5. Europa después de las elecciones francesas
Europa y su viejo, declinante capitalismo, se ha convertido en un foco de todas las presiones de la crisis capitalista mundial, de la competencia norteamericana, el teatro de un renovado conflicto entre Estados Unidos y la Rusia restauracionista, el receptor directo del impacto de las explosiones en el Medio Oriente -y la arena de una nueva etapa de masivas confrontaciones de clase. El rechazo del Tratado de la Unión Europea en los referéndums en Francia y Holanda en 2005 y los movimientos de masas de la juventud en Francia y Grecia en 2006/2007 son el relámpago antes de la tormenta.
La crisis de toda la UE está claramente expuesta en Francia. La burguesía apoyó al populista de derecha Sarkozy para llevar a la victoria electoral a la derecha, incorporando la base electoral del ultraderechista Le Pen, con un programa de guerra social contra la clase obrera y la juventud francesas así como un llamado de reagrupamiento para una guerra de clases en Europa para terminar con todas las resistencias a las políticas neoliberales que se han manifestado hasta ahora.
La fuerza impulsora detrás del ascenso de Sarkozy al poder y de su programa anti-obrero, anti-juvenil, anti-inmigrantes, anti-"Mayo del ‘68", es la declinación y crisis del capitalismo europeo y, particularmente, del capitalismo francés, que enfrenta un rápido deterioro en cada sector y una enorme deuda pública que eclipsa la de Italia.
Sarkozy pretende que es un nuevo Thatcher que marca un punto de viraje decisivo hacia una ofensiva capitalista contra los derechos de los trabajadores en Francia y en Europa. Quiere alcanzar su objetivo precipitando una serie de contra-reformas antipopulares en los primeros seis meses para derrotar las resistencias sociales de las masas. Quiere alcanzar muchos objetivos con una sola bala en su pistola. Si fracasa, el resultado puede ser desastroso para la burguesía en Francia y en Europa. La pedantería de su posición arrogante ha provocado reacciones incluso durante la batalla electoral. Cuando se anunció, entre las dos vueltas de las elecciones parlamentarias, que se implementaría un aumento del impuesto al valor agregado (VAT) del 19% al 25%, el gobernante partido derechista de Sarkozy perdió "alrededor de 60 bancas en el parlamento", de acuerdo al antiguo primer ministro derechista francés Raffarin, impidiendo una victoria electoral arrasadora. En cualquier caso, el ascenso del populista de derecha Sarkozy al poder marca una nueva fase de la escalada de confrontaciones de clase no sólo en Francia sino también en todo el continente europeo.
Para ser un nuevo Thatcher, Sarkozy tiene que chocar con la clase obrera y la juventud y derrotarlas, y superar la nueva crisis económica y fiscal que se está incubando en los principales centros de la economía mundial. Sarkozy llega luego del agotamiento del período de ofensivas iniciado por Thatcher y Reagan, que se manifestó mediante una serie de shocks financieros, fracasos de la política neoliberal para dar soluciones a la crisis sistémica, y la generalizada inestabilidad de la economía capitalista mundial actual (por las crisis políticas, las rebeliones de masas y las guerras).
La fortaleza de Sarkozy está llenando el vacío dejado por la desintegración del centroizquierdista Partido Socialista e incluso de la izquierda. Mientras que en la victoria del "No" en el referéndum sobre la UE, en la rebelión de los ghetos que rodean París y otros centros metropolitanos, en el movimiento contra el CPE, se expresó una radicalización social y un giro a la izquierda de las masas, todo el sistema político del país giró a la derecha: la UMP de Sarkozy incorporó el programa racista de la extrema derecha y el electorado de Le Pen; el Partido Socialista de Ségolène Royal llamó a la paz social, promovió un programa liberal que no se distinguía del de la derecha y se acercó a una fracción de la derecha alrededor de Bayrou que pretendía ser el ‘centro'; la mayoría de la izquierda terminó a la cola del Partido Socialista y Royal y llamó (incluso la LCR de Besancenot y Lutte Ouvrière de Laguillier) a votar por ella en la segunda vuelta.
