas de Grecia promueven esa devaluación sin importar la catástrofe que representaría para las masas griegas -a igual título de lo que representó para el pueblo de Argentina a principios de 2002. Desde las propias filas democratizantes, François Chesnais (uno de los voceros teóricos de esta izquierda) acaba de denunciar lo que llama la "timidez" de la izquierda europea frente a la deuda externa, aunque admitiendo haberla promovido hasta el momento. No se trata, como es obvio, de una "timidez", sino del lineamiento de una capitulación política ante el imperialismo. La "timidez" está en la crítica, toda vez que no plantea, conjuntamente, la nacionalización sin pago de los bancos, ni tampoco deriva el carácter revolucionario del planteo del no pago de la deuda. Mientras tanto, el paquete de salvataje para Grecia está permitiendo, como ocurrió en Argentina, que los bancos se deshagan de la deuda externa para inmunizarse de un default inevitable. El "no pago" es rechazado por la izquierda democratizante, cuando podría servir como reivindicación para unir a las masas de Europa contra los bancos y el capital financiero en una movilización política supra-nacional. La misma postura ha adoptado el grupo Lutte Ovrière, cuyos editoriales periodísticos se empeñan en reclamar que el pago de la deuda corra por cuenta de las ganancias de los capitalistas ("s'en prendre aux profits"). Se trata, al fin y al cabo, de una salida impositiva (gravar las ganancias) del tipo de la reclamada por el movimiento antiglobalizador con respecto a los movimientos financieros. Estamos en presencia de un caso vergonzoso de respeto por las deudas contraídas por gobiernos ‘democráticos' y votadas en sus parlamentos. Se trata, también, de un ejercicio de culto y respeto reverencial ante las clases medias propietarias o semi-propietarias, con dinero en los bancos, como si ellas no se encontraran al borde de la confiscación por parte del capital financiero, por medio de la corriente fuga de capitales, el default y finalmente la devaluación. A pesar de esto, la izquierda democratizante comparte la visión ilusoria de la pequeña burguesía de que la protección de sus ahorros pasa por la protección del capital financiero. Conectado con el tratamiento que da a la deuda externa, la izquierda democratizante no plantea la ruptura política con la Unión Europea (y de la Unión Europea) para poder construir una unión política de otro contenido social, los Estados Unidos Socialistas de Europa (gobierno de trabajadores), incluida la Federación Rusa.
Dentro de este marco de capitulación ante la salida capitalista a la crisis mundial, se encuadra el retroceso político del neonato Nuevo Partido Anticapitalista de Francia, que enfrenta fuertes tendencias a la disolución. La manzana de la discordia la constituye la fuerte presión interna para formar un frente democratizante con el Partido Comunista y el Partido de Izquierda, que derivará inevitablemente en un acuerdo con el Partido Socialista francés -una agencia de la gran burguesía gala. Esta orientación frentista democratizante pone de relieve que la estrategia del NPA no está determinada por la crisis mundial y la tendencia a la rebelión de los trabajadores, sino por la aspiración a obtener una presencia parlamentaria en los comicios de 2012 que, según las encuestas, ganaría un frente de los verdes y los socialistas. Pero como los apetitos son mayores que las bancas en disputa, el NPA enfrenta un camino duro para satisfacer los suyos. A la luz de todo esto, es claro que la disolución de la Liga Comunista Revolucionaria para parir el NPA no le ha abierto ningún camino promisorio a la ‘vieja guardia' de aquella, que por eso mismo se encuentra dividida por primera vez.
Un caso especial en la izquierda democrática europea podría estar representado por el partido Die Linke, pero no porque tenga una política independiente del imperialismo, puesto que integra gobiernos burgueses en varios Estados. La peculiaridad de los Linke es que han abierto una expectativa de cambio en una parte de la clase obrera e incluso de la burocracia sindical descontenta con el SPD (Partido Socialista) y la mayoría del aparato sindical. Se encuentra posicionada como una estación de paso del descontento de las masas. Bajo este tipo de presiones, un partido como Die Linke podría radicalizarse y desarrollar en su interior tendencias revolucionarias. Esta posibilidad pone a la orden del día el reclamo de que Die Linke rompa por completo con los gobiernos burgueses regionales, se movilice por el retiro de todos los planes de austeridad y reivindique un gobierno de trabajadores.
La Cuarta Internacional
10. El agotamiento de las tentativas de desarrollo de la izquierda, por medio de la adaptación a lo que ha caracterizado como nuevas circunstancias históricas incompatibles con el ‘paradigma bolchevique de la Revolución de Octubre', es completo. Para que ese ‘paradigma' (que nunca fue un dogma sino un método) hubiera podido ser superado, habría sido necesario que el capitalismo dejara de ser una organización social históricamente determinada, contradictoria, inmune a la tendencia a la bancarrota y a la catástrofe social. León Trotsky, en 1936, en lo más duro del terror staliniano, fundamentó "la vigencia de la Revolución de Octubre... en la crisis mundial del capitalismo". Esa vigencia plantea también el ‘paradigma' del Partido Bolchevique, o sea una Internacional proletaria fundada en un programa de reivindicaciones transitorias. Varias corrientes trotskistas han caído en el ridículo de impulsar una Quinta Internacional promovida por el chavismo -o sea, por el jefe de las fuerzas armadas de Venezuela, cuyos aliados son Kirchner, Lula, Mugabe y Amadihneijad, el verdugo teocrático del pueblo iraní y de su naciones oprimidas, como el pueblo kurdo. En oposición a todas estas adaptaciones, la CRCI ha pronosticado en forma sistemática la tendencia a la bancarrota capitalista, señala que ella conduce a la creación de situaciones revolucionarias y ha desarrollado una propaganda en esa dirección. Desde su fundación, la CRCI ha dejado en claro que la reconstrucción de la IV Internacional sobre la base de la proclamación de una fracción que la reivindica es inviable; que ella requiere un trabajo preparatorio y un reagrupamiento de fuerzas que reivindique su programa histórico y su función revolucionaria. A la luz de la crisis mundial, y de las movilizaciones generalizadas e incluso las rebeliones de los trabajadores, la CRCI llama a volcarse de lleno a desarrollar estas movilizaciones y rebeliones; a combatir a la burocracia sindical y a sus partidos y, por sobre todo, a reclutar a la vanguardia obrera de estas luchas. La caracterización de la crisis mundial capitalista y las tareas que se desprenden de ella son el eje de delimitación política en la izquierda y el trotskismo. Sin otras condiciones que esta base teórica y la correspondiente acción práctica reiteramos nuestro planteo de refundar la Cuarta Internacional, cuya misión histórica no ha sido todavía cumplida. El método para esta construcción es el centralismo democrático. El terreno histórico de la revolución socialista mundial ha ganado una amplitud sin paralelo.
La crisis capitalista mundial, reconocida universalmente como la peor de la historia, no ha terminado; estamos frente al meollo de su desarrollo. Al final de 2009, el espectro de los defaults soberanos desde Dubai y Grecia hasta Irlanda sacudió al conjunto de la Eurozona y la Unión Europea y reveló el impacto catastrófico de las montañas de deudas de los Estados capitalistas en todo el planeta, empezando por los propios Estados Unidos, desmintiendo las tempranas afirmaciones de recuperación.
La inyección de una masa de liquidez sin precedentes de parte de los gobiernos y bancos centrales -en particular después del pánico causado en 2008-2009 por la debacle de Lehman Brothers- con la intención de salvar al sistema financiero internacional en colapso fue una maniobra de contención; han dilatado la precipitación de la caída temporalmente, sin resolver las contradicciones sistémicas que explotaron en la crisis. Estas contradicciones fueron más bien exacerbadas y se produjeron nuevos problemas.
Más allá de la retórica, no hay recuperación de puestos de trabajo sino crecimiento de la desocupación; no hay recuperación sino constreñimiento del crédito inmobiliario y para pequeñas empresas; no hay recuperación del gasto en consumo sino sub-consumo; no se des-palanquean los bancos sobre-expuestos y sub-capitalizados. El océano de derivativos no ha retrocedido más que apenas. Su función, de todas maneras, es vital para el capitalismo contemporáneo y no puede ser abolida sin precipitar el colapso del sistema entero. Nuevas burbujas enormes de capital financiero se han formado cuando la liquidez disponible fue dirigida masivamente, una vez más, a actividades especulativas. Particularmente, el "carry trade" (inversiones financieras en países con altas tasas de interés que son financiadas por préstamos en otros países a baja tasas de interés) basado en el debilitamiento del dólar alimentó la especulación, mientras desvirtuó los efectos del paquete de estímulos y redirigió el flujo de dinero hacia fuera de los Estados Unidos. Los mercados financieros despegan, aunque en la esfera de la producción dominan la capacidad ociosa y una crisis de sobre-acumulación de capital, abriendo más aún las tijeras entre el capital ficticio y el productivo. Las burbujas en algún momento, más antes que después, deben reventar produciendo una recesión de doble caída.
La intervención estatal (mediante la puesta a disposición de cantidades abundantes de efectivo deliberadamente) estimula la especulación para salvar al capital financiero -dominante en nuestra época imperialista de decadencia capitalista- del colapso. Pero de esta manera, la misma deuda pública crece exponencialmente, sin tener una base sustentable en la esfera de producción de valor. Los bonos soberanos para financiar deudas y déficits públicos han ocupado el espacio que hasta recientemente tenía el mercado de hipotecas sub-prime que, con su colapso inescapable, disparó esta crisis. Comentando el caso de Grecia, directivos de grandes bancos occidentales prevén que "después de dos años de preocuparnos por los riesgos de las hipotecas y las corporaciones, el riesgo soberano va a ser el gran debate para el 2010 -tanto para los bancos, como para la comunidad inversora más extendida" (Financial Times,21/12/09).
Tanto los países metropolitanos como periféricos son afectados por la quiebra de la globalización financiera. El centro del sistema mundial y, por ende, de la crisis está en Estados Unidos, el país más poderoso y sobre-endeudado del mundo, que trata de exportar su quiebra globalmente. Europa, Japón, Rusia y China son sacudidas por el huracán internacional y todos los antagonismos se acentúan.
La Unión Europea es particularmente golpeada. La bancarrota capitalista de Grecia no es un caso aislado, sino que está a la cabeza de una larga serie de países de la UE con déficits enormes y deudas aplastantes: Irlanda, España, Portugal, Italia y otros. Los defaults soberanos amenazan a los bancos que son prestamistas sobre-expuestos, así como también la sustentabilidad de la Unión Monetaria Europea y todo el proyecto imperialista de integración capitalista europea. Crecen las fuerzas centrífugas que sacuden todo el edificio de la UE.
Los intentos de los capitalistas y sus gobiernos de forzar a los trabajadores a pagar por la crisis producen resistencias sociales y una intensificación de la lucha de clases. Se han impuesto medidas draconianas sobre Irlanda y un programa aún peor, en línea con el aplicado en Letonia, es presentado por las instituciones de la UE como ultimátum a Grecia. La "alternativa" de girar al FMI en busca de su "ayuda" es igualmente destructiva para las masas populares. La revuelta de diciembre de 2008 en Grecia y la brutalidad policial, un año después, contra los manifestantes que conmemoraban ese evento -incluyendo el ataque asesino de la Fuerza Especial Delta contra los trotskistas del EEK-, las detenciones masivas y los procesos judiciales manifiestan el creciente malestar social, especialmente entre la juventud rebelada, abrumadoramente desocupada o superexplotada en trabajos flexibilizados. Estas batallas son las primeras manifestaciones de un proceso político revolucionario, que puede y debe expandirse a una escala continental europea e internacional. Grecia es el espejo del desarrollo histórico mundial.
A pesar de las ilusiones esparcidas por los economistas dominantes y los medios masivos, China no es la solución a la crisis mundial, sino una parte crucial del problema.
El tremendo crecimiento de la economía china y la aceleración de la restauración capitalista fueron alimentadas por la expansión de dinero barato de los Estados Unidos, un boom en el consumo norteamericano y en exportaciones chinas basadas en una sobreproducción de capital ficticio sin precedentes.
La inyección a la economía, por parte de las autoridades del Estado chino, de un inmenso paquete de estímulo de 4 billones de yuanes el último año no se superpuso a la crisis de capacidad ociosa (por ejemplo, la capacidad ociosa en la siderurgia ya era, en 2005, de 120 millones de toneladas, más que la producción anual de Japón, el segundo productor mundial). Llevó a la formación de nuevas burbujas en la Bolsa y de especulación inmobiliaria. Las razones son estructurales. La gigantesca desproporción entre una economía dirigida a la exportación y un mercado interno inadecuado y subdesarrollado en una formación social económica todavía híbrida, ahora enfrentada a una caída internacional a la depresión, destruye cualquier intento del ala dirigente de la burocracia restauracionista del Partido-Estado chino a establecer un momentáneo equilibrio social entre clases, así como entre el campo y los centros industriales. Las tensiones y luchas sociales crecen exponiendo la falacia de una supuesta "sociedad armoniosa con un socialismo de mercado de características chinas".
Al mismo tiempo crecen las presiones del capital internacional en China, buscando una salida a su bancarrota. Las exigencias de una revaluación del renminbi de China (yuan) tienen el objetivo final de abrir los mercados financieros chinos, la expansión de un mercado interno dominado por el capital extranjero y, finalmente, la transformación de este vasto país en una semicolonia del capital norteamericano, europeo y japonés. Obviamente, tal objetivo nunca podría lograrse sin un proceso violento y prolongado de intervenciones imperialistas, presiones económicas y guerras -y sin producir una feroz resistencia y conmociones revolucionarias dentro de la propia China.
Rusia también está sometida a tremendas presiones por la actual crisis mundial, que llevó a su primera recesión seria en la década, una devaluación del rublo del 30%, la quiebra de una cantidad de empresas, la caída de oligarcas rescatados por el Kremlin y una importante caída de las reservas estatales. Después de la era Yeltsin, con la "terapia de electro-shock" del FMI, el saqueo en masa de la propiedad pública en los 90 y la centralización de la riqueza en manos de los oligarcas que llevó al default en 1998, el actual huracán internacional dio un golpe letal a la era Putin de estabilización y renovado control estatal. La elite dominante está dividida y una fracción considerable que responde al presidente Medvedev gira nuevamente a otro ciclo de privatizaciones y apertura al capital extranjero.
Los imperialismos norteamericano y europeo en sus crisis son llevados a relanzar un esfuerzo de re-colonización del amplio espacio de Europa Oriental a Rusia y China, buscando una salida a la crisis sistémica. La humanidad ha entrado en un periodo de convulsiones violentas, con un resultado incierto que se decidirá por la lucha viva entre fuerzas vitales en una escala mundial.
La guerra de Obama
Los Estados Unidos ocupan el centro no sólo de la crisis económica mundial sino también de la crisis política.
La escalada del esfuerzo bélico en Afganistán decidida por la administración Obama manifiesta tanto la continuidad como el fracaso externo de la llamada "guerra contra el terror", comenzada por la administración Bush, contra quien Obama fue votado en su momento. La "obamanía" y todas las ilusiones que rodearon al ganador del Premio Nobel de la Paz y señor de la guerra en Afganistán recibieron un golpe mortal. Es absolutamente necesario y urgente para la clase obrera norteamericana y mundial sacar un balance de esta bancarrota política.
Obama fue presentado como un opositor a las políticas de guerra en el extranjero de Bush, aunque sosteniendo a la favorita del lobby sionista, Hillary Clinton, y los tonos belicosos y la ideología imperialista del Partido Demócrata. Ahora, resucita la falacia imperial agustiniana de la "guerra justa" para justificar la continuidad de los crímenes contra la humanidad en Afganistán, Pakistán e Irak.
El nuevo Presidente fue promocionado como un nuevo Roosevelt que introduciría un nuevo New Deal keynesiano. En las condiciones de hoy, donde no sólo el neoliberalismo sino el keynesianismo que lo precedió han fracasado, esto es imposible: un nuevo Roosevelt no puede reencarnar en Obama en la Casa Blanca. El empobrecimiento en masa de los hogares norteamericanos después del desastre del mercado inmobiliario, el desempleo masivo y el fracaso seguro de la reforma de salud muestran que la administración Obama enfrenta desastres, no sólo en los frentes bélicos en Asia Central sino en el frente social en su hogar.
El imperialismo norteamericano, impulsado por el colapso de su equilibrio interno, no puede sino marchar a la guerra por el reestablecimiento sobre nuevas bases de su supremacía mundial y su "misión" imperial. Esto conlleva más guerras bárbaras y convulsiones, particularmente en Asia Central, Irán y el Medio Oriente.
Turquía juega un rol importante en los planes del imperialismo en esa región. Debemos combatir resueltamente este rol, así como la opresión del pueblo kurdo. El CRCI condena el veredicto dictatorial de la Corte Suprema y el "estado profundo" de Turquía para ilegalizar al DTP kurdo.
El esquema para una falsa solución imperialista al problema palestino ha colapsado. El gobierno más derechista en la historia de Israel continúa su salvaje opresión del pueblo palestino desposeído, el bloqueo de Gaza la instalación de nuevos asentamientos en Cisjordania. A pesar de la traición de la dirección Abbas-OLP, el pueblo palestino, aunque sin dirección, no cesó en su resistencia a la ocupación.
Se intensifican las amenazas de guerra de Israel y Estados Unidos sobre Irán, bajo el pretexto del programa nuclear iraní. Los sucesos en el país que conoció la mayor revolución popular de Medio Oriente, en 1979, han llegado a un punto crucial. El impasse y desintegración del régimen clerical, las movilizaciones después de la elección de junio de 2008, el rol de las fuerzas burguesas pro-imperialistas en la dirección de la oposición, así como las legítimas quejas de estudiantes y mujeres contra un régimen opresivo y oscurantista han cambiado dramáticamente el paisaje político de Irán. El CRCI debe seguir cuidadosamente y analizar cada paso de los sucesos para procesar y lograr una comprensión revolucionaria y una línea de intervención.
El pacifismo en el centro y el nacionalismo burgués y/o fundamentalismo religioso en la periferia son totalmente incapaces de enfrentar los peligros de la guerra y todos los desafíos de la actual situación mundial. Una movilización internacional de la clase obrera y las fuerzas populares anti-imperialistas es necesaria en la perspectiva de la revolución permanente contra la guerra permanente.
Tendencias dentro de la clase obrera y sus tareas políticas
Europa presenta en forma condensada todas las tendencias principales que se desarrollan en la clase obrera en lucha.
Huelgas de masas, movilizaciones masivas, ocupaciones de fábricas, toma de rehenes de patrones por trabajadores, revueltas de jóvenes y obreros en una cantidad de países en Europa (Francia, Italia, Grecia, Irlanda, pero también Rumania, Serbia, etc.) muestran la creciente bronca y combatividad del proletariado bajo la presión del desempleo masivo, la flexibilización laboral, las reducciones salariales, la destrucción de derechos jubilatorios, la represión estatal, etc.
El desarrollo de las luchas y la conciencia social es no lineal, distinto de país a país, contradictorio. Los partidos revolucionarios deben seguir cuidadosamente cada paso y estudiar sus tendencias internas y desarrollo mediante la intervención en las luchas con un programa de demandas transicionales, que conecte el momento presente con la lucha por el poder obrero, preparando así su victoria.
Hemos ingresado en una etapa de organización y preparación cuidadosa, metódica, sistemática, para las situaciones revolucionarias venideras.
Cualquier frente o formación partidaria "anti-capitalista" (la perspectiva sostenida por el NPA de Francia; el Bloque de Izquierda en Portugal, Syriza; y en una versión más izquierdista Antarsya en Grecia; el SWP británico y sus seguidores internacionalmente), que pretende combatir el capitalismo dentro del marco del sistema capitalista "para derrotar las políticas anti-obreras y anti-populares de sus gobiernos y de la UE" sin derrocarlos, es un fraude reaccionario.
Luchamos por el derrocamiento de todos los gobiernos capitalistas y de la imperialista UE que ha declarado una guerra de clase con sus draconianas medidas de austeridad contra todos los explotados y ha transformado al continente en la "Fortaleza Europa" contra los inmigrantes; por la derrota del empuje de los imperialistas europeos para re-colonizar Europa Oriental, los Balcanes y, más aún, la propia Rusia; para unificar sobre una base socialista a todos los pueblos europeos, desde el Atlántico al Pacífico, en unos Estados Unidos Socialistas de Europa.
Cambio climático
La Cumbre de Copenhague sobre cambio climático impulsado por la ONU fue un fiasco total e inescapable. Los líderes capitalistas del mundo demostraron que son totalmente reacios a dar el más pequeño paso a la reducción del peligro de una catástrofe ecológica, pero están preparados para desatar una represión policial bárbara contra aquellos que luchan contra este peligro mediante la acción directa en la calle, como los manifestantes que protestaban en la capital danesa.
El falso "acuerdo" final recauchutado entre Estados Unidos, China, India, Brasil y Sudáfrica es meramente una expresión vacía de objetivos vagos, sin compromiso, aparte del compromiso implícito de defender las ganancias empresariales. Pero incluso este pedazo de papel sin valor fue roto inmediatamente por Brasil y Sudáfrica, dos de los "co-firmantes".
El capitalismo mundial decadente en crisis, más codicioso de ganancias que nunca, amenaza con una catástrofe ecológica a la humanidad, a todos los seres vivientes, a la Naturaleza como "cuerpo inorgánico" de los seres humanos. No son las fuerzas productivas mismas -o sea el desarrollo de la capacidad material y mental de la humanidad para sobrepasar los límites naturales-sociales- que causan el cambio climático y los desastres ambientales, sino su mal uso, estrangulación y distorsión en manos de las relaciones sociales de producción capitalistas históricamente agotadas. El llamado "desarrollo verde" bajo el capitalismo es una forma demagógica, engañosa, de encontrar nuevas salidas para el capital excedente, sin realmente preocuparse por el medio ambiente y la supervivencia del planeta entero. Esta supervivencia y la civilización humana toda dependen ahora de una reorganización de la economía mundial sobre nuevas bases sociales de acuerdo con las necesidades de la vida y no de las ganancias de un puñado de magnates.
¡Exigimos la expropiación de toda industria contaminante sin compensación bajo control obrero!
Exigimos nuestro derecho a nuestro espacio vital, contra las monstruosidades metropolitanas.
¡Luchamos por reapropiarnos de nuestras vidas contra los vampiros del capital, por la expropiación de los expropiadores capitalistas y por el socialismo mundial!
Contra la opresión a la mujer
A pesar de que se insista con lo contrario, la opresión de las mujeres se ha incrementado en las últimas dos décadas, tanto en los países metropolitanos como en los periféricos. La decadencia y la crisis del capitalismo están conectadas indisolublemente con la crisis del patriarcado, el sexismo, el tráfico y todas las formas de violencia inflingidas sobre las mujeres.
La medida de la liberación de todos los explotados es la emancipación de las mujeres. La emancipación humana universal, el comunismo, mediante la revolución socialista mundial no puede ser lograda sin la abolición de todas las formas de opresión de género.
¿Qué Internacional?
La bancarrota capitalista mundial y sus implicancias sociales y políticas plantean, como nunca antes, la necesidad urgente de una Internacional revolucionaria del proletariado y todos los oprimidos para derrocar al capitalismo y reorganizar la sociedad sobre bases socialistas a escala mundial.
Pero esta Internacional obrera revolucionaria no puede nacer por decreto presidencial ni por la convocatoria de un Bonaparte militar populista, mucho menos un Bonaparte de un Estado burgués. La convocatoria de Chávez a una Quinta Internacional está dirigida sin base programática a un auditorio heterogéneo que cubre un amplio espectro que representa fuerzas de clase variadas y opuestas, incluyendo partidos burgueses liberales. Ya que las políticas exteriores son la continuidad de políticas domésticas, la V Internacional Socialista de Chávez aparece como la extensión internacional del PSUV chavista, un partido destinado a regimentar, contener y controlar cada una de las expresiones políticas de la clase obrera.
Esta referencia a una "V" Internacional, reconociendo de esa manera la tradición de la Cuarta Internacional fundada por León Trotsky y sus compañeros, tiene como objetivo atraer y entrampar fuerzas revolucionarias que provengan de esa tradición.
François Sabado, uno de los principales dirigentes del ex-Secretariado Unificado de la CI, ya ha respondido positivamente al llamado, aunque colocando en debate algunos puntos relacionados con los puntos de vista liberales "de izquierda" que prevalecen en Europa, particularmente en Francia en la ex LCR ahora liquidada en el NPA. De hecho, acepta que la cabeza de un Estado burgués pueda lanzar la iniciativa de una organización internacional de la clase obrera. Se rechaza toda la teoría marxista del Estado, de las clases, de la lucha de clases y de la transición al comunismo mediante la dictadura del proletariado, de un Estado que se desvanece del tipo de la Comuna de París. El próximo congreso mundial de la corriente internacional a la que está asociada Sabado está inscripta en la perspectiva liquidacionista de terminar con los restos de la tradición de la Cuarta Internacional en esa corriente.
Un camino similar es seguido por otras tendencias con una referencia trotskista (como la "Tendencia Marxista Internacional" de Alan Woods y muchos otros).
La Coordinadora por la Refundación de la Cuarta Internacional destaca que, especialmente en las condiciones actuales, la conquista, preservación y desarrollo de la independencia política de la clase obrera, de su programa, de sus organizaciones, partidos políticos y sindicatos son condición sine qua non para su lucha contra el capital, por una salida obrera y socialista a la crisis, por el poder obrero y el socialismo mundial.
Atenas, 12/12/2009
El pasado fin de semana (5/7 de diciembre) se realizó en Montevideo el XIV Congreso del Partido de los Trabajadores de Uruguay. Al cabo de sus deliberaciones -en las que fueron leídos saludos de solidaridad del Partido Obrero y de otras organizaciones de la Coordinadora por la Refundación de la IV Internacional- fue aprobado el Manifiesto que reproducimos a continuación.
La humanidad está colocada ante una crisis histórica. Los capitalistas nos conducen a un enorme retroceso, a través de más miseria, más desempleo, más guerras imperialistas, más pérdida de derechos y conquistas.
Tras el estallido de la crisis, con el derrumbe del sistema financiero en Estados Unidos y Europa, la economía mundial tiende a contraerse. La perspectiva es una gran depresión económica.
La miseria social avanza en los propios Estados Unidos. Millones de trabajadores pierden el empleo, la vivienda, la salud, la educación para sus hijos. La crisis social provocará una gran conmoción en la conciencia popular, sacudiendo los viejos prejuicios conservadores, y abriendo paso a gigantescas luchas obreras.
Los Estados son incapaces de detener la crisis, pese a la gigantesca masa de dinero volcada al rescate de los banqueros y grandes capitalistas. Los propios Estados, endeudados, marchan a la bancarrota.
La bancarrota económica conduce a la agudización de las contradicciones sociales, y abrirá paso a grandes crisis políticas de alcance revolucionario.
La paradoja de nuestro tiempo es que cuando el capitalismo vive su etapa de decadencia, la izquierda mundial se ha integrado al Estado burgués y se ha convertido en una fuerza conservadora, en lugar de luchar por el socialismo; es decir, por la superación de este régimen de explotación caduco.
Los trabajadores uruguayos hemos comprobado a través de nuestra propia experiencia que el Frente Amplio no es un vehículo de transformación social, sino que defiende al Estado burgués semicolonial; es decir, la explotación de la clase obrera y el sometimiento nacional al imperialismo. Tras años y décadas de "acumulación de fuerzas" por parte de la izquierda frenteamplista, de alianzas cada vez más amplias con la burguesía "progresista", el resultado es un rotundo fracaso. La posibilidad de un triunfo electoral de la derecha blanqui-colorada es la mejor prueba de que el Frente Amplio ha frustrado las expectativas populares.
La crisis capitalista ya está significando despidos, envíos al seguro de paro, rebaja del salario. La caída de los precios de las materias primas, el cierre de mercados internacionales, el final definitivo del 'boom' exportador, abrirá paso a una etapa de mayores privaciones para el pueblo. El gobierno miente cuando afirma que está "blindado" frente a la crisis: gran parte de las reservas del Banco Central y los depósitos del BROU están colocados en la misma banca internacional que se está desmoronando.
Frente a esta situación, el gobierno de Tabaré Vázquez sigue pagando la deuda externa, mantiene la estafa de las jubilaciones privadas (Afap), aprueba subsidios en favor del gran capital. Mientras los obreros de las curtiembres y los frigoríficos luchan por mantener el empleo e impedir la rebaja del salario, el gobierno les da la espalda y favorece a las patronales. A los trabajadores del Casmu les exige que acepten la rebaja salarial. Tabaré Vázquez se alió a la derecha clerical para impedir la despenalización del aborto; es decir, cerró el paso a un progreso de carácter laico y democrático.
La dirección mayoritaria del PIT-CNT está totalmente integrada al gobierno capitalista del Frente Amplio. El reciente Congreso del PIT-CNT se negó a votar un salario mínimo de 8.500 pesos, rechazó la propuesta de un paro general y un plan de lucha levantada por los sindicatos clasistas, y aprobó como eje estratégico asegurar que el FA cumpla otro mandato, es decir que los sindicatos se conviertan en un apéndice electoral del gobierno. Los dirigentes del Partido Comunista abandonaron incluso el planteo del "gobierno en disputa", y se sumaron a la postura del grupo "Articulación", de la más absoluta subordinación al gobierno.
Sin embargo, en el propio Congreso se manifestó la existencia de una oposición clasista, que lucha por la independencia política del PIT-CNT, que levanta un programa obrero frente a la crisis capitalista impulsa un plan de lucha para impedir que los trabajadores paguen nuevamente la crisis de los capitalistas. Esta oposición sindical, que alcanzó aproximadamente un 30% de los delegados, es expresión de las luchas que llevaron y llevan adelante los maestros y docentes, los clasificadores de residuos (Ucrus), los municipales, los curtidores, los postales, los trabajadores del Casmu, los obreros del Frigorífico Canelones, es decir, todos los que en la práctica se niegan a resignarse a la miseria y la superexplotación.
Los partidos tradicionales de la burguesía pretenden explotar en su favor el desencanto generado por el gobierno del Frente Amplio. La derecha blanqui-colorada quiere recuperar el gobierno para profundizar la política de rebaja salarial, achique del Estado, privatizaciones, salvataje a los capitalistas, pago de la deuda a los banqueros. La clase obrera no puede esperar nada de estos partidos y candidatos.
Tampoco abre ninguna salida la disputa abierta en el seno del Frente Amplio en torno a las candidaturas. Ni Astori ni Mujica representan a los trabajadores, son dos candidaturas que defienden los intereses de la burguesía. Astori ocupó el ministerio de Economía al servicio de la banca y los grandes capitalistas. Mujica fue el ministro que aseguró enormes ganancias a la burguesía agraria y a la propia oligarquía terrateniente, mientras acusó a los cañeros que ocupaban tierras de "poner un palo en la rueda". Mujica gobierna en Montevideo a través del emepepista Ehrlich, que privatiza los Casinos y la basura.
Como lo muestran la huelga de los obreros del Frigorífico Canelones, la lucha de los trabajadores del Casmu y las movilizaciones de docentes y estudiantes contra la ley de educación del gobierno, los explotados están saliendo a la pelear por sus reivindicaciones, no esperan una salida de las próximas elecciones. Es la propia acción de los trabajadores y de los jóvenes la que puede abrir una salida, nunca la parálisis y la desmovilización en aras de "no hacer olas al gobierno".