El colapso electoral de la mayoría de la izquierda, del Partido Comunista a Lutte Ouvrière (LO), no fue la consecuencia, como se pretende, solamente de su fragmentación, de la ausencia de un candidato presidencial unitario, etc., y de su adaptación al Partido Socialista como un ‘mal menor' y como una ‘línea de resistencia' a la ofensiva de Sarkozy. LO, particularmente después de su triunfo electoral en 1995 e incluso en 2002 con más de un millón y medio de votos, manifestó un creciente conservatismo político, rechazando su propio proyecto por un nuevo partido de los trabajadores como "prematuro", expulsando a todos los que apoyaban este proyecto, rechazando cualquier lucha por la IV Internacional, permaneciendo en una miope rutina sindicalista cotidiana adaptada al ambiente nacional, a la cola, la mayor parte del tiempo, del Partido Comunista de Francia, y, más tarde, de la candidatura de Ségolène Royal en la segunda vuelta.
El relativo éxito de la candidatura independiente de Olivier Besancenot de la LCR, superando en votos al Partido Comunista y a LO, fue alcanzado porque rechazó la abierta capitulación de una fuerte tendencia en la LCR a apoyar la perspectiva de una futuro gobierno centroizquierdista de una nueva "izquierda plural" del PS, apoyado por el PC y la mayoría del movimiento anti-globalización. Una fuerte minoría de la sección francesa del Secretariado Unificado (41% en el último congreso de la LCR en junio de 2006, cuando una mayoría del 59% votó por la candidatura independiente de Besancenot) luchó abiertamente contra la candidatura independiente de su propia organización; algunos de ellos (como los partidarios de la IS Tendency y otros movimientistas dentro de la Liga) abogaron fanáticamente por la candidatura de José Bové, el sindicalista agrícola, héroe anti-globalización para los movimientistas, que defiende la "soberanía alimentaria de Francia" y llamó desde el principio a votar por Royal en la segunda vuelta.
A pesar de su éxito, el propio Besancenot hizo el mismo llamado en la tarde de la primera vuelta, mientras que su campaña electoral nunca superó programáticamente el cuadro de un reformismo democratizante, militante.
La llamada "izquierda radical" en Francia, como previamente en Italia o en Brasil, se ha convertido o tiende a convertirse en una fuerza de sostén de gobiernos de centroizquierda de colaboración de clases. En Italia, Bertinotti, previamente saludado como el líder no sólo de Refundación Comunista sino también del "no global", del "movimiento de movimientos", se ha unido junto con su partido y la mayoría de sus fracciones internas, incluidos los partidarios del Secretariado Unificado, al gobierno centroizquierdista de Prodi y le dio repetitivamente un voto de confianza, incluso cuando este gobierno renovó la presencia de o envió tropas imperialistas a Afganistán y Líbano. La "Sinistra Critica", que incorporó a la sección italiana del Secretariado Unificado en Refundación Comunista, después de votar muchas veces la "confianza" en su gobierno imperialista, sólo tardíamente tomó sus distancias, mientras todavía rechaza orientarse hacia la construcción de un nuevo partido de trabajadores independiente. Nuestros compañeros de la sección italiana de la CRCI, por el contrario, se convirtieron en el blanco de una ruin caza de brujas después de la valiente posición antiimperialista de su líder, Marco Ferrando, sobre Irak y Palestina, rompiendo con Refundación Comunista cuando entró al gobierno burgués y lanzando el movimiento para construir un partido comunista de los trabajadores independiente, el Partito Comunista dei Lavoratori (PCL).
La CRCI advirtió el año pasado: "Hay una corriente derechista de los partidos de la llamada ‘Izquierda anticapitalista europea' fusionándose con el ‘partido de la izquierda europea' que reúne a los social reformistas y a los partidos stalinistas reciclados en la Unión Europea. Estos llamados ‘partidos anticapitalistas de masas' tuvieron desde el inicio la orientación política de unir en una común organización ‘intermedia' fuerzas de origen político reformista con aquellas que provienen de una tradición revolucionaria. Ahora, en las nuevas condiciones de la polarización de clases en Europa, no hay mucho lugar para un espacio ‘intermedio' y esta orientación lleva al abandono de una posición relativamente autónoma, al acomodamiento con el reformismo y la integración al sistema político burgués, incluyendo en algunos casos como en Italia, la integración a gobiernos burgueses." (Declaración del Consejo Ejecutivo de la CRCI, 29 de agosto/3 de septiembre de 2006).
La CRCI llama a todas las organizaciones clasistas y a los luchadores de la izquierda que se oponen a la capitulación al imperialismo, al centroizquierda y a la colaboración de clases, a discutir los desafíos políticos planteados por los cambios en la situación internacional y trabajar conjuntamente con la CRCI por una Conferencia Europea para elaborar nuestras tareas revolucionarias de hoy.
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