Debemos luchar por un plan económico de la clase obrera, para impedir la destrucción de las fuentes de trabajo, de la educación y la salud, de los salarios:
Convocamos a la más amplia unidad de acción. Es necesario poner en pie un frente de los luchadores y de la izquierda anticapitalista, para impulsar la movilización popular por un plan económico de la clase obrera. Sólo la movilización podrá conquistar este programa; la participación en las elecciones debe estar subordinada a esta acción popular, nunca es un objetivo en sí mismo.
Sólo los trabajadores podemos abrir una salida. Llamamos a los militantes sindicales, a todos los luchadores populares, a los militantes de izquierda, a sacar todas las conclusiones de la bancarrota del Frente Amplio. Es necesario poner en pie un partido de la clase obrera, que de la espalda a la política de colaboración de clases, que luche por un gobierno de trabajadores y por la unidad socialista de América Latina. Por la revolución y el socialismo internacional.
1. Todo el escenario histórico mundial ha cambiado. La exacerbación en septiembre/octubre de 2008 de la crisis capitalista mundial que estalló el último año toma dimensiones sin precedentes que llevan al colapso a las bolsas del mundo, al sistema bancario internacional, a industrias gigantescas y ponen a un número creciente de Estados al borde del default.
El estallido global ya tuvo lugar. La capitalización de las bolsas del mundo se ha reducido a la mitad; las pérdidas en instrumentos de deuda alcanzan ahora una cantidad cercana a los 3 billones de dólares, y la destrucción de la deuda continúa inexorablemente; hay una "casi desintegración del sistema bancario del mundo occidental" (Financial Times, 28/10/08) a pesar de una intervención sin precedentes de los Estados.
La economía mundial se contrae. El FMI predice para 2009 una recesión generalizada en todo el mundo desarrollado y más de 20 millones de nuevas pérdidas de puestos de trabajo. Las condiciones de hambre ya producen disturbios en los países llamados del "Tercer Mundo", y la caída de los precios de las materias primas acelerará la bancarrota de los países exportadores. Ya nada será lo mismo.
Hace cerca de dos décadas, la desintegración de la URSS fue celebrada por el capitalismo como "el final del comunismo" y de la propia historia; ahora el propio capitalismo enfrenta su propia implosión en sus centros metropolitanos, en Estados Unidos, en Europa y en Japón. El mito post 1989/91 de un aparentemente triunfante sistema capitalista liberal, incluida la fantasía de un "mundo unipolar" con centro en el "indisputado" imperio norteamericano, ha colapsado.
La superpotencia capitalista más fuerte del planeta, el Estados Unidos capitalista en su conjunto, y no sólo el evaporado "mercado de hipotecas sub-prime", se ha transformado en el "mayor activo tóxico" del sistema mundial. Trotsky predijo que, al ascender hacia la hegemonía mundial, Estados Unidos acumulaba todas las contradicciones mundiales, como dinamita en sus cimientos. Esta dinamita, acumulada durante un siglo de expansiones y crisis, de guerras y revoluciones, explota ahora cambiando la forma del mundo en el siglo XXI.
La crisis actual es la culminación y la superación de todas las grandes crisis sistémicas previas, desde la desintegración en 1971 del marco de Bretton Woods, que intentó evitar una recaída en la Gran Depresión de los años de pre-guerra, hasta los shocks financieros de los años '80 y '90 (el "tequilazo" latinoamericano de 1984; el derrumbe de 1987 y de 1997, centrado en Asia y seguido por el default de Rusia en 1998; la explosión de la "burbuja tecnológica" en 2000; la recesión de 2000/01, la bancarrota de Enron, el default de Argentina, etc.) a lo largo de décadas de globalización financiera.
En el periodo 2002/06, la espiral de la crisis fue desviada y los dos motores interconectados de la expansión del crédito en Estados Unidos y del crecimiento industrial de China condujeron a un relativo crecimiento de la economía mundial. Pero ahora los dos motores están parándose. La contracción de la economía mundial trata de eliminar la enorme masa de capital excedente, tanto ficticio como productivo, que obstruye el proceso de acumulación capitalista.
El capital no es una cosa: es una relación social. La explosión de los cimientos del sistema está moviendo las placas tectónicas de la sociedad, cambiando todas las relaciones sociales e internacionales. Una salida de la impasse sólo puede encontrarse a través de una serie de confrontaciones históricas entre las fuerzas sociales en conflicto, ante todo entre el capital y el trabajo. En otras palabras: la solución de la crisis depende, en última instancia, de la confrontación entre la revolución social y la contrarrevolución en una escala internacional. La tarea central de la clase obrera internacional y de su vanguardia es la urgente preparación política, programática y organizativa por todos los medios teóricos y prácticos para esta confrontación.
La nueva situación histórica a fines de la primera década del siglo XXI exige la movilización de las masas oprimidas y explotadas bajo la bandera de una Internacional revolucionaria del siglo XXI, la IV Internacional refundada.
De la crisis al estallido y la depresión
2. Estados Unidos, el punto históricamente más alto de desarrollo del mundo capitalista, se ha transformado en el centro del mundo capitalista que se ha convertido en el centro de su crisis que se profundiza.
El colapso del mercado sub-prime en Estados Unidos en 2007desató una avalancha financiera internacional de quiebras y una contracción global del crédito, seguidos por una suba sideral y luego por una dramática caída en los precios del petróleo y de las materias primas, pero, sobre todo, por un deslizamiento imparable hacia un bajón y una recesión sincronizados de la economía mundial.
Las tres largas décadas de globalización del capital financiero, después de una serie de shocks (en 1984, 1987 y 1997) terminó en una catástrofe.
El rotundo fracaso del llamado "neoliberalismo", el dogma económico que siguieron casi todos los gobiernos capitalistas, fue tipificado por las dramáticas acciones tomadas urgentemente por los campeones de las privatizaciones, de la política económica de los Reagan y las Thatcher en los propios Estados Unidos y en Gran Bretaña.
El proceso de crecientes operaciones de rescate comenzó con la nacionalización del Northern Bank y en Gran Bretaña, en septiembre de 2007; del Bearn Sterns, uno de los "cuatro grandes" bancos de inversión en los Estados Unidos en marzo del 2008, y luego alcanzó un decisivo punto de inflexión que precipitó la vorágine de septiembre/octubre: la nacionalización de los gemelos gigantes Fanny Mae y Freddie Mac que controlan las cuatro quintas partes del colapsado mercado hipotecario norteamericano, en septiembre de 2008.
El gobierno norteamericano, naturalmente, no tenía otra alternativa que transgredir sus propios principios fundacionales de fundamentalismo capitalista. No podía permitir que dos empresas patrocinadas por el gobierno, con una deuda igual al 40% del PBI, simplemente colapsara bajo los golpes de la "mano invisible". Tal colapso significaba el caos en el sistema financiero internacional, una corrida contra el dólar y una declaración de default por parte de los Estados Unidos.
No hay duda de que este gigantesco rescate puso una lápida no sólo a lo que de manera equívoca fue llamado "neoliberalismo", sino a toda una era enteramente dominada por la ilusión central capitalista de una economía de mercado autorregulada por una "mano invisible". Esto demuestra que la ley del valor está agotada como un principio regulador de la economía; el trabajo abstracto también está restringido como medida de la riqueza social material; así, el capitalismo mundial, en su etapa imperialista avanzada, ha entrado hace ya tiempo, en una época histórica de declinación.
Aunque el gobierno norteamericano no tenía otra alternativa que nacionalizar Fannie y Freddie, esta operación de rescate produjo nuevos problemas. Los fondos gastados para esa operación (alrededor de 200/300 mil millones) impidieron su repetición con otras instituciones financieras en problemas. La primera gran víctima tenía 158 años de antigüedad: el gigantesco banco de inversión Lehman Brothers, al que se dejó colapsar.
La quiebra de Lehman Brothers se transformó en el catalizador de una avalancha de quiebras, una intensificación de la contracción del crédito global, y del pánico en todo el mundo. En coincidencia con la venta forzada de Merrill Lynch, en el fin de semana del 13/14 de septiembre de 2008, seguido por el rescate de último minuto de la enorme compañía de seguros AIG por parte de la FED, demostró claramente que la catástrofe financiera global encabezada por Estados Unidos no había finalizado.
En seis meses, fue desmantelado todo el cuadro de los bancos de inversión de Wall Street: Bearn Stern está destrozado, Lehman Brothers está quebrado, Goldman Sachs y Morgan Stanley tuvieron que ser recategorizados y puestos bajo la autoridad de la FED.
Siguió una serie de dramáticas intervenciones del Estado, tanto en Estados Unidos como en Europa, que superaron todo lo que sucediera después del estallido de la crisis en 2007.
Durante los años 2007/08, el mundo se ha convertido en testigo de intervenciones continuas, sin precedentes en escala y naturaleza pero finalmente fallidas, por parte de las autoridades estatales y los bancos centrales de las economías capitalistas y los países imperialistas más poderosos en el mundo, en Estados Unidos, Europa y Asia, para frenar la crisis abierta y sus peligros sistémicos. Cientos de miles de millones de dólares, euros y yenes fueron inyectados en el sistema bancario. La FED norteamericana y otros bancos centrales siguieron una política monetaria expansiva de reducción de las tasas de interés; fueron introducidos estímulos fiscales, por ejemplo recortes impositivos que favorecían a los ricos en problemas, pero la espiral de la crisis mundial continuó profundizándose, amenazando a todo el sistema.
Después del descalabro de Lehman Brothers, el plan Paulson de 700 mil millones fue urgentemente introducido para comprar los "activos tóxicos" y aliviar al sistema financiero de su carga destructiva. Fue finalmente votado en el Congreso, sin evitar una crisis política y sin convencer de que el plan sería efectivo en última instancia. Incluso, de esta suma, 250 mil millones han sido urgentemente redirigidos para recapitalizar y nacionalizar parcialmente los nueve bancos más fuertes de Estados Unidos. El plan Paulson ataca como principal problema a la iliquidez, cuando el verdadero núcleo del problema es la insolvencia. La "securitización" diseminó globalmente los riesgos y opacó los peligros de quiebra, destruyendo cualquier calificación crediticia y congelando las líneas de crédito. La cartera de préstamos de los bancos estaba sobreextendida, a veces 60 veces más que sus activos, convirtiéndolos ahora en candidatos a la quiebra. El plan Paulson otorga algún alivio temporario a los magnates de Wall Street mientras el contribuyente debe pagar la cuenta. Transfiere otra parte de la enorme deuda privada a la deuda pública de un ya sobre-endeudado Estados Unidos.
Mientras que, con el crecimiento de los déficit de Estados Unidos, crecía la necesidad de inversores extranjeros para financiarlos, la calificación crediticia de Estados Unidos se está deteriorando rápidamente. La relación de la deuda total de Estados Unidos con el PBI va del 163% en 1980 al 240% en 1990 y salta al 346% en 2007. Se agravó enormemente con los dramáticos acontecimientos de 2007/08, incluyendo la suma de 6 billones de pasivos de Fannie y Freddie y los 700 mil millones del plan Paulson. Estados Unidos se ha transformado en una super-Argentina, en un default no declarado. El problema del sobreendeudamiento de Estados Unidos se transfiere al próximo gobierno.
La victoria electoral de Barack Obama expresa la necesidad, tanto de los gobernantes como de los gobernados, de superar una situación insoportable, heredada de los años del gobierno de Bush: deterioro de las condiciones de vida, crecimiento del desempleo, deuda pública, corporativa y de los consumidores que crece imparablemente, déficit gigantescos, recesión y catástrofe financiera junto con una impasse, igualmente catastrófica, en la internacional "guerra contra el terrorismo" en Medio Oriente y Asia Central y del Sur.
El nuevo gobierno de Obama es un instrumento en manos del imperialismo norteamericano para manejar su crisis; en un cierto punto, su política entrará ineludiblemente en conflicto con las grandes esperanzas que creó en las masas de trabajadores y en las minorías oprimidas, movilizadas para su victoria.
El gobierno británico introdujo el plan Gordon Brown el 8 de octubre para casi nacionalizar ocho grandes bancos. Juntos, Gran Bretaña, Alemania y Francia anunciaron el 13 de octubre más de 222 mil millones de nueva liquidez para los bancos y cerca de 1 billón en garantías de préstamos interbancarios.
Pero estas medidas sin precedentes no disiparon la crisis. La recesión se expande en Estados Unidos, Gran Bretaña, la Eurozona y Japón. Las Bolsas, los mercados monetarios, bancos e industrias están en una continua agitación bajo la amenaza de una depresión o de una stangflación (estancamiento más deflación) que está en curso. (Véase www.rgemonitor.com, 25 de octubre, 2008).
Las recortes de tasas de interés por parte de la FED, dos veces en octubre de 2008, al nivel más bajo desde el 11 de septiembre (y movimientos similares seguidos del Banco Central Europeo, el Banco de Inglaterra, el Banco de Japón y otros bancos centrales de Asia) podrían tener un efecto efímero en los volátiles mercados accionarios, pero son totalmente incapaces de revertir la contracción de la economía mundial. Como han señalado muchos analistas, estos recortes son sólo un signo de desesperación.
El Estado entra en escena
3. Cualquier intervención estatal es totalmente inadecuada para enfrentar la magnitud del problema generado por la sobre-acumulación de capital ficticio.
¡El mercado de derivados se expandió de 100 a 516 billones de dólares entre 2002 y 2007, según la estimación del BIS, e incluso hasta 585 billones según otras estimaciones! En comparación, todos los bienes y servicios reales producidos anualmente por todas las economías del mundo, el producto bruto global anual, es menor a 50 billones de dólares, y el PBI anual de los Estados Unidos es de aproximadamente 13 billones. Es claro como el agua que no hay intervención del Estado, de un banco central o de todos los bancos centrales del mundo juntos, que pueda capear la tempestad en este océano de derivados.
Mientras el Estado es presentado por los 'expertos' -de derecha, progresistas o de izquierda- como el recurso último para salvar el sistema, un Estado tras otro se suman a la lista de países en default: Islandia, Hungría, Ucrania, Bielorrusia, Kazajstan, Rumania, Bulgaria, Pakistán, Indonesia, Filipinas, entre otros. Un Estado tras otro lanzan, una vez más, llamados desesperados al FMI. El FMI ya ha respondido a los llamados de Hungría y Ucrania, y probablemente intervendrá en otros casos. Pero la munición de esta institución es muy limitada: aproximadamente 250 mil millones de dólares. No puede jugar el rol de salvador, lo que hará es exacerbar los problemas sociales y políticos al imponer sus conocidas condiciones draconianas a los países que reciben su "ayuda".
El estado-nación capitalista es totalmente incapaz de enfrentar una crisis globalizada, hecha posible por una globalización capitalista que, en las últimas décadas, ha interconectado las partes nacionales de la economía mundial de manera mucho más profunda que nunca antes en la época imperialista.
Después del crac de 1929, fue el vínculo con el sistema monetario del patrón oro lo que internacionalizó la crisis; por esa razón, pasó cierto tiempo -1932/1933- para que la Gran Depresión mostrara todo su poder destructivo. Hoy, por el contrario, gracias a la globalización de las finanzas, la crisis financiera llevó inmediatamente a una crisis bancaria y precipitó una recesión y bancarrotas estatales, comenzando por la de Islandia.
El estado-nación no es el custodio del último resorte económico que salvará al sistema capitalista. Por el contrario, debido a la crisis del sistema capitalista global, sucumbe ante el peso del sobreendeudamiento, la ruina de las finanzas públicas y la incapacidad de pagar la deuda, que lo lleva al default.
La crisis capitalista mundial actualmente en desarrollo demostró no solamente el total fracaso del neoliberalismo anti-keynesiano, sino también de cualquier intervencionismo estatal neo-keynesiano.
Sin embargo, aunque el Estado no pueda convertirse en el último recurso económico, sigue siendo el último recurso político de la burguesía, el centro de su poder político con el monopolio de la fuerza. Su rol creciente entre los intereses capitalistas en conflicto y entre el capital en su conjunto y los trabajadores refuerza la tendencia a obtener poderes de excepción y gobernar a través de medidas de emergencia, que ya se ha observado en la crisis de la globalización capitalista de principios de este siglo y en el frenesí de la "guerra contra el terrorismo".
En cuanto el Estado interviene entre intereses en conflicto se convierte en el foco de todas las tensiones sociales, en un mediador que transforma la crisis económica en una crisis social que afecta a todas las clases y extiende la miseria entre las grandes masas, profundizando una crisis política en torno a la cuestión del propio poder político.
Las dos estrategias socio-económicas usadas por el capital en el último siglo para enfrentar su decadencia histórica y la amenaza de la clase obrera -el intervencionismo estatal y el neoliberalismo- han fracasado en el largo plazo, provocando una crisis de gobierno: los de arriba no pueden seguir gobernando como antes, los de abajo no aceptan ser gobernados y viven un presente miserable y sin futuro. De este modo se van estableciendo las condiciones para la emergencia de situaciones revolucionarias.
Los "centros de estudio" de la clase dominante reconocen esta amenaza. En el Financial Times (28/10/08), Martin Wolf habla de los peligros políticos que surgen de una depresión global y menciona "la xenofobia, el nacionalismo y la revolución" (subrayado nuestro). Es esta última la que llevó a los líderes capitalistas mundiales a una temprana cumbre del G20 luego de las elecciones norteamericanas y la que hace que Sarkozy y otros líderes europeos hablen de un "Bretton Woods II".
En Bretton Woods, en 1944, fueron los Estados Unidos, como nuevo poder hegemónico mundial, con dos tercios de las reservas mundiales de oro en su Tesorería y su poderosa moneda nacional ocupando el lugar de reserva monetaria mundial, en paridad fija con el oro, los que fueron capaces de sostener un New Deal keynesiano a nivel internacional, reconstruir una Europa arruinada y rechazar la amenaza revolucionaria con el apoyo político crucial del stalinismo.
Ahora la situación mundial ha cambiado por completo. Estados Unidos no es solamente incapaz de restablecer el equilibrio en Europa y en el resto del mundo, sino que arrastra a todos ellos hacia el abismo. No hay lugar para ningún tipo de concesión histórica a la clase obrera, como sucedió después de la Segunda Guerra Mundial; por el contrario, la "generosidad" hacia los banqueros y financistas es compensada con la destrucción de los servicios sociales que quedan (educación, salud, pensiones, etc.) y de las condiciones de vida de la población empobrecida. Es un mal momento para los colaboradores de clase: la socialdemocracia está desacreditada y el stalinismo, con sus poderosos aparatos burocráticos, ya no está allí para ayudar a disciplinar a los trabajadores.
Un "Bretton Woods II" es un sueño imposible de Sarkozy y otros líderes europeos atemorizados por las explosiones sociales que se vienen, una ilusión compartida por los "neo-keynesianos" de la izquierda y de la llamada "extrema" izquierda.
Europa en zona de tormentas
4. La actual crisis mundial capitalista puso de manifiesto la vulnerabilidad del sistema en su lugar de nacimiento, el Viejo Continente, así como la fragilidad de la Unión Europea ante todas las fuerzas centrífugas que la desgarran.
Cuando la crisis se agravó en septiembre/octubre de 2008, un gobierno europeo tras otro debieron intervenir con medidas sin precedentes, para evitar el colapso de los principales bancos y compañías y detener el derrumbe financiero. El 28 de septiembre, los gobiernos de Bélgica, Holanda y Luxemburgo nacionalizaron el banco Fortis, el mayor empleador privado de Bélgica. El 29 de septiembre fue nacionalizada la británica Bradford & Bingley, que tenía la mayor porción del mercado de hipotecas inmobiliarias. El 5 de octubre, el gobierno alemán rescató al gigante de los préstamos comerciales Hypo Real Estate, y anunció que garantizaría los depósitos de todos los ahorristas (el día anterior había criticado al gobierno irlandés por hacer exactamente lo mismo). El 8 de octubre, el gobierno británico nacionalizó y recapitalizó los ocho mayores bancos del país por la vía de la compra de acciones preferenciales.
Se puso de manifiesto que, a pesar de todos los planteos acerca de la unidad europea, los capitalistas de Europa reaccionaron ante la crisis sobre líneas nacionales. Se hizo evidente la ausencia, en la UE, de un equivalente a la Reserva Federal norteamericana, capaz de imponer un plan en todo el ámbito de la Eurozona. A pesar de los críticos o los apologistas que definieron a la UE como un "super Estado", esta unión de imperialistas europeos tiene una moneda común entre 15 de sus 27 miembros pero carece de un sistema de impuestos o un presupuesto a nivel europeo. El Banco Central Europeo tiene la tarea exclusiva de mantener la inflación por debajo de la tasa estipulada el tratado de Maastricht (2%), aunque la inflación actual es superior al 3,6%. Otro límite establecido por el mismo tratado, el de mantener el déficit público por debajo del 2%, también ha sido abandonado por el momento, debido a la recesión que se profundiza. ¡Los líderes capitalistas europeos reclaman la imposición de nuevas regulaciones internacionales -un nuevo "Bretton Woods"- al mismo tiempo que ignoran completamente sus propias regulaciones europeas!
En la reunión de los líderes de la Eurozona más Gran Bretaña del 12 y 13 de octubre de 2008, se acordó adoptar una serie de medidas generales para inyectar liquidez directamente a los bancos y/o establecer garantías para los préstamos interbancarios. En conjunto, Alemania, Francia y Gran Bretaña anunciaron más de 163 mil millones de euros (222 mil millones de dólares) de nueva liquidez bancaria y 700 mil millones de euros (casi un billón de dólares) en garantías para los préstamos interbancarios. Pero las medidas propuestas eran simples guías de acción y cada Estado miembro tiene que desarrollar su propia "solución" independiente, nacional. En el momento de la verdad de una crisis mundial, la UE demuestra su debilidad estructural y la continua fragmentación de Europa sobre líneas nacionales. El gobierno alemán, por ejemplo, se niega a entregar un solo euro para rescatar a bancos o empresas europeas (pero no alemanas), como pide el presidente francés Sarkozy.
Las fuerzas centrífugas se ven fortalecidas por las diferencias que existen en tres cuestiones clave: la participación del gobierno en la economía, el déficit del presupuesto gubernamental y el nivel de endeudamiento nacional. Los países europeos más seriamente amenazados son Francia, Italia, Grecia y Hungría.
La declaración de default de Hungría fue pospuesta gracias un paquete de rescate de urgencia del FMI, el Banco Central Europeo y el Banco Mundial, por 25 mil millones de dólares.
Italia, la cuarta economía de Europa, carga con el peso de la tercera mayor deuda pública del mundo, que llega a 1 billón de dólares y sobrepasa a la de Francia. Una enorme deuda pública, un gran déficit fiscal y gastos gubernamentales que llegan a casi el 50% del PBI, uno de los ingresos por impuestos más altos del mundo (43% del PBI), hacen imposible que el gobierno italiano pueda proporcionar algún rescate significativo a los gigantes italianos Intesa y Unicredit, que están muy expuestos en Europa central y en los Balcanes. "Italia puede ser el primero de los países importantes de la Eurozona en caer bajo el impacto de la crisis financiera global... Las opciones de Italia se reducirán a enfrentar la crisis con ayuda externa (y enfrentar posiblemente una recesión prolongada) o reconsiderar su condición de miembro de la Eurozona" (Stratfor, 28/10/08). Están surgiendo presiones sobre la Unión Monetaria Europea desde cada rincón de la sobre-expandida UE, amenazando su integridad y el futuro del euro.
Grecia, con una economía mucho más débil, un déficit público de aproximadamente el 3,5% del PBI, un déficit de pagos que supera el 15% del PBI y una deuda total, pública y privada, de medio billón de dólares, tiene su sistema bancario sobre expuesto en los Balcanes, particularmente en Bulgaria y en Rumania. Continúa la liquidación masiva de bonos del Estado griego (más de 3 mil millones de dólares en los últimos diez días de octubre de 2008). En su último reporte europeo, Merrill Lynch bajó la calificación de varios de los mayores bancos griegos (Alpha Bank, Eurobank y Bank of Piraeus) por los peligros que enfrentan en los Balcanes.
Bulgaria y Rumania están virtualmente en bancarrota, y amenazan con provocar un efecto dominó en los bancos de Grecia, Italia y Francia. Peligros similares enfrentan los bancos austriacos en Europa Central e incluso los suecos en los países del Báltico. Todos estos bancos se dedicaron a pedir préstamos con bajo interés en yenes y en francos suizos, para luego invertirlos en el Este en monedas locales, con altas tasas de interés. A medida que los déficits de los países del Este fueron aumentando y las débiles monedas nacionales comenzaron a caer, los bancos de la UE se encontraron parados sobre arenas movedizas.
El colapso de los regímenes stalinistas en Europa oriental fue visto inicialmente como la gran oportunidad histórica para el imperialismo europeo, en primer lugar para el motor de su integración: el eje franco-alemán. El tratado de Maastricht, de 1992, como base de la Unión Europea y del lanzamiento del euro y, luego, de la expansión de la UE hasta las fronteras de Rusia, se vio acompañado por un auge del crédito y por la relocalización de industrias de Europa occidental en Europa central y en los Balcanes, reforzando los sueños de un ascenso del imperialismo europeo en las condiciones de la posguerra fría. La actual crisis mundial liquida todo este edificio: las restricciones del tratado de Maastricht no son respetadas, el euro sufre enormes presiones y la bonanza en los países del Este bajo los regímenes restauracionistas se ha convertido en una pesadilla para los bancos europeos y sus respectivos países. El Este se transformó en un agujero negro que amenaza con absorber al Oeste en su vacío, para usar la metáfora de George Soros.
Un nuevo panorama social se abre en todo el continente: una nueva arena para la lucha de clases, que está surgiendo en nuevas oleadas y de nuevas maneras. Las actuales huelgas de masas, huelgas generales o movilizaciones masivas de la juventud en Bélgica, Grecia, Francia, Italia y Alemania son sólo el comienzo.
Crisis capitalista y restauración
5. Desde la guerra de intervención imperialista luego de la Revolución de Octubre hasta la Operación Barbarroja de los nazis contra la URSS y la guerra fría, el capitalismo mundial tuvo siempre el claro objetivo y la expectativa de superar su declinación a través de la reconquista de los vastos espacios en los cuales el capital había sido expropiado después de 1917 y de la Segunda Guerra Mundial.
Treinta años después del giro hacia las políticas de mercado en China, bajo Deng Xiaoping y, sobre todo, casi veinte años después del colapso del stalinismo en Europa oriental, la implosión de la Unión Soviética y el giro hacia la restauración capitalista, es más que obvio que el capitalismo mundial no sólo no encontró una nueva juventud sino que enfrenta, particularmente hoy, su peor crisis.
A pesar de una avalancha de créditos hacia el Este -y una guerra devastadora de la OTAN que destruyó la ex Yugoslavia- la restauración capitalista en Europa central y en los Balcanes muestra hoy su fragilidad, y pone de manifiesto que depende fundamentalmente del ingreso de capital extranjero más que de estructuras capitalistas enraizadas localmente.
Las expectativas de que el crecimiento de China podría ofrecer una salida a la actual tendencia a la recesión mundial son totalmente ilusorias. Por el contrario, el paso de la crisis financiera internacional y el colapso del crédito a la recesión o la depresión exacerbará todas las contradicciones acumuladas en la economía y en la sociedad chinas, con consecuencias mundiales incalculables.
El crecimiento de China se basa en las exportaciones. No puede impulsar el desarrollo en todas partes; a medida que el crecimiento global se hace más lento, la demanda de mercancías chinas tenderá a estancarse o caer. El principal destino de las exportaciones chinas es el consumidor norteamericano, cuyo consumo está colapsando por primera vez en dos décadas.
La tasa de crecimiento estimada para 2009 ya ha sido revisada hacia abajo, de un 11% a un 9%, a un 7% o incluso menos. Se anunciaron recortes en la producción de aluminio y níquel luego de la escalada de la crisis mundial. El 31 de octubre, el Banco Popular de China predijo que durante los próximos dos años los precios de las casas bajarán entre un 10% y un 30%, pinchando así la burbuja inmobiliaria; aun más importante, el banco reveló sus preocupaciones ante una posible crisis de liquidez que afectaría severamente no sólo a las compañías inmobiliarias sino también a los bancos comerciales que dedicaron entre un 20% y un 40% de sus préstamos totales al sector inmobiliario. Los recortes en las tasas de interés bancarias son también un indicador de un enfriamiento más bien rápido del crecimiento chino bajo las nuevas condiciones mundiales. Analistas occidentales como N. Roubini plantean que son altas las probabilidades de un 'aterrizaje forzoso' de la economía china el año próximo.
El crecimiento chino, que en los últimos años convirtió al país en el "taller del mundo", se basa en la canibalización de los sectores en los cuales la revolución china había expropiado al capital (empresas estatales, sistema bancario estatal) para impulsar una economía liderada por las exportaciones al mercado mundial y no por la demanda local ni por las ganancias en el mercado doméstico. Un fuerte desarrollo capitalista es impulsado sobre premisas no capitalistas (por ejemplo, los préstamos son otorgados por bancos estatales sin seguir criterios capitalistas) y, en última instancia, en la sobre-explotación de una fuerza de trabajo vasta y barata, disciplinada por un régimen stalinista, al servicio del capital mundial.
Las desigualdades sociales entre las zonas industriales costeras, abiertas al mercado mundial, y las zonas rurales del interior, alimentan oleadas imparables de migrantes internos hacia las ciudades, agitación rural y continuas rebeliones campesinas y huelgas obreras salvajes.
China necesita una tasa de crecimiento anual del 9 o10% para absorber a las aproximadamente 24 millones de personas que se incorporan cada año a la fuerza de trabajo, y los 12/14 millones de campesinos pobres que migran al sector urbano industrial. Cualquier disminución de la tasa de crecimiento por debajo de esta marca crea millones de nuevos desempleados y más material explosivo para nuevas rebeliones. Un aterrizaje forzoso de la economía china, del 12% a un crítico 6% (muy posible en las actuales condiciones de crisis mundial), significa un golpe mortal para la legitimidad y la estabilidad del régimen burocrático restauracionista del PCCh.
La dirección del PCCh está dividida por un doble límite: o bien trata de mantener una alta tasa de crecimiento, concentrando sus esfuerzos en las zonas costeras y enfrentando las consecuencias externas, por la contracción norteamericana y del mercado mundial, e internas, por la desintegración del interior agrario; o bien cortar los lazos que unen a China con el mercado mundial y construir hacia adentro un mercado interno (capitalista). Ambos procesos no pueden sino exacerbar las contradicciones hasta un punto explosivo.
La Rusia de Putin se ve severamente afectada por la profundización de la crisis mundial, la contracción del crédito y la caída de los precios del petróleo y otras materias primas. Rusia enfrenta su peor crisis desde el default de agosto de 1998.
Mientras que en agosto de 1998, durante la crisis internacional que siguió al crac asiático, el Estado ruso posterior al "robo del siglo" de la propiedad pública por parte de los oligarcas bajo Yeltsin, fue incapaz de enfrentar sus obligaciones y declaró el default. Ahora la situación es la opuesta: mientras que las reservas de capital del Estado son bastante fuertes -las terceras en el mundo (básicamente debido al aumento imparable de los precios del petróleo en los siete años previos a julio de 2008)- la contracción internacional del crédito le infligió golpes devastadores a los oligarcas y al sector privado, que se vieron súbitamente incapaces de afrontar los créditos obtenidos para proyectos ambiciosos, particularmente en energía y materias primas.
En septiembre/octubre de 2008, las dos bolsas rusas perdieron más del 75% de su capitalización desde su techo en mayo, y se han decretado repetidos feriados bursátiles por dos o tres días. La fuga de capitales extranjeros, que había comenzado antes de la guerra en Georgia, se ha acelerado desde entonces.
El Estado ha debido efectuar enormes inyecciones de liquidez (de la magnitud de los 90 mil millones de dólares) luego de los colapsos de las bolsas rusas del 16 de septiembre y el 6 de octubre, y en respuesta a los temores sobre la estabilidad de los bancos rusos.
El Kremlin se volvió, en primer término, sobre los oligarcas, para forzarlos a repatriar e inyectar entre el 10% y el 30% su riqueza total en los mercados y en los bancos para reflotar el sistema financiero. El Estado consolidó todavía más su control sobre los activos de los oligarcas, pero esto no fue suficiente para detener la crisis. Los oligarcas, que aún son muy ricos en activos, son muy pobres en efectivo; algunos de los más poderosos entre ellos, como Oleg Deripaska, el hombre más rico de Rusia, tuvo que liquidar parte de sus imperios para conservar liquidez.
La película de los 90 se vuelve a proyectar, pero en reversa: ahora es el Estado el que extiende y consolida su control sobre los oligarcas y sobre el sector privado, mientras una clase media creada en las últimas décadas, y absolutamente necesaria para la restauración del capitalismo, va rápidamente a la ruina.
Pero el hipertrofiado Estado construido bajo el bonapartismo de Putin encuentra sus bases materiales sacudidas. Luego de forzar a los oligarcas a pagar por la crisis, ahora debe meter mano en sus propios recursos, es decir, sus reservas, que ya han bajado de 600/650 mil millones de dólares en agosto a 515 mil millones el 17 de octubre de 2008. La fuga de capitales está en pleno desarrollo, a un ritmo de 12/16 mil millones de dólares por semana.
La deuda externa rusa total, en junio, ascendía a 527 mil millones de dólares, de los cuales 228 mil millones pertenecen a los bancos, privados o gubernamentales. Los bancos rusos dependen del acceso al capital extranjero para financiar todo, desde préstamos para autos hasta los gastos de las empresas de energía y minerales. Mientras el rublo se devalúa frente al dólar, las deudas externas en dólares comienzan a incrementar su valor. Desde septiembre, el valor del rublo ha caído en un cuarto, aumentando el costo del servicio de la deuda denominada en dólares en una proporción equivalente. Por esta razón el Kremlin debe intervenir rápidamente.
Pero la re-estabilización de la economía rusa bajo el régimen de Putin se sostiene, en su conjunto, sobre un solo pilar: la energía. Con la caída de los precios del petróleo y de las materias primas, ese pilar se está derrumbando. Con los precios del crudo en torno a 65 dólares por barril, el presupuesto ruso para 2009 apenas se sostiene. Y lo peor, con una depresión mundial, aún está por venir.
La inflación creciente alimenta el descontento de las masas. La popularidad del régimen establecido en los años 2000/2008 está cuestionada. Está sobre el tapete la cuestión de una movilización independiente de la clase obrera. Particularmente los sectores modernizados y abiertos al capital extranjero están fuertemente afectados; las huelgas, como las de Ford y otras fábricas en la zona de Leningrado, el año pasado, son sólo las precursoras de nuevos conflictos en el próximo periodo, que alcanzarán a sectores más amplios.
La cuestión clave es la independencia política y la dirección política del movimiento obrero. El stalinismo ha desacreditado al socialismo y llevó su construcción a un callejón sin salida y al colapso. Los trabajadores deben superar la atomización del pasado, incluido el período posterior a 1991, y construir nuevas organizaciones. La mayor parte de la izquierda actual, stalinista o no, se adapta al régimen de Putin/Medvedev y a su "patriotismo del Estado fuerte" o a los liberales. El liberalismo está en bancarrota desde los '90 y la actual crisis mundial destruirá incluso sus despojos. La misma crisis le da el beso de la muerte a la era de Putin. Un camino nuevo, independiente, hacia una salida socialista a la crisis, la expropiación de los oligarcas y sus protectores en el Kremlin, un programa nacional de medidas socialistas para el renacimiento de la URSS sobre nuevas bases, debe ser planteado por la vanguardia de los trabajadores, particularmente por una nueva generación de luchadores que sale al ruedo, aunque de manera reducida y dispersa, bajo la bandera de un comunismo antiburocrático e internacionalista.
Crisis y radicalización de masas
6. Los acontecimientos actuales han propinado un golpe ideológico devastador a todos los apologistas y escépticos, particularmente en la izquierda, que siempre han sobrevalorado la estabilidad del sistema y su capacidad para sobreponerse a las crisis. Ahora, como no pueden negar la realidad de la crisis mundial, rechazan sus implicancias revolucionarias.
La relación entre la crisis económica y la movilización revolucionaria de las masas, por supuesto, no es lineal sino dialéctica, a través de contradicciones. Sin embargo, Marx y el marxismo han demostrado cómo las contradicciones internas del capital estallan en crisis recurrentes y cada vez más catastróficas, creando las condiciones para su derrocamiento: "Estas contradicciones llevan a explosiones, cataclismos, crisis en las cuales la momentánea suspensión del trabajo y la aniquilación de una gran porción de capital, éste se ve violentamente reducido, al punto que puede emplear todas sus fuerzas productivas sin cometer suicidio. Pero estas catástrofes regulares y recurrentes se repiten en una escala mayor, y finalmente llevan a su derrocamiento violento" (Grundrisse, en Marx-Engels Collected Works, Progress-Moscow 1987, vol. 29 p. 134).
La "aniquilación de una gran porción del capital" continúa, con una tremenda destrucción de montañas de deudas y bancarrotas de bancos, empresas y Estados; "la suspensión del trabajo" ya genera nuevas legiones de desocupados en la medida en que se desarrolla una violenta contracción de la economía mundial y, finalmente -pero en absoluto por último-, el fantasma de un "violento derrocamiento" del capitalismo está acechando todas las ciudadelas del capital. Incluso el editorialista del Financial Times, Martin Wolf (28/10/08), en su listado de las consecuencias políticas de la profundización de la recesión mundial, junto a la xenofobia y al nacionalismo, puso a la revolución.
La xenofobia está presente hace décadas e, indudablemente, será aún más bárbara, particularmente en la Europa "poscolonial". El ascenso del nacionalismo económico exacerba todo tipo de odios raciales, étnicos y nacionales. Nadie puede subestimar el peligro del barbarismo derivado de una crisis sistémica de magnitudes históricas. Pero la perspectiva de la revolución social también ha regresado poderosamente.
El impacto de la crisis no es independiente del conjunto de la situación política, de los acontecimientos que la precedieron o la acompañan, y del real movimiento de masas con anterioridad y en el momento de la erupción de la crisis.
En las últimas décadas, hubo efectivamente un reflujo del movimiento obrero y de la conciencia de clase, un fortalecimiento de la dominación ideológica de la burguesía, especialmente después del colapso de la Unión Soviética. Pero no ha acontecido una derrota histórica de la magnitud de la ocurrida en los años '20 y '30, con el triunfo del fascismo en países imperialistas como Italia y Alemania. Por el contrario, lo que se manifiesta es la creciente incapacidad de la clase dirigente para gobernar en medio de sus irresolubles contradicciones políticas y económicas, mientras que la capacidad de combate, el potencial revolucionario del proletariado, no han sido destruidos. Ya a partir de la segunda mitad de los '90, una nueva y creciente radicalización comenzó a manifestarse: desde las huelgas de masas en 1995 en Francia, hasta las revueltas antiglobalización que se extendieron de Seattle a Génova, la segunda Intifada palestina, el Argentinazo, las manifestaciones de masas contra la guerra imperialista en Irak en 2003, el fracaso de la imperialista "guerra contra el terrorismo" en Irak y Afganistán, la derrota de la invasión sionista a El Líbano en 2006.
Toda América Latina se encuentra en una situación prerrevolucionaria, marcada por una serie de rebeliones, desde el Caracazo de 1989 hasta el Argentinazo de 2001, las insurrecciones en Bolivia y Ecuador en 2000/2003, y la derrota del golpe de Estado motorizado por Estados Unidos y el lock out patronal en Venezuela, en 2002. La naciente revolución no se limita a las fronteras del continente sino que se convierte un factor histórico fundamental de la actual crisis mundial. Los procesos de autonomía nacional contra el imperialismo no tienen un protagonista destacado ni en la burguesía nacional ni en los estratos superiores -civiles o militares- de la pequeño burguesía; tampoco han encontrado una expresión política adecuada para el movimiento histórico que representan. América Latina se ha convertido en el escenario de una experiencia política, única en su historia, que combina gobiernos nacionalistas militares o indigenistas, como el de Venezuela con Hugo Chávez, el de Bolivia con Evo Morales y, hasta cierto punto, el de Ecuador con Correa, y, por el otro lado, gobiernos centroizquierdistas como el de Lula en Brasil y el del Frente Amplio en Uruguay. Mientras toda clase de oportunistas se han adaptado al actual régimen chavista e incluso a los gobiernos proimperialistas de centroizquierda, los sectarios se amontonaron para condenar abstractamente ambas categorías de gobiernos, aunque manteniendo una perspectiva nacionalista (por ejemplo, el PSTU morenista de Brasil). Nuestra orientación revolucionaria, por el contrario, es la lucha contra el imperialismo yanqui y por la unidad de América Latina sobre la base del socialismo revolucionario, contrapuesto a los planteos del nacionalismo burgués y pequeñoburgués.
En Europa, particularmente en Francia, la crisis social, la creciente deslegitimación del sistema parlamentario burgués y de la izquierda burocrática oficial asociada a los gobiernos de centroizquierda, y la radicalización de las masas, han puesto en el orden del día la fundación y construcción de un nuevo partido que combata al capitalismo. En Francia, el agotamiento de la experiencia de una serie de gobiernos social-liberales del Partido Socialista (PS) y de la "izquierda plural", la crisis del desacreditado e internamente fracturado PS, el virtual colapso del Partido Comunista, han planteado a los nuevos estratos radicalizados la cuestión y la necesidad del Partido para enfrentar los nuevos desafíos. Lutte Ouvrière (LO) y la Liga Comunista Revolucionaria (LCR), las organizaciones históricas provenientes de la tradición trotskista, han llegado al punto de cerrar su círculo. La LCR abandonó sus referencias históricas al trotskismo y a la IV Internacional y lanzó una campaña por un Nuevo Partido Anticapitalista (NPA). Aunque existe una necesidad real y una demanda de un nuevo partido de combate por parte de los luchadores anticapitalistas que se vuelven hacia el NPA, el programa y las perspectivas planteadas no son una genuina alternativa revolucionaria sino un nuevo envoltorio de viejo contenido reformista, que ya ha fracasado.
La clase obrera, la juventud y todos los oprimidos en rebelión, en Francia y en todos lados, necesitan un partido de combate de nuevo tipo, capaz de abrir a las masas combativas el camino por una salida socialista a la crisis capitalista mundial.
La victoria no está predeterminada por la evolución automática de los acontecimientos; es una tarea estratégica, como Trotsky enfatizó acertadamente. La responsabilidad de la dirección revolucionaria en estas condiciones es inmensa.
La cuestión del programa de reivindicaciones transitorias, que movilice y una sistemáticamente a las masas en una lucha revolucionaria por la toma del poder es hoy más crucial que nunca. Las reivindicaciones centrales que pueden articular internacionalmente las luchas son:
Por la expropiación de los bancos sin indemnización y bajo control obrero.
Prohibición de despidos y de destrucción de puestos de trabajo; ocupación de todos los lugares de trabajo que cierren; apertura de los libros bajo control obrero; por la expropiación de las grandes empresas sin indemnización y bajo control obrero.
Por inmediato aumento de salarios, por una escala móvil de salarios y horas de trabajo. ¡Menos trabajo, trabajo para todos! ¡Salario completo para los desocupados! ¡Absoluta igualdad para trabajadores inmigrantes y nativos!
¡Abajo los gobiernos capitalistas! No a la colaboración de clases ni a la participación en la gestión de la crisis con los representantes del capital. ¡Por el poder de los trabajadores -la dictadura del proletariado- y una salida socialista a la crisis!!
¡Abajo el imperialismo, sus guerras y ocupaciones! ¡Fuera las tropas imperialistas de Irak y Afganistán! ¡Desmantelamiento de la OTAN y de todas las bases imperialistas! ¡Abajo la Unión Europea imperialista, por los Estados Unidos Socialistas de Europa! ¡Por la unidad socialista de América latina! ¡Por la República Socialista Mundial!
La IV Internacional, fundada en las vísperas de la Segunda Guerra Mundial, anticipó las líneas fundamentales de este programa, incorporando todas las experiencias históricas de la Revolución de Octubre y posteriores. Es la indispensable mediación entre todas las experiencias de confrontación entre la revolución y la contrarrevolución en el siglo XX y la nueva etapa de alzamientos revolucionarios del siglo XXI. Su refundación y la construcción de partidos revolucionarios como sus secciones son la más urgente tarea que tenemos por delante.
¡Que desagradable es ver a Bush y al primer ministro turco Erdogan sentarse cómodamente en la Oficina Oval de la Casa Blanca y complotar juntos contra los kurdos de Turquía! ¡El mismo Bush que, con los Quislings Barzani y Talabani, se presentó durante años como el protector de los kurdos oprimidos! ¡Una protección usada, de hecho, para promover los intereses de varios millones de kurdos iraquíes y darle una ayuda al estado turco en su trabajo de represión de sus propios diez millones de kurdos! ¡El mismo Erdogan que, hace un par de años, en una visita a Diyarbakir, la mayor ciudad del Kurdistan turco, evocó hipócritamente la “cuestión kurda” y juró no volver a repetir los “errores del pasado”, se está preparando ahora para una nueva incursión del ejercito turco en el norte de Irak, repitiendo las veinticuatro que ya hizo en la década del ‘90, con el objetivo de destruir al PKK, el movimiento de guerrilla kurdo!
El acuerdo entre ambas partes en la Casa Blanca parece haber pospuesto para más tarde la anticipada operación militar turca a gran escala en el norte de Irak, en el aire desde el 17 de octubre, cuando el parlamento turco aprobó la resolución que le da al gobierno poderes para lanzar operaciones en cualquier momento durante el lapso de un año, tantas veces como sea necesario, ¡verdaderamente una visa de entradas múltiples, excepto por el hecho que no está acordado por el país “visitado”! Sin embargo, esto cierra una vez más la estrecha alianza entre los Estados Unidos y Turquía contra los kurdos y prepara el terreno para la futura complicidad de los primeros en el trabajo sucio de los últimos en el Medio Oriente. Actualmente Turquía tienen tropas en Afganistán, donde ocupó puestos de comando dos veces en el pasado y está por retomar esta tarea una vez más en el futuro próximo, y en el Líbano. Probablemente Bush solicite la ayuda de Turquía en un asalto futuro de Estados Unidos a Irán y, posiblemente, un rol más visible en Irak.
Dada la alianza entre estos dos países, la actitud hipócrita del ‘establishment’ turco y de la llamada izquierda nacionalista en las últimas semanas, que atacaron a Estados Unidos como el supuesto poder detrás del PKK, pierde toda su credibilidad y es desenmascarada como lo que es: un chantaje para forzar a los Estados Unidos a dar vía a los turcos libre para encargarse de los kurdos. Turquía es desde hace muchísimo tiempo el opresor de sus kurdos y la clase obrera de todo el mundo está obligada a levantarse contra las incursiones turcas sobre Irak. Turquía también amenaza cualquier tipo de autonomía kurda en Irak por miedo a que sea contagiosa para sus propios kurdos. Parte del ‘establishment’ tiene sueños irredentos de reconquistar Kirkuk, una zona anteriormente otomana, con los ojos puestos en sus amplias reservas de petróleo. Incluso un ataque de Turquía al Kurdistán iraquí respaldado por Estados Unidos a Turquía, sería una guerra reaccionaria, ya que los dos lados son imperialistas y una guerra de este tipo simplemente llevaría a una supresión de las aspiraciones kurdas por parte de una nación que ha oprimido a los kurdos por muchos años.
Los desarrollos recientes también revelaron la bancarrota total de la izquierda liberal en Turquía, incluyendo a los partidarios de Tony Clift, quienes apoyaron al semi-islámico AKP de Erdogan, como una fuerza democrática contra los militares y las fuerzas kemalistas. Tan pronto como se llevaron a cabo las elecciones para presidente y para el parlamento, ambas ganadas por el AKP, el gobierno se pasó a una política belicista. El gobierno del AKP es hoy en día un gabinete de guerra, y la vergüenza de haber coqueteado con este gobierno echa una larga sombra sobre la mayor parte de la izquierda turca. El DTP, es decir el Herri Batasuna del movimiento kurdo, por su parte, puso sus esperanzas en el AKP de forma casi estratégica. Durante las elecciones del 22 de julio, solamente se opuso a esta política de coquetear con el AKP la sección turca del CRCI, la “Iniciativa por un Partido Revolucionario de los Trabajadores”, y algunos otros sectores se opusieron al coqueteo con el AKP.
Hoy la llamada, izquierda nacionalista ha quedado como furgón de cola del ‘establishment’ mientras que la izquierda liberal sostiene una posición exclusivamente pacifista de cara a la amenaza de una guerra del otro lado de la frontera. Esta posición pacifista fue llevada hasta su extremo ilógico por el mayor vocero do la izquierda liberal, el único diputado de izquierda independiente en el parlamento: ni bien la amenaza de una incursión turca en Irak se hizo concreta, este diputado exigió que el PKK entregue las armas. ¡Exigirle que entregue las armas a una guerrilla que está en peligro inminente de un ataque total, probablemente pase a la historia como una de las más vergonzosas capitulaciones del pacifismo!
En la atmósfera de histeria chauvinista que ha inundado a las masas de Turquía, el movimiento fascista, probablemente en unión con agentes del estado, ha estado atacando los edificios partidarios del DTP y montado pequeños intentos de linchamiento. El peligro, siempre presente en los últimos dos años, de multitudes linchando kurdos en las ciudades del oeste de Turquía, ahora se ha vuelto concreto. La clase obrera debe solidarizarse completamente con los kurdos y pelear contra las multitudes dirigidas por los fascistas, físicamente incluso, si es necesario.
Todo el desarrollo muestra que mientras más tiempo permanezcan en Medio Oriente los Estados Unidos y sus aliados europeos, más van a ser divididos los pueblos de la región, y usados unos contra los otros en una pelea sangrienta. Hasta hoy eran los shiítas contra los sunitas en Irak. Hoy son los turcos contra los kurdos. Mañana serán probablemente los turcos y los kurdos contra Irán. Turquía, Siria e Irán están entrando en el juego del imperialismo con sus políticas rabiosamente anti-kurdas. Los líderes de los kurdos en distintitos países están jugando con fuego al aliarse con Estados Unidos o al menos esperando beneficiarse de sus contradicciones con los opresores locales de los kurdos. Lo que los pueblos de la región necesitan es una política internacionalista que una a los kurdos y a los turcos, shiítas y sunitas, y todos los países que son usados unos contra otros por Estados Unidos. Sólo una Federación del Medio Oriente puede dar un marco de solución para terminar con los sangrientos problemas de la región. Esta Federación sólo puede ser puesta en pie por la clase obrera y sus aliados, es decir, sólo puede ser socialista.
· Basta de incursiones militares turca sobre el norte de Irak. Paz con los kurdos, guerra a los Estados Unidos.
· Enfrentémonos, físicamente si es necesario, contra la escalada de los ataques dirigidos por los fascistas, contra los kurdos de Turquía
· Reconocimiento de todos los derechos de los kurdos de Turquía, incluyendo la autodeterminación, a través de una solución política a la cuestión kurda.
· Fuera las tropas turcas de Afganistán. Que Turquía abandone la OTAN.
· Fuera las manos de Irán.
· Fuera todas las tropas imperialistas de Irak y de Medio Oriente.
· Por una república democrática, laica y socialista que una a los judíos y a los árabes en todo el territorio histórico de Palestina.
· Por una Federación Socialista de Medio Oriente.
El volcán del Medio Oriente está en permanente erupción produciendo nuevas guerras imperialistas y rebeliones nacionales. América Latina, el patio trasero del imperialismo yanqui, es sacudida por tremendos levantamientos, desde Venezuela y Ecuador a Argentina, Perú, Chile y México. En Europa, movilizaciones juveniles de masas sin precedentes en Francia y en Grecia, así como la elección de Sarkozy, marcan una nueva fase de grandes confrontaciones sociales. Estallan crisis de régimen en Italia, Turquía, España, Gran Bretaña y, sobre todo, Estados Unidos. Crecen rápidamente tensiones entre Rusia y Estados Unidos que recuerdan la guerra fría. Crisis fiscales, burbujas financieras y enormes desequilibrios económicos funcionan como una bomba de tiempo en la economía capitalista mundial. Cientos de millones de seres humanos en todo el planeta, tanto en las metrópolis como en la periferia, enfrentan la pauperización masiva, el desempleo, la superexplotación y el deterioro de todas las condiciones de vida. La guerra de clases está en la agenda.
El capitalismo mundial está sacudido por convulsiones que, de manera constante, quebrantan todas las relaciones entre clases y entre Estados, rompiendo todos los equilibrios sociales, políticos y económicos y produciendo re-estabilizaciones precarias y temporarias.
Los sucesos mundiales se caracterizan en el actual período sobre todo por zigzags agudos y espasmódicos.
El atolladero del imperialismo norteamericano en Irak y la recomendación del informe de la comisión bipartidaria Baker-Hamilton, a favor de un retiro en etapas del pantano iraquí, fueron respondidos por la belicosa "oleada" ("surge"), el envío de 30.000 soldados suplementarios a Bagdad -y el obvio fracaso de esta escalada para alcanzar sus objetivos.
La derrota del ejército sionista de Israel en Líbano en 2006 fue seguida por la más profunda crisis y desintegración político-moral del régimen sionista y, entonces, por nuevos intentos de destruir la causa nacional palestina por medio de brutales ataques a la dispersa población civil palestina, la aceleración de la construcción del muro del apartheid y la movilización de las fuerzas de Fatah bajo el mando de Abbas para destruir a Hamas y a la resistencia popular en Gaza, un intento que ha fracasado.
En Europa, los febriles zigzags de la situación se manifiestan sobre todo en su corazón político: en Francia. La mayor movilización juvenil después de Mayo del ‘68, la masiva movilización de febrero/marzo del 2006 contra el CPE (Contrato Primer Empleo) que obligó al gobierno derechista a retirarlo fue seguida por la victoria electoral del populista de derecha Sarkozy que prometió "terminar con el legado de Mayo del ‘68".
Esta inestabilidad general y los repentinos giros a la izquierda y a la derecha son las manifestaciones de un sistema social, el capitalismo mundial, en su declinación histórica y crisis. Sus bases materiales están minadas por la acumulación y exacerbación de todas las contradicciones del sistema del capital.
La globalización del capital financiero asociada con el proceso de la restauración en China y Rusia no abrió una salida de largo plazo a la crisis sistémica sino que creó un océano de deudas que cubren a todo el planeta, y que funcionan como verdaderas bombas de tiempo. Algunas de las innumerables burbujas del último período, una década después de la crisis asiática de 1997, por ejemplo, la mayor burbuja inmobiliaria en la historia de los Estados Unidos, ya están en proceso de estallido. En su informe anual, el Banco Internacional de Compensaciones (BIS, por su nombre en inglés), el banco de los banqueros centrales, hace sonar la alarma acerca de que "las condiciones que condujeron a la Gran Depresión de los años '30 y a las crisis asiáticas de los '90 se están reflejando en el ambiente actual" (Daily Telegraph, Londres, 26 de junio de 2007). La sobreacumulación, como lo muestra el monstruoso desarrollo del capital ficticio, se está volviendo de una bendición para los especuladores y la oligarquía financiera de parásitos burgueses en su peor pesadilla.
El eje que conecta a la China en rápido crecimiento, como el más importante centro de acumulación del capital mundial, con la sobre-endeudada economía norteamericana, que carga con el peso de grandes déficits, que funcionó en los años posteriores al shock financiero del año 2000 como la fuerza impulsora de la recuperación, ahora comienza a ser sacudido por los temblores como la caída del 27 de febrero en la Bolsa china y nuevamente más tarde el 30 de mayo de 2007.
Como la CRCI ha enfatizado con anterioridad, la infame "guerra contra el terrorismo" lanzada por el gobierno de Bush con el pretexto de los ataques del 11 de septiembre, primero contra Afganistán, luego contra Irak, y ahora con la amenaza de extenderla a más países, fue impulsada por la urgente necesidad de encontrar una salida a la crisis mundial del sistema en el caótico mundo de la posguerra fría. El imperialismo norteamericano, sobre todo, necesita rediseñar el mapa político de las zonas productoras de petróleo de Medio Oriente y Asia Central para establecer, bajo nuevos términos, su supremacía mundial contra sus rivales actuales o potenciales.
Seis años después, la campaña bélica mundial del imperialismo ha fracasado miserablemente; el tiro le salió por la culata, provocando crisis de régimen tanto en los países beligerantes como en los no beligerantes.
A pesar de los enormes sufrimientos ocasionados a la población civil por las tropas de ocupación norteamericanas, sus ‘aliados voluntarios' y sus ejércitos privados de mercenarios, el imperialismo no puede controlar efectivamente ningún área fuera (e incluso dentro) de la ‘Zona Verde' en Bagdad y en Kabul.
En Afganistán, las bárbaras acciones de las tropas de Estados Unidos y la OTAN no sólo fracasaron en detener el nuevo levantamiento de las guerrillas en el sur sino que también han desestabilizado completamente al régimen de Musharraf en Pakistán y toda la situación en el subcontinente indio.
En Irak, con la "oleada" de otros 30.000 soldados ordenada por Bush, su desesperado esfuerzo por cambiar la caótica situación en favor de los Estados Unidos no tuvo ningún resultado. Estados Unidos tiene menos control que nunca. El gobierno títere de al-Maliki existe nominalmente sólo dentro de las oficinas protegidas por Estados Unidos en Bagdad. Los insurgentes sunitas y las milicias shiítas son los actores reales en la mayor parte del país -excepto en el norte kurdo. Estados Unidos, a pesar de su gigantesca ofensiva militar, tiene que apoyarse principalmente en el respaldo de los ‘peshmergas' kurdos de Talabani y Barzani (además de los 160.000 soldados norteamericanos y los 180.000 soldados privados pagados por Estados Unidos) para sobrellevar el caos.
Esto tiene enormes efectos colaterales: ha provocado tensiones entre Ankara y Washington en la medida en que la oficialidad del ejército turco declara que se prepara para invadir el norte de Irak para atacar las bases de la guerrilla kurda del PKK. Estos preparativos bélicos precipitaron una crisis de régimen, la cual fue incubándose por un largo período, y llevaron a elecciones anticipadas, en la medida en que el ejército chocó con el gobierno islámico moderado de Erdogan.
El otro pilar en el cual se apoya la presencia imperialista norteamericana en Irak son las direcciones religiosas shiítas bajo la influencia de Teherán, usadas como un amortiguador y un arma contra la mayoritariamente secular insurgencia sunita encabezada por el Baat'h. Mientras las milicias shiítas están lejos de ser obedientes a las autoridades de ocupación y muchas veces chocaron militarmente con ellas, en este momento en que esa influencia de Teherán sobre los shiítas de Irak es más que necesaria para Washington, los neoconservadores del gobierno de Bush y del Pentágono impulsan una ofensiva militar contra Irán. El vicepresidente Cheney, el ex embajador de Bush en la ONU John Bolton, un amplio número de religiosos de derecha y el lobby sionista en los Estados Unidos, así como los halcones sionistas en Tel Aviv, están reclamando una guerra contra Irán, con el pretexto de su programa nuclear. Los mismos guerreristas ultrareaccionarios reclaman nuevas guerras contra Hezbollah en Líbano como así también contra Siria.
La impasse está acumulando condiciones para nuevas amenazas y explosiones bélicas contra todos los pueblos de la región e internacionalmente. Pero al mismo tiempo, el estancamiento de la guerra profundiza la crisis del propio régimen político norteamericano. Enciende los sentimientos antibélicos de las masas populares, como se demostró claramente en las movilizaciones de masas y en la derrota de los republicanos en las elecciones parlamentarias de noviembre del 2006. Profundiza las fracturas dentro de la clase dominante norteamericana y dentro del Estado, agudizando y extendiendo los conflictos entre el Ejecutivo, el Congreso y el Poder Judicial. La escalada de la crisis del régimen se manifiesta en el escándalo de la CIA (CIA-gate), en la escandalosa protección de las actividades criminales de Libby por el propio presidente, después de su condena en la corte, el reemplazo forzado de un número de "estrellas" neoconservadoras (Perle, Rumsfeld, Wolfowitz), el choque entre el Poder Judicial y el procurador (fiscal) general Gonzalez.
Es la peor crisis de régimen en los Estados Unidos desde la crisis de Vietnam y el Watergate. Las elecciones del 2008 y el posible retorno de los demócratas al poder no pueden resolverla en la medida en que el programa internacional del partido demócrata apoya la continuación de la ocupación de Irak, aunque en una forma disfrazada (bases militares) y mantiene el más firme apoyo al sionismo; no hay una diferencia esencial entre los dos partidos imperialistas. Las repercusiones internacionales en Medio Oriente, América Latina, Europa, Rusia y China son inmensas. Estados Unidos se ha convertido en el centro no sólo de la crisis económica mundial del capitalismo sino también de su crisis política.
La conmoción mundial encuentra hoy la forma más explosiva en el volcán del Medio Oriente. La cuestión central en la crisis del Medio Oriente es la cuestión palestina, la expulsión del pueblo palestino de sus tierras por el sionismo, la ocupación y represión, la expropiación de los derechos nacionales palestinos, incluido el derecho al retorno a sus hogares para todos los refugiados.
Los dramáticos sucesos recientes en Gaza, que marcan un decisivo giro en la situación en Palestina, en la región e internacionalmente, deben ser vistos en una perspectiva histórica para diseñar una línea estratégica para un programa alternativo para la emancipación.
El pueblo palestino ha atravesado una serie de recurrentes Nakbas -catástrofes. Primero en 1948, con el establecimiento del Estado sionista de Israel. Luego en 1967, cuando con la Guerra de los Seis Días, se completó la ocupación de la tierra palestina. El infame "proceso de paz" de Oslo impuso un falso mini-Estado de bantustans palestinos desconectados con un falso ‘consenso' de los oprimidos forzados a él por sus opresores con la complicidad y la traición de sus líderes nacionalistas en la ‘Autoridad Palestina'. El proceso fracasó y produjo la explosión de la Intifada Al Aqsa en 2000.
Las contradicciones políticas y los límites nacionalistas burgueses del movimiento nacional palestino, la corrupción de la dirección nacionalista laica de la AP, el siniestro rol de Dahlan y sus fuerzas de ‘seguridad' palestinas, cooptadas por Israel y la CIA, empujaron a las masas palestinas a buscar el tipo de alternativa planteado por el Islam político y Hamas, que triunfó en las elecciones de enero de 2006. Los recientes hechos en Gaza son el resultado directo del embargo económico genocida y del bloqueo de los territorios impuestos por Estados Unidos, la Unión Europea e Israel -que condenan a la población palestina al hambre, la miseria, la falta de servicios médicos y de otros servicios sociales, y la muerte- como un medio para derrocar el gobierno de Hamas. Gaza, particularmente, fue transformada en la prisión a cielo abierto de una población desesperada, sin trabajo, hambrienta y desposeída.
En la Segunda Guerra del Líbano en 2006, iniciada como consecuencia de la campaña norteamericana-sionista para derrocar al gobierno electo de Hamas, en la medida en que el Hezbollah libanés fue la única fuerza árabe que intervino activamente en defensa de Gaza bajo ataque, los generales sionistas activaron sus ya preparados planes para destruir a Hezbollah, como un ensayo general de una ofensiva más amplia contra Irán y Siria.
En la medida en que la guerra del Líbano llevó a una humillante derrota político-militar del sionismo, precipitó su desintegradora crisis interna. La iniciativa saudita para la formación de un gobierno de unidad palestina Hamas-Fatah colapsó, principalmente debido a la intransigencia israelí. Los gobiernos de Bush y Olmert se movieron para terminar con Hamas por medios militares, usando como ‘contras' a las tropas de Mohamed Dahlan, armadas y financiadas por los regímenes norteamericano, sionista y egipcio. Mientras Dahlan estaba en Egipto para completar la preparación para implementar el golpe planeado por los imperialistas y sionistas, Hamas realizó, en defensa propia, un contraataque preventivo. Las fuerzas de Fatah fueron derrotadas y expulsadas de Gaza con una fuerza brutal por los milicianos de Hamas.
Es una mentira propagada por el imperialismo, el sionismo y los medios árabes reaccionarios que hubo un golpe de Hamas; lo cierto es que el golpe fue diseñado por Estados Unidos. Israel, Egipto, Jordania y Abbas fueron derrotados y el imperialismo recibió un golpe.
Las brutalidades y la violenta separación de Gaza respecto de la Cisjordania controlada por Abbas son el subproducto de la política criminal de Estados Unidos, el sionismo y los imperialistas de la Unión Europea, auxiliados por sus títeres locales. Los cínicos términos de ‘Hamastan' y ‘Fatahland' intentan encubrir la estrategia imperialista de transformar la autodeterminación palestina en una auto-destrucción nacional de enclaves pulverizados.
Esta estrategia ahora intenta sacar ventaja de la división Hamas/Fatah para alcanzar sus objetivos. Los gobiernos de Bush y Olmert y la Unión Europea inmediatamente dieron su total apoyo político, financiero y militar a Abbas y su falso ‘gobierno de emergencia', mientras Gaza bajo sitio es amenazada con la muerte, por el hambre o por una nueva agresión militar. La defensa de Gaza bajo sitio ante la agresión sionista es la primera prioridad de todas las fuerzas obreras y antiimperialistas internacionalmente.
La estrategia imperialista implementada es la continuación de la original ‘hoja de ruta hacia la paz' de Bush y del ‘plan de cantonización' de Sharon. Fue presentada por el primer ministro israelí Olmert en el Congreso de los Estados Unidos en mayo de 2006, poco antes de la invasión al Líbano. Su objetivo es el establecimiento de un "Estado palestino ‘trunco' conformado por cuatro cantones desconectados, tres en Cisjordania y el restante en Gaza. Mediante la anexión de sus mayores bloques de colonias definidos por el muro, con lo cual Israel se expande hasta el 85% del país, dejando a los palestinos confinados en empobrecidos enclaves en el restante 15% de la tierra. En semejante ‘solución de dos Estados', Israel controlaría las fronteras externas e internas, el movimiento de los palestinos, el área del Gran Jerusalén, todas las fuentes de agua, el espacio aéreo, la esfera de las comunicaciones e incluso la política exterior del Estado palestino" (Jeff Halper, "Keeping a Steady Course in Apartheid", Media Monitor Network, 25 de junio de 2007).
Con la separación de estos pretendidos ‘cantones' entre el área controlada por Hamas y la Cisjordania bajo el control de Abbas/Fatah, incluso esta ‘solución de dos estados' está implosionando. Hay un ‘plan B' elaborado por las cancilleres de Estados Unidos e Israel, Condoleezza Rice y Tzipi Livni, planteado ahora, que llama a "una declaración unilateral por parte de Estados Unidos de un Estado palestino ‘provisional' sin fronteras establecidas, sin soberanía significativa y sin economía viable, comprimido entre el muro, la frontera oriental ‘demográfica' de Israel, que incorpora los bloques de colonias, y el valle del Jordán, la frontera oriental ‘de seguridad' de Israel" (Idem anterior).
La ficción de una ‘solución de dos Estados', muy promocionada por los pacifistas, stalinistas, activistas de las ONGs y centristas de todo tipo, está ahora en ruinas. Cierta gente, aplicando de una manera mecánica la experiencia de Sudáfrica, está volviendo a una versión burguesa de la ‘solución de un Estado', que no es más que una ‘democratización' del existente Estado de Israel para convertirlo en una "república democrática de todos sus ciudadanos". El sionismo no puede ser ‘des-sionizado'; debe ser derrotado. Cuanto más empeora su crisis, más antidemocrático y militarista se vuelve, amenazando no sólo a Siria e Irán sino a toda la región con nuevas ‘guerras preventivas' y el impulso hacia la ‘solución final de la cuestión palestina' mediante el escalamiento de la represión y los planes para una ‘transferencia' forzada.
Hamas no puede dar una solución alternativa. El nacionalismo religioso es una expresión tanto de la desesperación como de la desintegración del nacionalismo burgués laico. Mientras nos oponemos resueltamente a la campaña imperialista-sionista para destruir a Hamas, rechazamos la suposición de que una rama palestina de la derechista Hermandad Musulmana, inicialmente ayudada por la monarquía saudita e incluso por el Mossad contra el nacionalismo secular y la OLP, abra la vía a la emancipación nacional y social. La posición adoptada por la el SWP británico/IS Tendency es una vulgar manifestación de la capitulación oportunista de esta tendencia a la burguesía musulmana y a sus aliados electorales de la Asociación Musulmana de Gran Bretaña dominada por la Hermandad Musulmana.
Todas las falsas ‘soluciones' burguesas en Palestina representan un callejón sin salida letal para la causa palestina. La orientación estratégica y el programa de la CRCI abren la única salida. El momento de la implosión de la falacia de la ‘solución de dos Estados' es potencialmente un momento de transición de la desintegración a un nuevo ascenso revolucionario.
No debe permitirse a los escuadrones de la muerte aterrorizar y dividir a la población palestina; el pueblo palestino tiene que levantarse, ponerle un final a las divisiones sectarias y a la fragmentación, armarse bajo la supervisión de comités populares como los que funcionaron durante la Intifada de 1987. ¡Demolición del Muro y de todas las ‘regulaciones' del apartheid! ¡Inmediato retiro del ejército sionista de los territorios y desmantelamiento de las colonias! Por una lucha común del movimiento nacional palestino y los trabajadores y pobres judíos contra el enemigo común que oprime y despoja a los palestinos y condena a los judíos israelíes al empobrecimiento y a permanentes aventuras militares. Por el derecho a la autodeterminación nacional del pueblo palestino, por el derecho al retorno de todos los refugiados a sus hogares.
El sionismo se ha revelado como un bastión del imperialismo en la región, un campo de exterminio de los palestinos y una trampa mortal para los judíos, una poderosa y ponzoñosa fuerza impulsora del racismo. ¡La máquina del Estado sionista de limpieza étnica y guerra debe ser aplastada y debe establecerse una república socialista, democrática y laica en todo el territorio histórico de Palestina como un paso crucial hacia el establecimiento de una Federación Socialista de todos los pueblos libremente asociados del Medio Oriente!
La guerra en el Medio Oriente y Asia Central siempre estuvo conectada con las consideraciones estratégicas imperialistas acerca del control de los gigantescos recursos de petróleo y gas, oleoductos y redes de distribución, y junto con esto, acerca del control del vasto espacio soviético, Rusia y China en proceso de restauración capitalista. Por lo tanto, los reveses que el imperialismo ha sufrido en Irak, Afganistán y Líbano, la emergencia de Irán como un inevitable factor de poder en las guerras en Irak, Afganistán y Líbano y la restauración del aparato del Estado bajo Putin, dieron como resultado el surgimiento de nuevas rivalidades y tensiones entre Rusia y Estados Unidos que llevaron a lo que algunos comentaristas calificaron como una "nueva Guerra Fría".
Esta caracterización superficial ignora la naturaleza histórica de la Guerra Fría, el antagonismo sistémico entre el imperialismo y la Unión Soviética en la particular relación de fuerzas internacionales luego del fin de la Segunda Guerra Mundial, así como también la profundidad de la desintegración del stalinismo. El bonapartismo de Putin no representa un retorno a los tiempos soviéticos ni un renacimiento de la Unión Soviética; no es un regreso a una distorsionada forma de transición al socialismo sino otra vía al capitalismo y a la integración al mercado mundial, que sigue a la impasse y al colapso de la primera etapa de la restauración del capitalismo bajo la ‘terapia de shock' de Yeltsin en la cesación de pagos de Rusia en 1998. El régimen de Putin fue obligado a renacionalizar parcialmente el sector estratégico de la economía, en particular del sector energético, y a revitalizar algunas industrias; se benefició enormemente del astronómico aumento de los precios del petróleo en el período 2000/2006 para crear un Fondo de Estabilización para cancelar la deuda externa nacional, pagar los atrasos en las pensiones y acumular provisiones para futuros shocks financieros. El enorme crecimiento del Estado bajo la supervisión de la antigua KGB, ahora FSB, es el producto de presiones externas del capital financiero y las presiones internas de la desintegración de la vida económica y social. Pero la semi-estatización de sectores estratégicos de la economía, combinada con golpes a algunos oligarcas, no significa un retorno al período soviético anterior a 1991, incluso si las antiguas formas de gobierno de los stalinistas, incluyendo los todopoderosos servicios secretos, son usados para otros propósitos: estabilizar la economía y hacerla funcionar bajo parámetros capitalistas. Ninguna parte significativa del Fondo de Estabilización fue usado para renovar la infraestructura o los servicios sociales para el pueblo; la principal preocupación fue pagarles a los banqueros internacionales y cooperar con las demandas del ambiente financiero capitalista mundial. Combinar una economía de extracción de petróleo y materias primas con un fuerte lazo con el capital financiero internacional no es la vía hacia el socialismo, ni siquiera hacia la soberanía nacional que pretende Putin. Las desigualdades entre las regiones han crecido y sólo una elite, particularmente en la región central de la Federación alrededor de Moscú, se ha beneficiado con la recuperación económica. El régimen autoritario de Putin sigue siendo el enemigo del pueblo a ser enfrentado y derrotado por las masas. Pero esta lucha no tiene nada en común con los objetivos y conspiraciones de los oligarcas o de los liberales pro-capitalistas agrupados alrededor de Kasparov, Yavlinsky y otros. La línea divisoria no es entre los campos pro-Putin y anti-Putin sino una línea de clase a favor o en contra de la restauración. La salvación de los trabajadores y las masas populares de la devastación de la restauración capitalista y de la transformación del país en una semicolonia, proveedora de materias primas para Occidente y sirviente del capital financiero, está en el camino de la organización y movilización de la clase obrera, la juventud y todos los oprimidos para derrotar a las fuerzas restauracionistas por medios revolucionarios sobre la base de un genuino programa socialista y una perspectiva internacionalista. El futuro de Rusia y todos los países del antiguo bloque soviético (incluyendo a China) será resuelto en la lucha en la arena internacional.
Es verdad que el imperialismo, particularmente el norteamericano, está preocupado por el curso de Rusia, reforzada bajo Putin y con un papel reafirmado en la política mundial, en el Medio Oriente, en Europa, los Balcanes; sobre todo está preocupado por las incertidumbres de la reabsorción de Rusia en el mercado capitalista mundial. El imperialismo no es el enemigo de Putin sino del pueblo ruso. Este es el verdadero objetivo del nuevo sistema de misiles balísticos que el imperialismo norteamericano quiere instalar en Europa, en la República Checa y en Polonia. El objetivo no es prevenir un... ataque misilístico iraní sobre Londres, Nueva York o Washington sino la recolonización del antiguo espacio soviético y la hegemonía mundial. Los trabajadores y los movimientos contra la guerra en Europa e internacionalmente tienen que luchar contra la instalación del nuevo sistema de misiles balísticos, por el desmantelamiento de la Otan y todas sus bases militares e instalaciones que amenazan otra vez a la humanidad con el espectro de un holocausto nuclear.
Europa y su viejo, declinante capitalismo, se ha convertido en un foco de todas las presiones de la crisis capitalista mundial, de la competencia norteamericana, el teatro de un renovado conflicto entre Estados Unidos y la Rusia restauracionista, el receptor directo del impacto de las explosiones en el Medio Oriente -y la arena de una nueva etapa de masivas confrontaciones de clase. El rechazo del Tratado de la Unión Europea en los referéndums en Francia y Holanda en 2005 y los movimientos de masas de la juventud en Francia y Grecia en 2006/2007 son el relámpago antes de la tormenta.
La crisis de toda la UE está claramente expuesta en Francia. La burguesía apoyó al populista de derecha Sarkozy para llevar a la victoria electoral a la derecha, incorporando la base electoral del ultraderechista Le Pen, con un programa de guerra social contra la clase obrera y la juventud francesas así como un llamado de reagrupamiento para una guerra de clases en Europa para terminar con todas las resistencias a las políticas neoliberales que se han manifestado hasta ahora.
La fuerza impulsora detrás del ascenso de Sarkozy al poder y de su programa anti-obrero, anti-juvenil, anti-inmigrantes, anti-"Mayo del ‘68", es la declinación y crisis del capitalismo europeo y, particularmente, del capitalismo francés, que enfrenta un rápido deterioro en cada sector y una enorme deuda pública que eclipsa la de Italia.
Sarkozy pretende que es un nuevo Thatcher que marca un punto de viraje decisivo hacia una ofensiva capitalista contra los derechos de los trabajadores en Francia y en Europa. Quiere alcanzar su objetivo precipitando una serie de contra-reformas antipopulares en los primeros seis meses para derrotar las resistencias sociales de las masas. Quiere alcanzar muchos objetivos con una sola bala en su pistola. Si fracasa, el resultado puede ser desastroso para la burguesía en Francia y en Europa. La pedantería de su posición arrogante ha provocado reacciones incluso durante la batalla electoral. Cuando se anunció, entre las dos vueltas de las elecciones parlamentarias, que se implementaría un aumento del impuesto al valor agregado (VAT) del 19% al 25%, el gobernante partido derechista de Sarkozy perdió "alrededor de 60 bancas en el parlamento", de acuerdo al antiguo primer ministro derechista francés Raffarin, impidiendo una victoria electoral arrasadora. En cualquier caso, el ascenso del populista de derecha Sarkozy al poder marca una nueva fase de la escalada de confrontaciones de clase no sólo en Francia sino también en todo el continente europeo.
Para ser un nuevo Thatcher, Sarkozy tiene que chocar con la clase obrera y la juventud y derrotarlas, y superar la nueva crisis económica y fiscal que se está incubando en los principales centros de la economía mundial. Sarkozy llega luego del agotamiento del período de ofensivas iniciado por Thatcher y Reagan, que se manifestó mediante una serie de shocks financieros, fracasos de la política neoliberal para dar soluciones a la crisis sistémica, y la generalizada inestabilidad de la economía capitalista mundial actual (por las crisis políticas, las rebeliones de masas y las guerras).
La fortaleza de Sarkozy está llenando el vacío dejado por la desintegración del centroizquierdista Partido Socialista e incluso de la izquierda. Mientras que en la victoria del "No" en el referéndum sobre la UE, en la rebelión de los ghetos que rodean París y otros centros metropolitanos, en el movimiento contra el CPE, se expresó una radicalización social y un giro a la izquierda de las masas, todo el sistema político del país giró a la derecha: la UMP de Sarkozy incorporó el programa racista de la extrema derecha y el electorado de Le Pen; el Partido Socialista de Ségolène Royal llamó a la paz social, promovió un programa liberal que no se distinguía del de la derecha y se acercó a una fracción de la derecha alrededor de Bayrou que pretendía ser el ‘centro'; la mayoría de la izquierda terminó a la cola del Partido Socialista y Royal y llamó (incluso la LCR de Besancenot y Lutte Ouvrière de Laguillier) a votar por ella en la segunda vuelta.
El colapso electoral de la mayoría de la izquierda, del Partido Comunista a Lutte Ouvrière (LO), no fue la consecuencia, como se pretende, solamente de su fragmentación, de la ausencia de un candidato presidencial unitario, etc., y de su adaptación al Partido Socialista como un ‘mal menor' y como una ‘línea de resistencia' a la ofensiva de Sarkozy. LO, particularmente después de su triunfo electoral en 1995 e incluso en 2002 con más de un millón y medio de votos, manifestó un creciente conservatismo político, rechazando su propio proyecto por un nuevo partido de los trabajadores como "prematuro", expulsando a todos los que apoyaban este proyecto, rechazando cualquier lucha por la IV Internacional, permaneciendo en una miope rutina sindicalista cotidiana adaptada al ambiente nacional, a la cola, la mayor parte del tiempo, del Partido Comunista de Francia, y, más tarde, de la candidatura de Ségolène Royal en la segunda vuelta.
El relativo éxito de la candidatura independiente de Olivier Besancenot de la LCR, superando en votos al Partido Comunista y a LO, fue alcanzado porque rechazó la abierta capitulación de una fuerte tendencia en la LCR a apoyar la perspectiva de una futuro gobierno centroizquierdista de una nueva "izquierda plural" del PS, apoyado por el PC y la mayoría del movimiento anti-globalización. Una fuerte minoría de la sección francesa del Secretariado Unificado (41% en el último congreso de la LCR en junio de 2006, cuando una mayoría del 59% votó por la candidatura independiente de Besancenot) luchó abiertamente contra la candidatura independiente de su propia organización; algunos de ellos (como los partidarios de la IS Tendency y otros movimientistas dentro de la Liga) abogaron fanáticamente por la candidatura de José Bové, el sindicalista agrícola, héroe anti-globalización para los movimientistas, que defiende la "soberanía alimentaria de Francia" y llamó desde el principio a votar por Royal en la segunda vuelta.
A pesar de su éxito, el propio Besancenot hizo el mismo llamado en la tarde de la primera vuelta, mientras que su campaña electoral nunca superó programáticamente el cuadro de un reformismo democratizante, militante.
La llamada "izquierda radical" en Francia, como previamente en Italia o en Brasil, se ha convertido o tiende a convertirse en una fuerza de sostén de gobiernos de centroizquierda de colaboración de clases. En Italia, Bertinotti, previamente saludado como el líder no sólo de Refundación Comunista sino también del "no global", del "movimiento de movimientos", se ha unido junto con su partido y la mayoría de sus fracciones internas, incluidos los partidarios del Secretariado Unificado, al gobierno centroizquierdista de Prodi y le dio repetitivamente un voto de confianza, incluso cuando este gobierno renovó la presencia de o envió tropas imperialistas a Afganistán y Líbano. La "Sinistra Critica", que incorporó a la sección italiana del Secretariado Unificado en Refundación Comunista, después de votar muchas veces la "confianza" en su gobierno imperialista, sólo tardíamente tomó sus distancias, mientras todavía rechaza orientarse hacia la construcción de un nuevo partido de trabajadores independiente. Nuestros compañeros de la sección italiana de la CRCI, por el contrario, se convirtieron en el blanco de una ruin caza de brujas después de la valiente posición antiimperialista de su líder, Marco Ferrando, sobre Irak y Palestina, rompiendo con Refundación Comunista cuando entró al gobierno burgués y lanzando el movimiento para construir un partido comunista de los trabajadores independiente, el Partito Comunista dei Lavoratori (PCL).
La CRCI advirtió el año pasado: "Hay una corriente derechista de los partidos de la llamada ‘Izquierda anticapitalista europea' fusionándose con el ‘partido de la izquierda europea' que reúne a los social reformistas y a los partidos stalinistas reciclados en la Unión Europea. Estos llamados ‘partidos anticapitalistas de masas' tuvieron desde el inicio la orientación política de unir en una común organización ‘intermedia' fuerzas de origen político reformista con aquellas que provienen de una tradición revolucionaria. Ahora, en las nuevas condiciones de la polarización de clases en Europa, no hay mucho lugar para un espacio ‘intermedio' y esta orientación lleva al abandono de una posición relativamente autónoma, al acomodamiento con el reformismo y la integración al sistema político burgués, incluyendo en algunos casos como en Italia, la integración a gobiernos burgueses." (Declaración del Consejo Ejecutivo de la CRCI, 29 de agosto/3 de septiembre de 2006).
La CRCI llama a todas las organizaciones clasistas y a los luchadores de la izquierda que se oponen a la capitulación al imperialismo, al centroizquierda y a la colaboración de clases, a discutir los desafíos políticos planteados por los cambios en la situación internacional y trabajar conjuntamente con la CRCI por una Conferencia Europea para elaborar nuestras tareas revolucionarias de hoy.
Mientras la atención mundial se encuentra concentrada en las crisis y catástrofes que conmueven al Medio Oriente y al Asia Central, en el patio trasero del imperialismo yanqui se desenvuelven acontecimientos de alcance revolucionario, que suscitan un interés enorme entre los luchadores obreros y populares de todo el mundo. América Latina atraviesa, de conjunto, un período pre-revolucionario, cuyo progreso produciría una aceleración de la crisis política y un nuevo despertar popular en los Estados Unidos.
La revolución latinoamericana es un factor histórico fundamental en la presente crisis mundial.
Las características de una situación pre-revolucionaria son claras: la rebelión popular de 2001 en Argentina y un nuevo ascenso de luchas que continúa en el momento actual; varias rebeliones y dos insurrecciones de masas en Bolivia, que han modificado las relaciones históricas entre las clases y una crisis de régimen y de Estado; el levantamiento popular y la formación de la Comuna de Oaxaca, en México, así como las movilizaciones contra el fraude electoral; los continuos levantamientos populares regionales en Perú, en especial en sus zonas mineras; la intervención histórica de las masas venezolanas contra el golpe militar de abril de 2002 y contra el lock out capitalista de diciembre de 2002-febrero de 2003. El último en el pelotón, pero cada vez más importante, Chile, conmovido por la rebelión adolescente en la educación, las crecientes huelgas mineras y las manifestaciones irrefutables de un agotamiento definitivo del régimen político de la Coalición democristiana-socialista y del gobierno de Bachelet.
Como América Latina fue, en la década del '90, el campo preferido de pruebas del capital financiero internacional piloteado por el FMI, la conclusión, de alcance internacional, que emerge de esto es que la crisis capitalista conduce a rebeliones, insurrecciones y situaciones revolucionarias. A casi dos décadas de la disolución de la URSS la fuerza motriz de la crisis política mundial es, más que nunca, la declinación histórica irreversible de la organización capitalista de la sociedad.
En tales condiciones, América Latina es el escenario de una experiencia política única en su historia de una combinación de gobiernos centroizquierdistas, en un caso constituido por la izquierda histórica, como el PT de Brasil y el Frente Amplio de Uruguay, y en otros casos por esa misma izquierda integrada al nacionalismo militar o indigenista, como ocurre en Bolivia, Venezuela y, parcialmente, en Ecuador, o en el caso de Argentina, amalgamando a una parte del peronismo con la izquierda tradicional. La inmensa mayoría de estas fuerzas en el gobierno son oriundas de una misma matriz política - la que ha albergado el llamado Foro de San Pablo por casi, aproximadamente, veinte años.
La conclusión general de esta experiencia es irrefutable: la izquierda democratizante en el gobierno ha capitulado alevosamente ante el imperialismo. Tanto el PT de Brasil como el Frente Amplio de Uruguay llegaron al gobierno mediante una alianza con la burguesía en el marco de un frente popular, la cual contó con el apoyo de toda la izquierda mundial - incluida especialmente la extrema izquierda que tiene una relación folklórica con el trotskismo. Otra conclusión aún más importante es que los frentes populares no constituyen siempre gobiernos ‘débiles' que los condenarían a ser la antesala de crisis revolucionarias. Por el contrario, en la mayoría de los casos, resultan ser un instrumento eficaz para frenar las luchas obreras, desmoralizar a los trabajadores y producir un reflujo popular, en especial debido a que no hay un partido independiente o revolucionario que combata al frente popular. Más allá de su función política interna, como ocurre con Brasil, el gobierno de Lula ha sido el instrumento internacional principal del capital para combatir las tendencias a la radicalización política en países como Venezuela o Bolivia. El 17 de octubre de 2003 una comisión mediadora formada por Kirchner y Lula intervino ante las direcciones sociales y políticas bolivianas para que acepten una sucesión constitucional al derrocamiento de Sánchez de Lozada; antes, a fines de 2002, Lula había piloteado la formación del ‘grupo de países amigos' de Venezuela para obligar a una mediación entre el gobierno y la oposición gorila golpista. El reflujo del proletariado brasileño, el más importante de América Latina, ha contenido la extensión geográfica y la radicalización política del despertar actual de las masas del continente.
En este contexto, las experiencias venezolana y boliviana se destacan como una nueva tentativa del nacionalismo latinoamericano de conquistar una autonomía nacional y convertirse en el representante exclusivo de las masas oprimidas. Lo ocurrido hasta ahora deja claro, sin embargo, que tanto la experiencia bolivariana como la indigenista se encuentran históricamente por debajo de la que representaron en su momento el peronismo argentino y el MNR boliviano, o el gobierno militar peruano de Velazco Alvarado a fines de los ‘60. Las recientes nacionalizaciones de las telecomunicaciones y de la electricidad en Venezuela han sido indemnizadas a los monopolios a los precios de mercado, lo cual incluye el capital instalado y las expectativas de ganancias futuras. Aunque aun no se conocen los términos de la propuesta de nueva asociación con los monopolios internacionales del petróleo para la explotación de la cuenca del Orinoco, ellas no divergen de los que se han negociado en Rusia o en Argelia. Se trata de un acuerdo estratégico para la explotación del mercado mundial en las condiciones creadas por una descomunal elevación de los precios y por lo tanto de la renta de los hidrocarburos. En el caso de Bolivia la asociación con los pulpos petroleros no ha sido finalizada, pero en este caso los monopolios se han quedado con el derecho a registrar como propias una gran parte de las reservas y aun tienen la posibilidad de condicionar los futuros contratos que se firmen. En Venezuela se encuentra en marcha un enorme proceso de elevación de los ingresos de la mayoría empobrecida de la población, pero esto no ocurre a costa del capital, ni de la modificación de las relaciones entre el capital y el trabajo, sino por el uso de los enormes recursos fiscales. Pero el recurso a los ingresos fiscales ha creado contradicciones insalvables al proceso bolivariano, que se manifiestan en una inflación a tasas crecientes, que podría desintegrar el mecanismo social, y en una fabulosa corrupción de la burocracia chavista, tanto civil como militar. En los lugares de trabajo, mientras tanto, sigue firme la dictadura del capital sobre la fuerza de trabajo.
Observados de conjunto, los procesos de Bolivia, Venezuela y Ecuador entroncan con las experiencias de frente popular de Brasil y Uruguay en un aspecto fundamental: también en aquellos países los gobiernos de corte nacionalista procuran poner fin a las tendencias revolucionarias de las masas y obtener una estabilidad política a costa de un reflujo de los trabajadores. Es lo que ha venido ocurriendo en los dos últimos años, en Venezuela desde el referendo ratificatorio de Chávez, y en Bolivia desde la inauguración de la Asamblea Constituyente.
Como ha ocurrido con todos los movimientos nacionalistas, desde que estos existen históricamente, se empeñan en representar con exclusividad a las masas, lo que significa controlar sus organizaciones. Es lo que ocurre en Venezuela con la tentativa oficial de estatizar a la UNT y con la formación de un partido único desde el Estado. Desde la CRCI declaramos que este es el problema fundamental que enfrenta la clase obrera explotada y nos pronunciamos por la total independencia de clase de la UNT y por su derecho a convocar a elecciones libres para designar a sus cuerpos dirigentes. En cuanto al partido único, declaramos que se trata de un tentativa regimentadora y que los socialistas deben organizar un partido propio. Sobre la base de un partido y una prensa propios puede ser válido ingresar al partido único para desarrollar en su seno un trabajo de diferenciación política socialista. La CMI (Comité por una Internacional Marxista, la tendencia de Alan Woods-The Militant) y de UIT (a la cual pertenece el MST de Argentina), en cambio, han decidido ingresar al partido único en calidad de sostenedores del proceso nacionalista y del gobierno, repitiendo las nefastas experiencias stalinistas desde el Kuomintang chino de la década del '20 del siglo pasado. La propaganda que realizan estas tendencia a favor de una ‘revolución permanente' bajo la dirección de Chávez y de las fuerzas armadas de Venezuela es un insulto a la inteligencia.
La CRCI sostiene, sobre la base de la perspectiva de nuevas crisis internacionales y financieras y de las contradicciones insalvables de los actuales procesos centroizquierdistas, sean nacionalistas o fondomonetariastas, la necesidad de prepararse para nuevas convulsiones políticas y una radicalización del proceso popular, construyendo partidos obreros revolucionarios y trabajando incansablemente por el desarrollo de las organizaciones obreras y campesinas y de su independencia política. Mientras el imperialismo conspira incesantemente para revertir la etapa pre-revolucionaria actual, la CRCI advierte, a la luz de toda la experiencia histórica de América Latina, que no hay que depositar ni un gramo de confianza en la capacidad de los gobiernos nacionalistas para proteger a los pueblos de las conspiraciones imperialistas. Solamente una firme desconfianza hacia ellos desatará las iniciativas y las energías antiimperialistas de las masas, y en primer lugar la necesidad de armarse para derrotar las permanentes conspiraciones del imperialismo.
Solamente una profundización de la revolución latinoamericana puede darle a Cuba la posibilidad de salir de su impasse social. Toda la experiencia de la revolución cubana es una suma de experimentos fracasados de su burocracia gobernante, desde las zafras extremas a la liquidación del azúcar; desde la subordinación económica mecánica a la burocracia rusa a la legalización del dólar. La diferenciación social crece en Cuba sin parar; una minoría (entre ella la burocracia) va camino de resolver sus problemas sociales mientras la mayoría tiene enormes privaciones. Esta diferenciación social es el punto de apoyo de las tentativas restauracionistas. No será el apoyo de los Lula y de los Kirchner lo que pueda servir de escudo protector contra el imperialismo o el restauracionismo, ni tampoco el ALBA, que no tiene ninguna concreción práctica con excepción de algunos convenios de provisión barata de petróleo. Los acuerdos de Venezuela con el MERCOSUR han servido para grandes negociados (la compra de la deuda argentina), pero han fracasado como planteo de autonomía nacional y hoy se encuentran en completa crisis. La defensa de Cuba contra el imperialismo y como tentativa revolucionaria socialista está ligada a la alianza de los obreros y campesinos de América Latina.
La convulsión en el mundo contemporáneo, desde Venezuela y América Latina a Palestina y el Medio Oriente, desde Francia y Europa a Asia Central, Rusia y China, marca claramente una transición desde el período previo, dominado por los efectos directos del colapso de la Unión Soviética y el stalisnismo, hacia un nuevo ascenso internacional de luchas nacionales y sociales en los últimos años del siglo XX y en los primeros años del siglo XXI, a una polarización de las fuerzas sociales que avanzan hacia grandes confrontaciones históricas en todo el mundo.
En el 90º aniversario de la Revolución Socialista de Octubre, el primer acto de la revolución socialista mundial, como enfatizaron Lenin, Trotsky y los bolcheviques, el mundo entra en una nueva etapa de la revolución socialista mundial. Para llevar este nuevo levantamiento a la victoria, para completar el trabajo de transformación revolucionaria iniciado con la ruptura del eslabón más débil del imperialismo mundial en Rusia en 1917, necesitamos ahora más que nunca una Internacional revolucionaria de los trabajadores: la IV Internacional refundada.
Secretariado Internacional de la
Coordinadora por la Refundación de la IV Internacional
Estambul, 18/25 de junio de 2007